viernes, 5 de junio de 2020, 09:24
Desde
Desde
Doña Marifé Miguel García, 2º Premio de Relato Corto

-Teresa- 2º Premio de Relato Corto, I Certamen Internacional Rey Felipe VI

|

Marifé Miguel García

                                                   - TERESA -


¿Y de cuántas cosas más me permitirá esta vida ser testigo?



La abuela Teresa se hacía esta pregunta cada vez con más frecuencia. Se asombraba y agradecía cada regalo que la vida le hacía a diario, el aliento vivaz que ilusionaba cada uno de sus días, la salud y la lucidez pese a su colmada carga de años, la luz de cada amanecer cuando el sol despertaba un día más y entregaba su más preciado don, su luz y su calor. Así recibía la abuela Teresa cada nueva jornada, con calor de vida y con claridad en su mente despierta. Dentro de poco sería su cumpleaños, hacía dos años había supuesto todo un acontecimiento, sus vecinos le habían rendido un cariñoso homenaje e incluso la prensa había acudido a recoger tan memorable momento, cien años no es algo a lo que todos los seres humanos tengan la fortuna de aspirar. Le habían hecho las mismas preguntas que ella había escuchado tantas veces. Sonreía con ternura cuando escuchaba las ansiosas palabras que buscaban el elixir de la vida y lograr como ella, alcanzar tan longeva edad. Sin embargo, no existía la tan anhelada respuesta, simplemente el libro de su vida era de los largos, aún le quedaban páginas por escribir aunque lo que tuviera que decir fuese ya bien conocido. Tantas cosas se agolpaban en su mente que a veces daba la callada por respuesta, porque necesitaría todo el papel de uno de aquellos periódicos que rara vez leía, para contar la que había sido su vida. La abuela Teresa no leía no porque no quisiera, sino porque a su pequeño pueblo castellano la prensa llegaba mal; difícil de creer pero cierto que en plena época tecnológica, un gesto tan habitual y repetido en las ciudades, fuese allí una excepción, por ese motivo su buen vecino Pedro recorría con su bicicleta los ocho kilómetros de ida y ocho de vuelta para hacerse con él en el pueblo vecino, más grande y mejor surtido. Pero ella ya no podía montar en bicicleta y conducir...! Nadie supo nunca de su secreto deseo de lograr el permiso, de manejar un vehículo como había visto hacer a su padre y de sentir la libertad de viajar y moverse por el mundo, pero se había equivocado de época al nacer o la época se había adelantado a ella. Cuando se daba cuenta de lo mucho que se le había escapado por haber nacido tan pronto se entristecía, cuando recordaba su vida lamentaba no haber podido dar más de si, hacer algo por y para ella misma, haber conseguido ser quien siempre deseó y no quien debía, quien se esperaba que fuese, el sostén y cimiento de una familia a costa de su propia y única existencia. "¿Qué vida ha llevado usted abuela Teresa que le ha permitido alcanzar un siglo? " sonreía de nuevo con dulzura ante la ingenua pregunta...


¿Qué vida...? Hija mía, si te contara mi vida y lo que he pasado para llegar a esta edad, tal vez desearías que la tuya fuese más corta. Una vida larga no es sinónimo de una vida buena, una vida larga no es sinónimo tampoco de una vida feliz. A estas alturas, sin embargo ya se tornan difusos los conceptos de felicidad, dicha, prosperidad. Hoy mi riqueza es lo que estoy haciendo ahora, claridad para seguir pensando, a la sombra de mi viejo roble , bajo su cobijo cálido en otoño, fresco en verano. Mi corta pero suficiente movilidad para no perder mi independencia, mi escasa pero suficiente vista para poder ver las bellezas de este mundo y dejar que ellas endulcen mi ánimo y mi historia dolorida. Y dar gracias a esa fuerza dentro que no sé de donde procede pero que a mis 102 años aún es capaz de llenarme de ilusión cada mañana, como si la vida de una joven bella se fuera a llenar de las mieles del amor y de la felicidad en la tierra. Dicen que algunas personas son completamente felices en este mundo, dicen que algunos logran morirse habiendo conocido la felicidad absoluta. Yo no estaré entre ellos, pero al menos me iré, creo, serena y feliz, con una esperanza ilógica pero real de que todo no se termina aquí y que debe haber otra oportunidad. He vivido demasiados años, pensado y visto en exceso para saber y sentir que aquí en esta tierra nada es simple y muy poco lo que parece.


