domingo, 7 de junio de 2020, 12:12
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¿Cumbre volcánica o balcánica?

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Se celebra hoy 6 de mayo una cumbre telemática entre los líderes europeos y los de los países balcánicos, incluido Kosovo, país al que España no reconoce, y creo que fundadamente, y motivo por el cual ya le han sacudido en redes y prensa al doctor Sánchez. Supongo que esto forma parte de la política interna, aunque realmente poco importa para lo que se juega en la citada cumbre.


Mi relación con esa región viene apoyada en dos misiones, en Bosnia i Herzegovina en 1995 y en Kosovo en el 2001. En ambas misiones mi trabajo se relacionaba con la información y con los asuntos civiles, razón por la cual me vi obligado a documentarme todo lo que por aquel entonces se podía para tratar de hacer lo mejor posible mi trabajo. La experiencia no me convirtió en un experto, pero me permite escribir sobre el asunto sin correr el riesgo de caer en la estupidez.


Los Balcanes están marcados históricamente por la ocupación turca durante siglos; los suficientes como para que existan regiones en las cuales la religión musulmana es la mayoritaria, en otras la cristiano ortodoxa y finalmente, aunque menos representativa, la católica. Todos ellos, salvo kosovares y albaneses, son más bien eslavos, grandes como armarios ellos y ellas, y de facciones angulosas. Para intentar comprender aquella sangría de guerras balcánicas, casi una por generación, me apoyé en Un puente sobre el Drina, de Ivo Andric y también carta a un amigo, escrita por Andric cuando se autodesterraba de Sarajevo. Piezas ambas muy duras pero que ayudaban a entrar en el fondo del asunto de forma rápida.


Después accedí a Balkan Ghosts, la obra de Robert Kaplan que muchos dicen que fue determinante para que Clinton, junto con los consejos de Richard Holbrooke, tomase la decisión de intervenir en Bosnia poniendo así término a la vergonzante intervención de NNUU. Es esta, quizás, la que mejor muestra el horror de todo el conjunto balcánico, incluyendo Rumanía y Bulgaria. Una sangrienta e interminable historia de horrores cometidos especialmente sobre la población civil y en la que las guerras mundiales solo supusieron dos capítulos del mismo drama.


La última guerra tuvo protagonistas que acabaron en el Tribunal de La Haya, no todos, puesto que las responsabilidades políticas, como el prematuro reconocimiento de las católicas Croacia y Eslovenia por parte de Alemania y el Vaticano, por ejemplo y entre otras, han quedado como simples anotaciones históricas. Desde entonces Europa ha invertido ingentes cantidades de dinero, pero nunca ha llegado a implicarse al cien por cien. 


Es algo parecido a lo de Turquía, Europa no acaba de tenerlo claro. Hablamos y subvencionamos, pero nunca parece aclararse el camino lo suficiente como para ver el ingreso en Europa al final del túnel.


No parece que Europa este hoy en su mejor momento. Brexit, autoritarismo en Polonia y Hungría son claros indicadores de la situación, pero, mientras pasa el tiempo, otros agentes se interesan por los Balcanes; la antigua potencia Turquía la primera, pero también la siempre inquieta Rusia de Putin y, cómo no, la superpotencia China también enseña la patita por debajo de la puerta. Todos esperan a ver qué hace Europa y actuarán en consecuencia. Para Europa es momento de decidir, y no estamos en la mejor situación.


Raúl Suevos

A 6 de mayo de 2020

Versión en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com


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