miércoles, 12 de agosto de 2020, 19:37
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                            Foto: © El navío de línea inglés HMS. Louis-Philippe Crépin (1772-1851)


En el año 2012, Alejo Vidal – Quadras escribió un libro que recoge lo que pensaba era la agenda urgente para recomponer España. Nadie le hizo caso, pero ahora, cuando estamos viviendo esta pandemia y la movilización de la sociedad civil, con múltiples y variadas iniciativas, me parecen interesantes algunas de sus propuestas.

Vamos a por ello!!!


No va a ser fácil, pues como dijo Tácito: “Por la debilidad de la naturaleza humana, los remedios son siempre más lentos que los males.” Como el agua pasada no mueve molinos, no vamos a perder el tiempo con las bases ideológicas de algunos partidos políticos, aunque su estudio es interesante hacerlo, para comprender cómo hemos llegado hasta aquí.


La Constitución de 1978 representó el primer intento serio de nuestra historia contemporánea de articular un sistema institucional y un orden jurídico en el que todos los sectores políticos y sociales de la nación se sintiesen acogidos. Dirá Alejo, pero fue fruto de un tira y afloja entre una derecha con mala conciencia, una izquierda rencorosa y unos nacionalismos que siempre la percibieron como un punto de partida para sus pretensiones soberanistas. Hoy vivimos acontecimientos, cataclismos que nos obligan a sincerarnos con nosotros mismos. Nuestra Carta Magna ocultaba en su seno la semilla de la descomposición actual porque la forjaron políticos a los que les sobraba habilidad y les faltaba una mayor densidad intelectual, un conocimiento más riguroso de nuestra historia contemporánea, una previsión adecuada del largo plazo y una lealtad a la palabra dada a salvo de maquiavelismos de tendero. ¡ Más claro agua!


Alejo escribe en su libro: “En esta etapa de tribulación es conveniente liberarnos, aunque sea doloroso, de ciertos mitos que empañan la verdad de nuestro reciente devenir y nos impiden aprender de nuestros errores, condición indispensable para repararlos y no repetirlos. La primera de estas ensoñaciones es que la Transición estuvo magistralmente planteada y resuelta, y que han sido las desviaciones posteriores en el desarrollo de las previsiones constitucionales, junto a las equivociones o incluso disparates de gobernantes incapaces o venales, las que han apartado de aquella admirable visión y nos han arrastrado a la catástrofe. La segunda es que el periodo 1996-2004 fue una edad de oro en la que casi todo se hizo bien y que al igual que entonces bastará con que un nuevo gobierno de personas sensatas, preparadas y honestas sustituya una política basada en el despilfarro, la incapacidad, la corrupción, el sectarismo y los prejuicios ideológicos por otra impregnada de pragmatismo, altura de miras, transparencia, austeridad y buen nivel técnico para volver a la senda del éxito. Por desgracia, ninguno de estos consoladores pensamientos responde a la realidad, o por lo menos no escribe la realidad completa.”


Lo hemos visto y estamos viendo ahora, de manera muy sangrante, que la Constitución de 1978 es ya un papel mojado que nadie respeta, ni siquiera el propio tribunal encargado de ser su guardián. Esta pérdida de vigencia de nuestra ley de leyes tampoco debe sorprender demasiado porque los constituyentes, dirá Alejo, dejaron, por descuido, por torpeza, por ingenuidad o por impotencia, un número alarmante de cabos sueltos y de engranajes desajustados.  


El artículo 27, que hace referencia al derecho a la educación y la libertad de enseñanza, costó llegar al consenso, y fruto de su ambigüedad, existen varias STC, a las primeras leyes de educación.  Es algo que conozco bien, desde que decidí trabajar en un sindicato que defiende la libertad de enseñanza, y a estudiar sobre esta cuestión.