Maravillosos estos días de verano que anochece tan tarde, las diez y aún hay luz en el cielo. Creo que me he quedado algo dormida, últimamente noto que duermo más... No sé si quiero o no, Creo que no, aunque debe ser para compensar todas aquellas noches en vela, tantos sueños sobresaltados pendiente de un hijo o de otro, muchos hijos son muchos quebrantos y preocupaciones, bocas que alimentar en tiempos difíciles.... Y mi adorable jovencita me preguntaba por mi vida. No siento que hayamos cambiado de siglo, a veces me parece que yo nací en otro milenio. En casa de mis padres, nos alumbrábamos con candil, era grande pero humilde, pocos lujos y mucha rectitud, mucho respeto, mucha voluntad y espíritu de sacrificio. Ese podía con cualquier contratiempo o dificultad.


Un ruido en la puerta la sacó de sus pensamientos, alguien llamaba a la puerta grande de madera, allí solo asomaban los que conocían bien la casa, pues sabían que la dueña y antes tanta algarabía de habitantes de aquel hogar se recogían en aquel pequeño pero íntimo y acogedor patio. Quien fuera tendría que esperar, había escuchado los golpes porque su oído funcionaba muy bien pero la distancia era larga. Abandonó la sombra del viejo roble, tan marcado y curtido como ella, y acudió a la llamada. Hay cosas que no cambiarían, al menos mientras ella viviese, la sólida puerta de madera aún se fijaba al cierre mediante un enorme clavo de hierro que atravesaba el marco y a la puerta misma, aquel clavo inmenso y pesado que su abuelo había forjado, el herrero, el respetado y sabio conocedor del secreto de la fundición, del metal, la tradición venía de antiguo. Lástima que esa como tantas costumbres y oficios habían desaparecido por completo en la zona y sus alrededores. El sencillo y corto movimiento de agarrar el clavo, deslizarlo por su recorrido y tirar de la puerta había sido tiempo suficiente para pensar en todo ello y para darse cuenta de cómo aquel tradicional mundo que ella había conocido tan bien, había desaparecido por completo... qué velocidad puede alcanzar un pensamiento, a qué velocidad transcurren los años. Pareciera un chasquido de dedos y en esa chispa se puede concentrar toda una vida. Y la reflexión dio paso a una sonrisa abierta, franca y sin dientes... la de su vecino Pedro.


Algunos días a última hora de la tarde se acercaba a su puerta


"Teresa, tengo el periódico, es de ayer... ¿Lo quieres?"


"Pues claro, Pedro, el mundo no habrá cambiado en unas horas, gracias."


El pretexto era el momento de entrar, juntar dos sillas más viejas aún que ellos dos juntos, deshilachado el asiento de tanto trajín y comenzar una conversación interminable sobre cualquier cosa. Tenían el don de la palabra y de la ilusión, de arreglar el mundo desde una pequeña sala de paredes de adobe y sillones de paja. Dos mentes lúcidas y sensatas, serenas ya por el paso de los años y las experiencias vividas, dos visiones de la vida y el mundo y dos formas de enfrentar el futuro, Pedro siempre con temor y Teresa siempre con esperanza.


El mundo estaba cambiando, había visto tanto...


-"¿Has visto Teresa? Parece que nuestro país está intranquilo. Lo veo todo muy oscuro, lo quieren despedazar y ahora que deberíamos vivir tranquilos y confiados el mundo está cambiando”


-“No temas tanto a los cambios Pedro, sin ellos no avanzaríamos, nos estancaríamos. Pienso que si la mayoría evoluciona, todo irá a bien y mejor. Doy gracias a la vida por haberme permitido ver tanto y haber tenido la fortuna de ser testigo de tanta historia. Nunca se hablará mejor de algo, que cuando se ha experimentado en carne propia.


