miércoles, 12 de agosto de 2020, 20:31
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Hablar y escribir

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Ilustracion48


Hablar y escribir bien es nuestra mejor tarjeta de visita en todos los aspectos de la vida social y laboral. Hablar bien no quiere decir pronunciar correctamente una lengua, puesto que pueden existir los matices regionales como le pasa al andaluz, gallegos o catalanes en castellano. Recuerdo al presidente de gobierno Felipe González, que hablaba con su deje andaluz, pero correcto, usaba palabras propias del andaluz como «consiguientes» o «descamisados». El lenguaje es el instrumento de comunicación fónica que nos identifica y particulariza. Una primera mala impresión, puede tardar años en corregirse, en cambio, una buena primera impresión se convierte en una llave. Es nuestra tarjeta de presentación.

          Uno puede tener varios códigos al hablar, como las jergas familiares o entre amigos, pero se ha de dominar el lenguaje estándar o coiné de un idioma normalizado, que se logra con el estudio y la práctica. En cambio, la escritura es harto más difícil dominarla a la perfección desde el punto de vista ortográfico, acentuación y sintáctico.  Excepto que se sea gramático, profesor de lengua o corrector de estilo, lograr escribir perfectamente es un tema arduo; sin embargo, se puede escribir correctamente y de forma comprensible en un 90 %, que es más que suficiente. A escribir se aprende desde niño, y cuesta muchos años redactar bien y que te entiendan, como es el caso de un informe jurídico, o un poema que es la comunicación de un sentimiento o de una emoción personal.

        La idea de escribir bien se basa en la de saber exponer tus pensamientos, tus imágenes mentales, los conceptos de una idea como pudiera ser la metafísica filosófica o la semiótica, como la ciencia que estudia los diferentes sistemas de signos que permiten la comunicación entre individuos, sus modos de producción, de funcionamiento y de recepción. Comunicarse por escrito es cuestión de practicar, es como los periodistas y novelistas, ensayistas, juristas y magistrados o poetas, ellos están siempre escribiendo y exponiendo conceptos. Luego la parte correctora, actualmente se deja a los correctores de textos en el word. O si eres autor de una novela pasará por el corrector de estilo, porque las editoriales no quieren que sus clientes lectores se quejen por los errores ortográficos o de puntuación de los textos. El creador no es corrector de estilo, porque en la redacción debe de haber una persona dedicada a la revisión de los textos enviados. No esperemos que el autor-creador sea además corrector de estilo.

     Por lo tanto, debemos tener en cuenta que tanto la expresión hablada como la expresión por escrito y la entonación son instrumentos de comunicación, son las herramientas de los oradores. Unos casos decepcionantes han sido las comparecencias sobre el coronavirus Covid-19 en la televisión del ministro de Sanidad Salvador Illa Roca, y el de Fernando Simón Soria, un médico epidemiólogo, director desde 2012 del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, es que no se les entiende lo que dicen, no saben vocalizar y, por lo tanto, no saben comunicar. Una cosa es saber y otra comunicar, que es una ciencia. Debieron tener una persona dedicada a comunicarse con la prensa.  Cuando oímos a Ana Blanco todo es claro, detrás hay años de estudio y preparación periodística.  Nada en esta vida sale por simpatía, o espontáneamente, todo requiere preparación, borradores, ensayo y trabajo de campo, es como los actores estudian arte dramático y se aprenden su papel. En un cantante de ópera su voz es su instrumento musical, y requiere años de estudio de música y preparación de la voz. Hay algo que se llama entonación, que es fundamental, y los silencios también lo son. No se puede salir al ruedo de las ruedas de prensa, nunca mejor dicho, sin una preparación previa, para eso están los asesores de imagen y expresión corporal y lenguaje no verbal. Para escribir pasa lo mismo hay que hacer borradores. Este escrito que estás leyendo, amigo lector, ha tenido cuatro o cinco borradores previos.

     Sobre los oradores, os cuento que conocí a uno natural, que apenas sabía leer y escribir bien, pero había heredado de sus padres el don de hablar con claridad que consiste en que te entiendan. Este hombre era un cabrero de la Axarquía, pero si le oías hablar en una taberna, comentando sobre política, te asombraba tremendamente lo claras que tenía las ideas socialistas. Su truco era que solía escuchar la radio en la sierra de Almijara,  y había aprendido a razonar de una forma asombrosa.  En unas elecciones municipales se presentó para alcalde y ganó la alcaldía del pueblo, luego el secretario del ayuntamiento era el encargado de poner por escrito los bandos, sus ideas o solicitudes a las autoridades.

    Todo en la vida se consigue con autodisciplina, obligando a la voluntad del YO a hacer aquello que no quiere o le es incómodo. Todos podemos ser escritores, poetas y pintores, pero primero hay que aprender el oficio de escribir. Para aprender a evolucionar en la Historia del Arte debemos leer las biografías de pintores como Leonardo da Vinci, Gauguin, Van Gogh, Picasso etc.

     Has de saber que los puestos de responsabilidad se escalan progresivamente, estando atentos y alerta en el lugar y el momento preciso y dispuesto a aceptarlos.

    Tanto leer, como escribir o hablar en público, no son cuestiones innatas en el hombre, se han de aprender porque pertenecen a la semiótica: Ciencia que estudia los diferentes sistemas de signos que permiten la comunicación entre individuos. El término semántica se refiere al estudio de diversos aspectos del significado sentido o interpretación de signos lingüísticos. Si yo digo «mesa» es ambiguo porque hay cientos de formas de «mesas», es una palabra, no la cosa. Porque como los polinesios hemos de creer en la «magia de las palabras».

       De lo que se deduce que, para potenciar nuestras zonas de éxito nos esforzaremos en practicar con denuedo los sistemas anunciados que son: hablar, escribir, leer, pensar y practicar. A hablar bien se aprende hablando, la teoría y los libros de oratoria están muy bien, pero si no te expones al público, nunca tomarás confianza para hablar en público, al público ¿Quién es el público? Una buena práctica es aprenderse unos poemas de memoria, o una inducción como muletilla, porque empezar, lo que se llama arrancar, es siempre dificultoso.

© Ramón Palmeral. Autor de Tus zonas de éxito

(Alicante, 19 de julio de 2020)

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