miércoles, 12 de agosto de 2020, 20:29
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Bachaqueros

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En la casa de cualquier expatriado habanero que se precie existe un puesto de trabajo muy particular, el resolvedor. Suele ser un tipo con muchos contactos y habilidades y es el mejor pagado de la casa; él se encarga de conseguir el combustible para autos y planta eléctrica salva los apagones a mitad del precio oficial, esas patatas que no llegan a los mercados oficiales, y en general todo aquello que se va cayendo de los circuitos oficiales, incluidos los tabacos cubanos o el ron.

En Cuba dicen los naturales que el estado hace como que paga y ellos hacen como que trabajan. Todo se ha ido convirtiendo con el paso del tiempo en un gigantesco mercado estraperlista. Todos mercadean, sin excepción. Mi peluquero también le cortaba el pelo al servicio de seguridad de Fidel y por esa vía conseguía tomates cherry, los únicos de La Habana. Todo se podía resolver “por la izquierda”, y por lo que me cuentan así siguen las cosas. Algo más caro todo porque la situación está peor que hace unos años.

En Venezuela, el bolivarianismo de Hugo Chávez, también conocido como socialismo del siglo XXI, inició su andadura con el petróleo en sus precios máximos históricos, era el país de Jauja, y el padrinazgo fidelista lo llevó, de la mano de ministros chavistas, ineptos y serviles, a iniciar un camino de expropiaciones de fundos agrícolas, empresas de alimentación y, al final, todo aquello que por un motivo u otro se ponía en la mira del comandante. El resultado fue una espiral de malfuncionamiento del tejido productivo del país que finalizó con la dependencia total de la importación.

Durante un tiempo, y pese a la caída de los precios del crudo, la producción de Petróleos de Venezuela dio para soportar el peso de todo el país; después, con la corrupción y la hiperinflación, se empezaron a topar los precios –fijarles un precio máximo de venta- y con esto apareció una nueva profesión, el bachaquero, el tipo que con contactos y sobornos era capaz de extraer géneros de los almacenes del gobierno para revenderlos después al público a precios exorbitantes.

Los precios topados, en un sistema de mercado libre, no son aceptables, posiblemente ni legales. El fabricante no puede estar interesado en fabricar a pérdidas, tampoco al farmacéutico creo que le convenga vender más barato que el precio de compra. Esta medida probablemente dé como resultado la desaparición, de nuevo, de los necesarios productos sanitarios de las farmacias, por ello cabe preguntarse a qué especialistas consulta nuestro gobierno antes de tomar determinaciones que, como esta, pueden tener consecuencias muy negativas en medio de la crisis del coronavirus.

Acabamos de asistir al sainete de la salida de los niños de casa. Vendrán otras órdenes y contraordenes que, dicen los militares, son el inicio del desorden, pero se echa de menos que alguno de esos matemáticos, que estos días nos sorprenden con todo tipo de cálculos sobre la evolución de la pandemia, nos dé una idea de cuántos muertos supone cada una de las equivocaciones, retardos en la toma de decisiones o, simplemente, la desidia del gobierno del doctor Sánchez.

Raúl Suevos

A 23 de abril de 2020

Versión en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com


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