miércoles, 12 de agosto de 2020, 20:35
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Atenas, la peste y Pericles

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En el año 431 antes de Cristo Atenas se encontraba en su segundo año de la Guerra del Peloponeso con los espartanos. El año anterior, Pericles, el dirigente ateniense, había convencido a sus conciudadanos para no aceptar las condiciones espartanas para una paz deshonrosa. La ciudad se había recuperado y reconstruido después de las destrucciones de los persas y apuntaba a mayores logros como potencia marítima.

Con la guerra llegaron las primeras muertes lo que dio lugar a que Pericles pronunciara la famosa Oración fúnebre en la que describe con tal nitidez y profundidad el concepto de democracia que hoy se sigue estudiando en las facultades de Ciencias Políticas. La presión espartana llevó a miles de personas a refugiarse en la ciudad y con el buen tiempo estalló la peste dentro de los muros.

Cuenta Tucídides, que fue uno de los contagiados, que se inició en Etiopia, aunque teniendo en cuenta los tráficos marítimos de entonces es probable que hubiese llegado en barco desde oriente; el caso es que en barco o en camello descendió por el Nilo para después cruzar hacia Palestina y Asía Menor, para atracar en el puerto de Atenas en uno de los muchos barcos mercantes.

Los médicos no sabían cómo tratarla e iban cayendo uno tras otro al visitar a los enfermos ¿Les suena? también lo hacían familiares y amigos. La mortandad era tal que faltaba madera para quemar los cadáveres y se multiplicaban los que se enterraban en cada tumba. Pero la peste pasó y Pericles, de nuevo, habló a sus conciudadanos dispuestos a rendirse a Esparta. Apeló al espíritu de la ciudad y de sus compatriotas, a la necesidad de sacrificarse y al convencimiento de que después vendrían tiempos mejores y Atenas renacería. Habría que esperar al “Sangre, sudor y lágrimas” de Churchil para otro semejante.

Pero claro, era Pericles, y nosotros tenemos a Sánchez. Su época de gobierno se conoce como el Siglo de Pericles y se caracterizó por la acertadísima selección de los hombres que le secundaban a él como estratega y por ser el periodo cumbre de la literatura, escultura y arquitectura griegas. Él también sufriría los efectos de la peste y aunque sobrevivió lo haría por poco tiempo.

Vemos que lo fundamental en tiempos de aflicción es el liderazgo, ese del que estamos tan escasos en estos momentos, ese que es capaz de dar órdenes precisas a unos lugartenientes elegidos con exquisito cuidado en función de su valía personal y conocimientos, ese que cuando se dirige a la ciudadanía lo hace para ofrecerle esperanza y no desconcierto, que mide sus palabras para que el oyente no se pierda en ellas. Los líderes atenienses se formaban en las escuelas de Atenas y se forjaban en la toma de decisiones del campo de batalla y cuando la Asamblea elegía a sus estrategos podían equivocarse, pero al menos eran líderes contrastados. Comparen.

Raúl Suevos

A 30 de abril de 2020



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