sábado, 15 de agosto de 2020, 12:22
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Europa después del Brexit

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Miguel Adrover

En Europa se creó un problema el día que David Cameron, el entonces dirigente de Inglaterra, retó a un pulso a los ciudadanos de Gran Bretaña, intentando manipular a la sociedad para poder seguir en el poder. Fue entonces cuando se dio cuenta que no se puede jugar con gasolina sobre una hoguera ardiendo, y las consecuencias de su referéndum fueron que se le fue de las manos, donde opinaba que ganaría con holgura, perdió con dolor.


Pero claro, las consecuencias imprevisibles de aquel referéndum nos llegan ahora, vienen nuevas elecciones en el corazón de Europa, Francia, Alemania entre otros órganos vitales. Y el gran problema que puede representar para el resto de Europa el Brexit es que fácilmente puede servir como acelerador de las llamas para la hoguera de las pasiones populistas, y esta hoguera siempre cuenta con abanderados nacionalistas irresponsables avivando las llamas.


Incluso el nuevo mandatario americano Donald Trump, ha expresado su apoyo al Brexit, y es que el Brexit, sencillamente sigue una de las premisas de su candidatura, la promesa de “recuperar de nuevo tu país para tu gente”.


Entre todos los dirigentes europeos todavía no hay un acuerdo claro, siguen mirándose el ombligo mientras Inglaterra sigue moviendo los engranajes de la desconexión, todavía nadie sabe a ciencia cierta en qué medida se romperá Europa y las consecuencias de ese proceso.


Sin embargo, es razonable pensar que los partidos populistas y los movimientos de independencia en Europa, ahora tras la victoria del referéndum en Gran Bretaña, la incapacidad de reacción del resto de la UE, y la victoria de Trump en EEUU, se sientan fortalecidos por el movimiento de desvinculación de los ingleses de la Europa con la que llevaban 43 años conviviendo.


Las consecuencias directas de esta situación es que el papel de Europa en el gran escenario internacional está bajo amenaza, los problemas internos se acumulan, las crisis se amontonan, entre ellas la de los refugiados en la que no hay consenso, el libre comercio, el acuerdo de Schengen que debía eliminar las fronteras y que hoy en día vuelve a ser discutido. Seguir jugando con fuego en este tema tan crucial para nuestro continente puede volver a darnos sorpresas, y probablemente el resultado no sea el que más nos gustaría, ya que puede muy bien conducir a la desintegración sistemática de la Unión Europea.


No es querer poner la tirita antes de la herida, pero como no seamos capaces de reaccionar ante esta nueva situación internacional, probablemente la vieja Europa, el día menos pensado, se encuentre ya en el velatorio de su propio cadáver, a menos que sus actuales líderes lleven a cabo y con urgencia una autoevaluación masiva, que vuelvan a demostrar que una gran Unión Europea es necesaria en el mundo actual, que es primordial que actúen a favor de defender los intereses de sus ciudadanos, que luchen para devolver la confianza, tanto económica, como laboran y de beneficio social a todos los países englobados bajo la misma bandera europea.


No pueden dejar pasar más oportunidades, es el momento de averiguar, sin remordimientos y con el expreso deseo de cambiar, lo que han hecho –o no hecho– para perder la confianza de sus ciudadanos y elaborar un plan a nivel de los estados miembros. Pero ese plan además de elaborarlo hay que llevarlo a cabo. Hay que ponerlo en marcha, y nosotros, los ciudadanos, tenemos que poder ver, que poder sentir, que poder vivir que permanecer bajo el mismo techo nos compensa, que nos unen más cosas que no nos separan, y que Europa es un gran continente, y una unión de países, capaz y capaces, de reinventarse constantemente.



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Autor: Miguel Adrover Caldentey

Director de El Monárquico




















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