sábado, 15 de agosto de 2020, 12:55
Desde
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La Naturaleza y el viento (fábula)

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Miguel Adrover

La Naturaleza, al verle sentado junto a uno de los precipicios que dan al infinito le preguntó; ¿tú quien eres?, ¿por qué lloras?, ¿qué anhelas?.


Sin girar su cara envuelta por una alborotada cabellera, él lentamente habló.


Sentí en mis labios el sabor de la sangre ajena hasta que las lágrimas empañaron mis ojos desterrando de mi visión la belleza, adornando de guirnaldas rojas el horizonte, ampollas rojas cuya piel se caía como flema, sin fin ni principio.


En mi viajar, humanos con manos manchadas de sangre, parajes devastados en sangrientos conflictos, masacres de niños entre llantos de sus madres, viví el horror de la guerra fratricida entre hermanos, paseé por las praderas de la impotencia y nunca más pude conciliar el sueño.


Viví entre penumbras de oquedades por las bombas abiertas, morí y resucite en cada una de las batallas, sentí el dolor desgarrado de los hermanos.


Y hoy quiero morir para renacer, sentir el llanto fresco de la mañana, sentir como estalla mi pecho el olor de primaveras recién nacidas.


No quiero trasportar más muerte no quiero pasear más ataúdes, decididamente reniego a convertirme en sepulturero de una humanidad agonizante que muere matando, que no sabe vivir viviendo.


Soy el viento.



Entonces la Naturaleza le reconoció, se acercó a él y le abrazó, a lo lejos, un pájaro cantó, una mariposa alzó el vuelo, una margarita soltó su polen, y una madre gritó mientras alumbraba a su primogénito, que después lloró.


La naturaleza, con sus ojos azules de mar y su cabellera verde selva le cogió la mano, y de nuevo habló; “Mientras tengas la posibilidad de trasportar el sonido del canto del pájaro, mientras puedas levantar la mariposa para que vuele más allá de la fuerza de sus alas, mientras contribuyas a que las flores puedan poblar los campos, y mientras puedas participar en el milagro de un nacimiento, no lo dudes, tu lugar es este y tus anhelos se verán siempre reconfortados más allá de tus sufrimientos. Y tuya será la labor de transportar de un lado al otro del mundo a nuestra hermana, la Esperanza.”

Mientras se alejaba, vio de reojo que a pesar de seguir sentado, le había cambiado la expresión del rostro y su cabellera se mostraba más apaciguada que cuando había llegado ella.




Autor y fotos: Miguel Adrover

Director de El Monárquico














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