domingo, 7 de junio de 2020, 11:43
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A propósito del acoso escolar...

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Miguel Adrover

Este es un mundo en el que los niños y los adolescentes crecen rodeados de violencia. Las series de TV, las películas de cine, los videojuegos. En las portadas de los periódicos a diario vienen noticias de atentados, de guerras, de peleas, de violencia en general.


Demasiadas veces, los padres desconocemos a que juegan, en que se entretienen, o a que dedican su tiempo nuestros hijos. Horas delante del televisor, horas conectados a internet, horas con el móvil o los videojuegos. Pero, ¿sabemos exactamente que hacen, que miran, que comunican?.


Los últimos casos denunciados en Sevilla, o anteriormente en Mallorca han activado las alarmas en la sociedad, ¿Qué pasa en los patios de los colegios donde se educa a nuestros hijos? ¿Quién controla la seguridad de nuestros niños?

En nuestros recuerdos todos tenemos a algún compañero de estudios que fue temido, el típico matón de la clase, el que siempre disfrutaba viendo sufrir a los demás, el que siempre buscaba al más débil para convertirlo en el blanco de sus befas, de sus abusos.


Pero ahora, por los últimos casos denunciados, la cosa se nos va de las manos. Niños pequeños hospitalizados por las palizas de algunos compañeros de colegio. Algo falla en esta sociedad.


El acoso escolar produce en el acosado una herida que se arrastra durante toda la vida y que deja una cicatriz que queda más o menos cerrada, pero nunca cicatriza del todo. En absoluto puede ser valorado como “cosas de chavales”.


El acoso escolar(también conocido como hostigamiento escolar,maltrato escolar o en inglés "bullying" es cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado tanto en el aula, como a través de las redes sociales, en ese caso conoció con el nombre específico de ciberacoso.



Estadísticamente, el tipo de violencia dominante es el emocional y se da mayoritariamente en el aula y patio de los centros escolares.


El acoso escolar es una especie de tortura, metódica y sistemática, en la que el agresor sume a la víctima, a menudo con el silencio, la indiferencia o la complicidad de otros compañeros.


Este tipo de violencia escolar se caracteriza, por tanto, por una reiteración encaminada a conseguir la intimidación de la víctima, implicando un abuso de poder en tanto que es ejercida por un agresor más fuerte. El sujeto maltratado queda, así, expuesto física y emocionalmente ante el sujeto maltratador, generándose como consecuencia una serie de secuelas psicológicas.


Es común que el niño acosado viva aterrorizado con la idea de asistir a la escuela y que se muestre muy nervioso, triste y solitario en su vida cotidiana.


Nosotros los padres, y sobre todo, el personal educativo y los otros adultos que se preocupan sobre el problema deberíamos saber ver, saber identificar cuando un niño o adolescente sufre abusos o malos tratos en la escuela. Además, y quizá lo más importante es que tenemos y tienen un rol que desempeñar en la prevención del acoso.


Entre todos debemos;


Ayudar a los niños a comprender qué es el acoso. Explicarles qué es el y cómo enfrentarlo de manera segura. Decirles a los niños que el acoso escolar es inaceptable. Asegurarse de que sepan cómo recibir ayuda.


Mantener abiertas las líneas de comunicación. Hablar con los niños de forma regular. Escucharlos. Conocer a sus amigos, preguntarles sobre la escuela y comprender sus preocupaciones.


Instar a los niños a hacer lo que aman. Las actividades, intereses y pasatiempos especiales pueden fortalecer la confianza, ayudar a los niños a hacer amigos y protegerlos de situaciones de acoso.


Dar el ejemplo de cómo tratar a otros con amabilidad y respeto.


Los niños que saben qué es el acoso pueden identificarlo con más claridad. Pueden hablar del acoso escolar si les sucede a ellos o a otros. Los niños necesitan conocer maneras de enfrentar de forma segura el acoso y cómo recibir ayuda.


Entre todos podemos hacer que la educación de nuestros hijos sea más segura. Con ello conseguiremos una sociedad mejor.






Por Miguel Adrover Caldentey

Director de El Monárquico 












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