domingo, 9 de agosto de 2020, 10:17
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El Rey lo dejó diáfano; lo merecemos, lo necesitamos y lo exigimos

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    Su Majestad el Rey durante su intervención en la entrega de Premios Princesa de Asturias




Miguel Adrover

“España tiene que hacer frente a un inaceptable intento de secesión en una parte de su territorio nacional, y lo resolverá por medio de sus legítimas instituciones democráticas, dentro del respeto a nuestra Constitución y ateniéndose a los valores y principios de la democracia parlamentaria en la que vivimos desde hace ya 39 años”.


“La España del siglo XXI, de la que Cataluña es y será una parte esencial, debe basarse en una suma leal y solidaria de esfuerzos, de sentimientos, de afectos y de proyectos. Una suma que siga alimentando nuestra vocación universal, nuestro legítimo orgullo de pertenecer a la gran realidad democrática que es Europa”.


“Y en estos tiempos duros y difíciles que vivimos, es necesario más que nunca reivindicar los principios democráticos en los que creemos y en los que se sustenta nuestra vida en común. Son tiempos para la responsabilidad. Nuestros ciudadanos lo merecen, lo necesitan y lo exigen. Unos ciudadanos que desean convivir y progresar en paz y que diariamente ofrecen un ejemplo de sacrificio, entrega y compromiso con su país”.


Estas son las palabras pronunciadas por S. M. el Rey durante el discurso realizado el pasado viernes en ocasión de la entrega de los Premios Princesa de Asturias. Quién no quiera entender que no entienda, pero creo que más claro no puede decirse, más alto quizá sí, pero más claro no.


Aprovecho dichas palabras pronunciadas por Su Majestad como inicio de este artículo, ya que creo que en ellas se encierra el sentir de la inmensa mayoría de españoles, una inmensa mayoría que lo que más deseamos, es que la cordura impere de nuevo en nuestro país. Un país multicultural, multilingüe, socialmente cohesionado, democrático y pacífico. Un país en el cual todos tenemos cabida y en el que todos sumamos.


Una vez más, defiendo desde aquí la unidad de nuestro país, un país en el coexistimos ciudadanos de diferentes autonomías y regiones, y en cada una de ellas se conserva la identidad histórica, cultural, popular e idiomática, lo que nos engrandece todavía más.


Pero, mientras no se cambié nuestra carta magna en vigor, todo ello está englobado bajo el manto legal del artículo 2 de nuestra Constitución; La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.


Creo que es una redundancia recordar hoy, aunque me atreveré a ello, que nuestra Constitución, de la que parece solo se recuerda durante estos días el artículo 155, tiene establecidos los derechos y obligaciones de los ciudadanos y entes públicos, como muy bien detalla el apartado 1º del artículo 9; Los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico.


Y si este punto, parece haber quedado en el olvido en la memoria de alguno de los políticos que hoy en día mantienen en un brete a nuestra nación, más grave  todavía es haber olvidado, u obviado intencionadamente, el apartado 2º del mismo artículo 9; Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.


En este punto vuelvo a las palabras del Rey, “Nuestros ciudadanos lo merecen, lo necesitan y lo exigen”. Es verdad. Somos millones los españoles que tenemos claro que merecemos, necesitamos y exigimos que se frene esta barbaridad, y que se reinvierta la espiral de fractura social que vivimos en la actualidad, y al que se ha llegado después de los actos ilegítimos que se vivieron en el Parlamento de Cataluña los días 6 y 7 de septiembre, cuando en un sin sentido y pisoteando los derechos de millones de ciudadanos de Cataluña, y de diferentes fuerzas políticas del mismo Parlamento, se aprobó la Ley del Referéndum anulada inmediatamente después por el Tribunal Constitucional.


Y es por ello que somos millones, los que nos unimos a las palabras del Rey exigiendo la vuelta a la cordura, a la legalidad, y que, desde los estamentos políticos legales de ambas partes, se frene este pulso entre el Gobierno de una Comunidad tan importante para España como es Cataluña, y el Gobierno Central, apoyado por la mayoría parlamentaria de nuestro país, que está causando una fractura y un enfrentamiento social al que nunca se debería haber llegado.


Nunca ha sido buena idea apagar un incendio usando gasolina, y según mi parecer, durante estas últimas semanas, desde diferentes entidades y colectivos, se ha usado demasiada gasolina en este incendio. Y motivos para darse cuenta de ellos ha habido; Se ha actuado constantemente fuera del amparo de la ley y de la legalidad, se han usado unas calles, que todos reclaman como suyas, para frecuentes demostraciones de músculo social e ideológico, se instalaron unas urnas ilegales para escenificar un acto de libertad democrática dentro de una democracia que habían secuestrado anteriormente, seguido de un recuento de votos sin garantías, recuento fantasma y del que nadie tiene unos datos fiables. Ese mismo día se realizaron cargas policiales que deberían haberse evitado, y después se ha hostigado a los cuerpos de seguridad hasta extremos insospechados hasta el momento.


Y por si todos estas antecedentes no fueran suficientes, dentro de la ilegalidad en la que se mueve actualmente, el Parlamento de Cataluña sigue con un pulso secesionista que ha provocado durante las últimas semanas que el tejido industrial de la Comunidad Autónoma se esté resquebrajando, con una fuga de empresas jamás vista, y con una pérdida de poder económico difícil de digerir para una economía que todavía está saliendo de una gran crisis.


Es por ello, y a pesar de que es difícil que nuestras voces sean escuchadas, desde nuestra línea editorial, y para evitar que siga aumentando la fractura política y social entre Cataluña y España, entre España y Cataluña, solicitamos una vez más que impere la cordura, la política de estado, la política de país, que se tenga alza de miras y que, por una vez, se tenga en cuenta a los ciudadanos, pero a todos los ciudadanos, ya que, los políticos que nos representan, tanto en el Parlamento Catalán como en el de España, deben ser conscientes de que el cargo que ocupan, aunque lo olviden, les obliga a ello. 



Miguel Adrover

Director de El Monárquico





















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