sábado, 6 de junio de 2020, 14:27
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Explosión del polvorín de la Armada de Cádiz. La Carraca 1847

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El día 18 de Agosto de 1947, a las diez menos cuarto de la noche, una tremenda explosión quebró el silencio y acalló la alegría de Cádiz.


Habían estallado alrededor de 200 toneladas de TNT (trinitrotolueno) en La Carraca, un polvorín de la Armada en Cádiz que se encontraba situado entre Cortadura y las propias murallas de Cádiz. En dicho polvorín se almacenaban alrededor de 1600 artefactos explosivos, la mayor parte de ellos eran minas marinas, torpedos y cargas de profundidad procedentes de la Guerra Civil Española (en su mayoría) y otras de la Segunda Guerra Mundial.


Explosionaron casi todas por” simpatía “(explosión debida a la proximidad y al efecto de la onda expansiva de otro explosivo). De los más de 1600 artefactos estallaron más de 1100, únicamente quedaron sin detonar 491 cargas que no se activaron.


Estos artefactos habían llegado a Cádiz en el año 1943, procedentes de Cartagena, procediéndose posteriormente a almacenarlas en la Base de Defensas Submarinas de la Armada en dos almacenes muy cercanos entre si.


Durante su traslado ya pudo comprobarse que muchas de ellas presentaban deterioros externos como oxidación y pérdida de material explosivo. Aunque lo más preocupante era que alguno de estos explosivos de alta potencia ya habían iniciado la “exudación”. (Los explosivos con base de Nitroglicerina, con el paso del tiempo y debido al calor, desprenden una sustancia oleaginosa y de aspecto transparente o amarillento, que con una simple chispa o aumento de temperatura puede provocar la inflamación y detonación de los mismos).


Esta es la mayor catástrofe que se recuerda desde el maremoto ocurrido en el año 1755, basta decir que la magnitud de la explosión fue tal que la llamarada de la explosión se pudo ver desde el acuartelamiento militar situado en el monte Hacho de Ceuta, el hongo de polvo era visible desde toda la bahía de Cádiz, Huelva y algunos de los pueblos de Sevilla más cercanos. El ruido que provoco la tremenda explosión fue escuchado en Sevilla e incluso en Portugal, que al igual que en muchos otros lugares pensaron que había sido provocado por un terremoto.


La onda expansiva destruyó la barriada de España, el barrio de San Severiano, las casas de Bahía Blanca, la Casa Cuna del Niño de Jesús, el Sanatorio Madre de Dios, el campo de la Mirandilla, los cuarteles y los astilleros de Echevarrieta y Larrinaga en los que se produjeron explosiones menores.


El Centro Histórico no sufrió grandes daños gracias a las murallas que al poseer en la época un solo vano actuaron a modo de “merlón” (terraplén que se sitúa a ambos lados de un polvorín para derivar la onda expansiva para arriba). El vapor Plus Ultra, que se encontraba aproximadamente a una milla marina del puerto, recibió daños debido a la metralla que impactó contra su popa.


En un principio y debido al desconcierto se pensó que el origen de la explosión provenía de la carga de pólvora que transportaba el guardacostas Finisterre, comprobándose que estaba intacto, también se corrió la voz por la zona de la Carraca que lo que había explosionado era el Crucero Méndez Núñez, lo cual tampoco se ajustaba a la realidad.


En un primer momento se enviaron fuerzas del Tercio Sur de Infantería de Marina, procedentes de la ciudad cercana de San Fernando, también actuaron unidades de Infantería y de Ingenieros del Ejército de Tierra y entre los que se encontraba un joven soldado llamado Francisco Mata Roig, y personal de la Guardia Civil de la demarcación.


La misión de estas unidades era la de rescatar a los heridos, trasladarlos a hospitales y puestos de socorro, recuperar cadáveres, y posteriormente proceder al desescombro, así como la extinción de incendios y evitar el posible saqueo de las propiedades. Mi padre, el soldado de Ingenieros Francisco Mata, me comentaba a título de anécdota y salvando lo cruento de las escenas que tuvo que presenciar, lo que le sorprendió encontrar entre los escombros una jaula de un canario totalmente aplastada por la onda expansiva, teniendo en cuenta la poca superficie que ofrecen los alambres de la jaula.


Mientras se estaba actuando en ese sentido se corrió la voz que probablemente el polvorín que no había explosionado corría peligro de hacerlo, a lo cual el Teniente de Infantería de Marina, Francisco Aragón Ruíz se personó en el polvorín, y para tranquilizar a la tropa temerosa de una segunda explosión con mucha sangre fría y con ninguna sensatez se sentó sobre una mina marina y se encendió un cigarrillo rascando un fósforo sobre la propia mina. Viendo que no ocurría nada la tropa se animó a continuar con su labor.


Por otro lado, la actuación que si fue arriesgada y casi heroica fue la del Capitán de Corbeta, Pascual Pery Junquera, que con un pequeño grupo de marineros y arriesgando sus propias vidas, consiguieron extinguir el incendio declarado en el Almacén de Minas Nº 2 usando para ello únicamente los propios escombros producidos por la explosión.


Las informaciones que se tienen sobre las víctimas son variadas pues se habla de 150 fallecidos y de entre 2000 y 5000 heridos, lo cual es un margen descomunal, lo cual da a entender que quizás se minimizaron los daños, sobre todo el de pérdida de vidas humanas, para no alarmar a la población que se recuperaba de una reciente contienda civil.

                                                                                  


PortadadiariodecadizSon varias las teorías relativas a la causa de la explosión, se llegó a hablar de un atentado contra el Gobierno de Franco, lo cual nunca se pudo demostrar. Se comentó la posibilidad de la deflagración de Nitrocelulosa lo cual es muy poco probable, pues es una sustancia que se emplea como carga de proyección únicamente en Artillería y cartuchería de armas ligeras y nunca en minas ni torpedos.


Por otro lado tenemos que decir que cualquier artefacto explosivo costa de cuatro elementos básicos como son: La espoleta, el detonador o cebo, el multiplicador, y la propia carga explosiva.


La normativa vigente en la actualidad y reglamentaria en esa época es que está prohibido almacenar artefactos explosivos activados, es decir con la espoleta y el multiplicador instalado en el mismo, con lo cual la explosión es imposible a menos que exista deterioro del explosivo o exudación.


La mayor parte de los explosivos rompedores con el paso del tiempo se mantienen estables, en cambio los explosivos iniciadores y detonadores se vuelven inestables con el paso del tiempo.


Concluyendo y a modo de análisis personal, en esta tragedia no descarto un fallo humano, ni que algunos artefactos portasen la espoleta, pero considero que lo más probable es que la explosión fuera motivada en base al deterioro de un explosivo iniciador o exudación de la carga de nitroglicerina.



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Autor: Francisco Mata Morro



Comandante de Artillería.















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