sábado, 6 de junio de 2020, 13:12
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Melchor Delmonte

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Melchor Belmonte



PericoColombs 3 1

Corría el mes de septiembre del año 1.931. El Coliseo Balear celebraba su tercera campaña, a lo largo de la misma ya se habían celebrado tres corridas de toros y una novillada picada.


Para el día 20 del referido mes de septiembre, se anunció otra, que sería el último festejo formal de la temporada, y este sería a beneficio e los obreros sin trabajo.


Para el evento se habían elegido seis novillos de Clairac, para Melchor Delmonte, Quinito Caldentey y Eduardo Vítor, que hacía su debut con caballos.


Melchor Delmonte (Palma de Mallorca 1898-1970), había actuado hacía poco en otra de las plazas mallorquinas de referencia, la de Inca, en el festejo patronal de la ciudad, pese haber sufrido una grave cogida, su recuperación había permitido mantener su plante en el cartel.


Hasta aquel momento solo dos espadas habían ingresado en la enfermería de la nueva plaza de Palma y por suerte, ningún parte facultativo había tenido el final de "pronóstico reservado".


El primer burel de la tarde, cuya lidia había tocado en suerte "Avellano" de nombre, negro zaíno, marcado con el número 281, en la primera parte de su faena, en uno de los desplantes hirió al joven torero y la novillada se convirtió en un mano a mano. Este fue uno de los percances serios que sufriera a lo largo de su carrera Melchor Delmonte,comparable con el que sufrió en 1927 en Gerona, y que le ocasiono un novillo portugués de Palha, siendo estos los dos más dolorosos tributos en sus años de lidiador.


El torero palmesano tardó en curar, pero la temporada 1932 se inauguró con la misma terna con reses de Villamarta, que había de ser el último peldaño antes de llegar a la alternativa que tuvo lugar en Palma, el primer domingo de julio con toros de Miura, exactamente el día 3 de julio de 1932, coincidiendo con la primera alternativa que se daba en la nueva plaza y esta iba a parar a manos del primer mallorquín que conseguía los hasta entonces imposible: doctorarse en tauromaquia. 


La alternativa se la dio Luís Fuentes Bejarano, quien le cedió el primer toro de la corrida de Miura, de nombre "Prendero", negro mulato, marcado a fuego con el número 101, en presencia de Manolo Martínez. 


El mallorquín vistió para la ocasión de la histórica efeméride, un vestido esmeralda y oro. Fue muy aplaudido con la capa y especialmente, en banderillas –sin duda su fuerte-, adornándose en las cortas como purillos de tabaco, siendo cogido al entrar a matar al astado de Miura, lo que le impidió continuar la lidia. Pero la proeza ya estaba servida: Delmonte, un mallorquín, se había convertido en matador de toros. 



Autor: Perico Colombás

Periodista y crítico taurino



















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