 Así lo siento Pedro, y te puedo hablar de algo grande que fue pero que está cimentándose para serlo aún más y ello a pesar de tanto viento en contra, vientos que soplan desde el mismo interior tratando de impulsar las velas, pero impidiendo que el barco navegue y vientos que arremeten desde el exterior tratando de hundir ese navío. Sabes que en esta casa siempre hemos sido monárquicos de corazón y convicción. Conociste a mi padre y su fe en la Corona. La defensa a ultranza y sus argumentos que pocos rebatían porque mi padre era un hombre muy culto e inteligente, nunca hablaba por hablar ni se retiraba tampoco de un debate. Le gustaba la polémica, pelear usando la palabra y medirse con los mejores. Recuerdo que alguna vez me llevó al café y le escuchaba embelesada exponer sin dudar, defender sin levantar la voz, batir a un oponente sin ultrajar , vencer sin humillar. Y recuerdo como nos situaba a su alrededor y nos hablaba de las virtudes y la conveniencia de aquel régimen que había nacido bajo su misma estrella, un 29 de diciembre de 1874, pareciese que mi padre estaba predestinado a ser monárquico hasta la muerte, porque hasta para morir parecieron sincronizarse, ambos finalizaron su camino en 1931. Hoy pienso que él, tan convencido y vehemente partió feliz. Sabía que nunca volvería a ver a su amada Corona. Hoy haciendo mis cálculos descubro que debería haber vivido el mismo tiempo que se me ha concedido en esta tierra para ver a un nuevo rey ocupar su trono. Casualidades tiene la vida Pedro, estos números…!”


-“Hizo bien en partir, Teresa, así evitó ver una época tan penosa para los que quedamos, evitó ver una guerra de hermanos, si todas las guerras son malas, ésta es la peor, se empuña el arma frente a un amigo, frente a tu propia familia y se mata sin justificación, a veces por algo que está alejado de la causa de la guerra misma, a veces se acaba no sabiendo ni por qué se mata ni por qué se muere”


-“Dices bien. Porque hasta entre sus hijos, mis hermanos, creció la semilla de la discordia y no olvidaré jamás el sufrimiento de mi madre. El peor dolor, el de un hijo que levanta su mano contra otro… Ay, a veces pienso cuánto mal hacen los ideales, cuan inconscientes nos vuelven que confundimos lo realmente importante en el seno de un hogar, el amor y el respeto.


Tal vez porque yo nunca fui tan ardorosa como mi padre ni tan convencida, no entiendo aquellas locuras. Tal vez por aquello no me situé nunca ni a favor ni en contra de la monarquía, tal vez porque siempre la he mirado con cariño y respeto como homenaje a mi padre pero sin criterio propio, sino con el suyo y sus razones, no me he sentido defensora entusiasta como él lo era. Y sin embargo, algo está cambiando Pedro, te lo digo yo que puedo presumir de ser centenaria como los árboles que ven, observan y sobreviven. Si ellos pudiesen hablar sus hojas te susurrarían lo mismo que yo te cuento. Algo está cambiando y lo está haciendo para bien. Porque es un cambio profundo, desde la base, desde el convencimiento y desde el corazón. Nuestro rey supo luchar contra viento y marea contra quienes defendían la tradición mal entendida. Luchó por su amor y por la compañera de su vida y trajo a su casa a alguien de entre nosotros. Su inteligencia y su corazón se unieron para aspirar a la sabiduría absoluta, aquella en la que razón y corazón deciden trabajar juntos y culminar en la victoria de la felicidad. Porque ¿Puede acaso un Rey transmitir confianza y firmeza si no transpira plenitud? Nuestros reyes son la imagen del cambio, de los nuevos tiempos que han de venir y que deben venir, traen de la mano dos mundos, cada uno debe mirar al suyo para aunarlos y enriquecernos, no sólo en éste su tiempo sino que han de alumbrar el futuro. Nunca más que ahora el mundo necesita valores sin etiquetas, acciones sin pretensiones. Y siento ilusión y esperanza porque observo a nuestros reyes en escena, Hay gestos que no surgen si no se sienten, hay miradas cómplices que atan más fuerte que el acero, hay miradas firmes y labios prietos que sin palabras nos dicen cuánto amor y fuerza hay en su proyecto. No hace falta que marquen línea a línea su contenido, los fundamentos saltan cada vez que aparecen juntos en cualquier medio, no lo pueden evitar, ni queriendo ser discretos frenan esa complicidad y connivencia.


