domingo, 9 de agosto de 2020, 10:50
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Los mantras

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Ilustracion46


El poder de las palabras es una verdad absoluta, es tan evidente que no requiere explicación, es decir, que es un axioma verdadero. No es lo mismo decir gente que ciudadano, no es lo mismo está lloviendo que pasó un huracán. Del asunto de las palabras y su compresión se encarga la Semántica, toda una señora Ciencia de los significados y significantes. Por ello, debemos de darle mucha importancia al uso de las palabras adecuadas. Cuando no son convenientes se usan eufemismos.

     Partiendo de que sentimos, lo que pensamos, y para pensar necesitamos argumentos, los cuales llegan a nuestro intelecto a través de las palabras y oraciones, bien por las que nos llegan a través de nuestros interlocutores a través del oído, o por nuestras propias palabras y pensamientos. Porque las palabras son imágenes, cuando decimos al camarero que nos traiga un «Rioja» le estamos trasmitiendo una imagen mental, que nos traiga un vaso de vino. Hemos hecho lo que se llama una metonimia. (Figura retórica de pensamiento que consiste en designar una cosa con el nombre de otra con la que existe una relación de contigüidad espacial, temporal o lógica)

    Los mantras son repeticiones de palabras o de oraciones, que decimos en voz alta. El término mantra proviene de man- (‘mente’ en sánscrito) y el sufijo instrumental -tra, podría traducirse literalmente como «instrumento mental». Aunque tiene su origen en las religiones orientales, también se usan en las celebraciones litúrgicas del cristianismo, pues no hemos de olvidar que el cristianismo tiene un origen oriental. Los mantras pueden ser palabras simples y oraciones como el Padre Nuestro, usadas para reafirmar las creencias.

    Un ejemplo lo tenemos en las palabras que el sacerdote pronuncia al levantar la eucaristía, en los rezos, en las oraciones y cánticos, siempre son las mismas, y son más eficaces cuando se dicen en voz alta y en grupo, este acto llevado a la resonancia de los templos te hace creer estar en los mismos cielos. Los monjes budistas repiten mantras sin cesar para soportar la disciplina y abstraerse del mundo. En la psicología, el término «mantra» se utiliza como figura retórica para significar la repetición neurótica del sujeto a fin de fijar y reforzar un pensamiento circular de los silogismos. Pero el receptor es tu mente del que con la repetición se logra que tus acciones futuras sean de acuerdo a los rezos.  Aunque muchas veces empíricamente dudo de la eficacia de la palabra PAZ, porque siempre hay alguna guerra en el mundo.

    Dicho esto, a modo de introducción, existen muchos mantras para cada actitud de la vida. Uno de los mantras es el que repito siempre 20 veces antes una adversidad es la de «Todo saldrá bien». Cuando educas a tu mente a recibir este mensaje, ella se lo cree, porque la mente es ingenua, limpia y tiene memoria, la que tú le ha dado. Porque somos dos: El yo y la mente. El yo domina a la mente. Al repetirlo te lo crees. Es como los mantras para los soldados, a los Legionarios se le hace cantar el novio de la muerte, de Millán Astray, de los años veinte del siglo XX, para que no tengas miedo a la muerte en caso de combates. Las nanas a los niños se repiten para que duerman tranquilos, para ingresar en la Guardia Civil hay que aprenderse 47 artículos de memoria, que son artículos de conducta para actuar mecánicamente ante cualquier situación.

     Dicho esto, y demostrado el poder de las palabras, os recomiendo unos mantras sencillos y eficaces: 1º al levantase de la cama siempre hay que decir  «Hace un día maravilloso y yo estoy estupendamente». 2º «La fuerza y el poder está en mi interior». 3º «Todo saldrá bien». Con estos sencillos mantras ya puedes empezar el día con seguridad. Con el tiempo y sin darte cuenta, tu mente te responderá automáticamente ante cualquier situación de estrés en clase por exámenes, ante una asignatura que se te atraviesa, ante una reunión de trabajo, ante un cliente o ante los amigos.  A toda la gente le gusta rodearse de semejantes fuertes mentalmente y optimistas. Se me ha dado el caso de decirme: «Ramón, a mí me gusta estar contigo, porque me das mucha seguridad». Y eso que yo iba con dos muletas, ¿no es paradójico? que un cojo como yo tenga que darle seguridad y ánimos a otros. Ya camino sin muletas.

      He de reconocer que los mantras me han hecho, muchas veces, no ver los peligros a los que me tenía que enfrentar.  En el dibujo que encabeza el artículo vemos a uno de los molinos de viento de La Mancha que como un boxeador golpea a Don Quijote mientras el caballo, desensillado, lo observa y que piensa: «de buena me he librado». Don Quijote es el mito del caballero que no tiene miedo a nada y siempre se levanta de las caídas, su mantra es Dulcinea del Toboso, la dama que ha de conquistar dándole cuenta de sus hazañas de valor.

©Ramón Palmeral

Autor de Tus zonas de éxito.

Alicante 5 de junio de 2020


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