miércoles, 12 de agosto de 2020, 20:08
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El desempleo juvenil

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   El desempleo juvenil ha llegado a tal situación que es insostenible, por ello aumentan los populismos, los radicales y los descontentos. Esta situación se origina en una crisis mundial económica mal gestionada por los recortes que impone Bruselas desde sus despachos. Se sabía, de antemano, que si se atendían estas directivas de la Eurozona, el paro juvenil aumentaría. Como así ha sucedido. La Administración no ha sacado oposiciones, la oligarquía de las empresas del IBEX 35, no ha dado empleo, al contrario, los Bancos han despedido a muchos empleados, y para los profesores no se anuncian vacantes. Las petroleras tienen el grifo del empleo cerrado, no contratando gasolineros (dispensadores de combustible), con el autoservicio se conforman. Los hoteles no contratan a suficiente personal o camareros para sus negocios de restaurantes al convertirlos en autoservicios. Todos los males de una empresa parecen que pasan por reducir personal. Correos no contrata a suficientes carteros, y por ello la mensajería privada va en auge. La sanidad pública se ha ido privatizando y tanto jóvenes médicos como licenciados en enfermería o fisioterapeutas han tenido que emigra al extranjero. 

    La política del BCE era la de bajar los sueldos para parecernos a China. Ahora parece ser que se han dado cuenta de que si no hay empleos e ingresos no hay consumo, y si no se consume no hay producción y por lo tanto hay trabajo. Todo es una pescadilla que se muerde la cola. Los millonarios no consumen, consumen las clases medias.

   Los gobiernos, tanto autonómicos como locales, han de hacer políticas favoreciendo el empleo juvenil, desde emprendedores, autónomos, funcionarios, educadores, policías, guardia civil o ejército, y en las distintas admistraciones.   

    Si este tema del desempleo juvenil continúa así, se van a encontrar en el futuro que van a ganar los populistas, marxistas, radicales y demás comunistas, porque será lógico que las gentes busquen el reparto de la poca riqueza que nos quede. Y oirán a quienes les prometen salvación y demagogia a raudales.

   ¿Acaso hemos dado estudios universitarios a nuestros hijos –con mucho sacrificio–, para que se queden con los títulos bajo el brazo en casa? Para que no tengan que emigrar al extranjero, o  dentro de Europa, donde parece que no ha afectado tanto la crisis. ¿Cuáles son nuestros problemas? ¡Hay que poner soluciones efectivas ya!  ¿De qué sirve una socialdemocracia si no se reparte la riqueza? Los sindicatos están más callados que nunca. No debemos quedarnos de brazos cruzados, y sobre todo después del confinamiento forzoso por el coronavirus.

    El Secretario General del Círculo de Empresarios ha dicho que hay que: «Fomentar la empleabilidad de los jóvenes mediante contratos incentivados y la creación de un salario mínimo interprofesional específico vinculado a la formación. Estas medidas existen en Australia, Holanda y Reino Unido, donde el salario mínimo está escalado hasta los 21 años». La derogación total de la reforma laboral va a ser perjudicial para las empresas, que contratarán a menos personal. La cuestión principal por debatir es zonas las indemnizaciones por despidos.

    Además de manifestarse, hacer huelgas, irrumpir en los mítines y discursos institucionales, para hacerse oír, el joven debe preguntarse: «¿Qué puedo aportar yo para ponerme a trabajar?». Porque el papá Estado no puede alimentar a todos, si no tiene ingresos por medio de los impuestos.

    En los años setenta, la cuestión del empleo no estaba mejor que ahora, muchos emigraron a Europa, otros se iban a la vendimia de Francia, o se iban a Bilbao, Madrid o Barcelona, pero que hoy día parece como si no hubiera ninguna salida para los jóvenes y «jóvenas» que dijera la diputada Carmen Romero. Leguaje inclusivo que se ha ido extendiendo en contra de la RAE. El despoblamiento de los pueblos fue cierto y real, por falta de medios educativos y salidas laborales. Cuando no hay nada, nada puede florecer, y hoy existen más oportunidades que antes en los años 60 ó 70 de la emigración que iban los trenes llenos para Europa.

     ¿Quiénes pueden ir a la universidad, sino los pudientes? Lamentablemente los jóvenes han de salir fuera a buscarse la vida, es ley de vida, a aceptar trabajos diferentes para los que se han preparado. El capitalismo en que vive esta sociedad occidental es así, brutalmente depredador.

    Nadie va a llegar a tu puerta a llamarte para darte trabajo. De momento te apuntas en las oficias de empleo, echas currículums, y no te quedas en casa quejándote. Tus zonas de existo se basan, por ahora, a esta edad en los estudios, la formación,  máster e idiomas, y tener espíritu emprendedor en estos tiempos de la Era Digital.

      © Ramón Palmeral


Nuevo Impulso.net


     El Monárquico, 24de mayo de 2020




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