¿Sabes a que me refiero por connivencia, Pedro? A seguir frente a todo por mucho sacrificio y esfuerzo que demande ese todo y a sentir la determinación en ambos cuando cruzan se miran, palparlo en sus manos cuando tan frecuentemente se enlazan, escuchar el mensaje que sin palabras lanzan esos gestos, un hacer acertado y exquisitamente perfecto. Yo sé que no siempre se consigue, unas por culpa propia otras lo será ajena, pero siempre en mente el objetivo es la excelencia. Ellos han vencido la rigidez de otros tiempos, él ha retado a quienes anclados en el pasado anteponían obligación a sentimiento. Tal vez no fuese realmente consciente qué se estaba fraguando entonces, o tal vez sí, porque nada ocurre por azar cuando se empeña la propia voluntad en ello y el amor responde a una afirmación: Creo en ti, Reina. La experiencia de una mujer de este mundo y de su época, capaz de aportar el dinamismo y la claridad de visión en esa unidad de dos, la espontaneidad y la seguridad atrevida reflejan la valentía de la frescura en los actos. Son unos jóvenes muy curtidos en años de los que aún carecen, no es necesario ser tan viejo para ser sabio, ni ser decrépito para contar con vasta experiencia fruto del ver, escuchar y observar para aplicar lo aprendido en función del bien y la concordia. Discreción y seriedad que ninguna posición puede comprar si no se nace con ello. Andamos escasos de ejemplos, de modelos en quien reflejarnos. Cada uno de nosotros, afortunadamente hoy, nace libre de cuerpo y pensamiento pero no es libre del bombardeo de poderosos proyectiles como son los estímulos de un entorno a veces vacío y carente de profundidad. Estoy muy ilusionada, confío en su plenitud, en su fuerza, en la energía que despliegan juntos reflejada en sus ganas de hacer cosas y de unirse a un proyecto común de esperanza conjunta, sangre Real que palpita al son de las dos realidades, Real por legado y derecho y real vinculada a la autenticidad, a la existencia más palpable. 


Este momento es histórico Pedro, está marcando un cambio. Es el momento de la valentía, de aclamar con seriedad y aplomo un proyecto nuevo y propio, de dejar atrás obsoletas creencias, rancios prejuicios y acabados discursos, de abrir la puerta a los pasos firmes, seguros y convencidos, de sentir el terciopelo y el acero meciendo la cuna del futuro mientras un ademán impecable e imperturbable cimenta la clave en la que se basará el trazado de un horizonte esperanzador. Siento a la mujer encarnada en reina capaz, inteligente, poderosamente segura al lado de quien siento un rey grande, sagaz, depositario de un legado. Y siento su determinación a preservarlo manteniendo firme su templanza, pues es época de tempestades y dificultades . Sin embargo Pedro ¿sabes que es todo ello? Un reto Y ¿sabes por qué los hombres son grandes o pequeños? Por la medida del reto y por el coraje con que afrontan esos retos. Hoy, el lance es complicado, arduo… Un momento de la historia aún no escrito, apasionante desafío y a la vez abrumadora responsabilidad, época decisiva que precisa sabiduría en común para atravesar las puertas más renuentes, siempre de la mano y empuñando un arma poderosa, la mente unida al corazón.


"Nuevos tiempos Pedro… “


-“Escucharte nunca me deja impasible, a veces olvido tu edad y me dejo llevar por tu clara lucidez. No eres mujer de tu época Teresa, parece que hubieras nacido con los nuevos tiempos. Tu padre te daría la razón si te escuchase. Cada época demanda una nueva forma de pensamiento. Como tus propias palabras, la evolución necesaria. No me sorprende tu pasión por los jóvenes monarcas y hasta me atrevería a decir por esta joven monarquía, porque la esencia la llevas en ti. ”


-“¿Y qué esencia es esa Pedro?”


-“El elixir de la juventud. Jamás perder la pasión por la vida y avanzar continuamente.”


-“Hoy nuestros monarcas avanzan así. Lograr un sueño o hacerlo realidad, decía una vez un sabio, sólo se logra de un modo: Sin prisa pero sin pausa”


La noche había caído en el pequeño patio y la luna asomaba plena y luminosa, Teresa agradecía su luz, como agradecía la luz del sol cada mañana. Sin embargo, éste era el momento de ella, la señora de la noche. Era hora de retirarse y aguardar al nuevo día como había hecho toda su vida, sin prisa pero sin pausa.




____________________

Autora: Marifé Miguel García

1º Premio ex-aecuo de la Asociacion Medieval Carpintonis Durii en 2015 con el relato "La Luz de la Historia" 

2º Premio de Relato Corto en el I Certamen Internacional de Poesía y Relato Corto Felipe VI











Sin comentarios

Escribe tu comentario




No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.