“Es grave, porque estos serios defectos han laminado la división de poderes, han propiciado la construcción de una Administración ineficiente, compleja, y carísima, han puesto la regulación del mercado de trabajo en manos de unos sindicatos anacrónicos e inmovilistas, han degradado nuestra democracia hasta reducirla a partidocracia clientelista, han destruido la conexión entre representantes y representados, y han entregado la gobernabilidad de la nación a aquellos cuyo objetivo explicito es liquidarla.”


Si esto lo decía Alejo en 2012, en un momento de una gran crisis. Ahora que se avecina una peor, a estas alturas de la película, nos pellizcamos para comprobar si lo que sufrimos es una pesadilla o la dura realidad. Agobiados por las deudas..., la conclusión de que vivimos un fin de ciclo y de que España demanda no solo reformas sino una regeneración de fondo, emerge como inevitable.


“Somos responsables de lo que nos pasa, y quien no lo reconozca miente deliberadamente, y se engaña a sí mismo y a la ciudadanía. Los problemas múltiples y graves que nos asaltan han aparecido por lo que hemos hecho durante décadas, y ha llegado el momento del examen de conciencia, la contrición -la atrición también sirve-, la penitencia y el propósito de enmienda.”


El camino que hemos recorrido desde la transición está cargado de equivocaciones, falsedades, cobardías, frivolidades, improvisaciones, inconsistencias y corrupciones que no podían quedar impunes. No es ahora momento de repasarlas. “( Alejo)


¿Qué hay que hacer?

Alejo proponía, y ahora va a ser necesario y urgente, pues,  si no lo hicimos antes, ahora no existe otro camino: “regenerar nuestro sistema democrático; reformar la Constitución estabilizando la estructura territorial, garantizando la unidad de la nación y salvando la salud financiera del Estado; asegurar y reforzar la separación con particular atención a la independendencia de la justicia y de los órganos reguladores; volver a una política exterior seria; articular un nuevo modelo productivo y de crecimiento económico mediante las necesarias actuaciones en los ámbitos fiscal, laboral, energético y de I+D+i; invertir masiva y prioritariamente en la mejora de nuestro capital humano revisando de arriba abajo nuestro sistema educativo; no olvidar que nuestros ejércitos tienen como misión la defensa de la unidad y la integridad de España y de sus intereses vitales mediante el empleo de la fuerza armada; potenciar al máximo nuestro patrimonio cultural y nuestra lengua común; y , como sustrato de este vigoroso empeño rectificador, implantar en la sociedad el conjunto de valores fuertes y de principios éticos que la vertebren y le devuelvan la confianza y la fe en sus posibilidades de progreso material y moral. En definiva, avanzar en dirección opuesta al frustrante retroceso de estos últimos años.”


¿Quién ha de hacer, cómo y con quién?

El nuevo gobierno salido de las urnas . Los tiempos son de prueba y de exigencia y demandan valentía, convicción, compromiso, firmeza y capacidad de arrastre. La hora del cambalache entre partidos ha terminado, y se abre una etapa en la que ha de cristalizar una conjunción entusiasta de propósito y empeño entre la mayoría política y la ciudadanía. La permanencia en los viejos usos y en esquemas superados sería el peor error en las circunstancias presentes y lo pagaríamos muy caro.


Estamos viendo cómo es la sociedad civil, lo público y lo privado están actuando unidos para hacerle frente en la pandemia. La relación entre el poder público y la sociedad civil, entre instituciones públicas e instituciones cívicas, ha de ser de osmosis e interacción continua y no de subordinación y divorcio. Sufrimos de anemia participativa y existe un alarmante desapego de los ciudadanos hacia los políticos, a los que perciben como un elemento extraño que los parasita. Hemos de devolver a nuestros compatriotas la fe en España, la cohesión y la autoestima perdidas. Hemos de vivir acogidos a referencias seguras –el trabajo, la unidad, el esfuerzo, la austeridad, la honradez, el altruismo y el patriotismo- . Y estas referencias han de ganar vigencia en el discurso y en la acción de los políticos, en el sistema educativo y en los medios de comunicación. La sociedad civil se ha de movilizar para controlar a la clase política y para que sean políticos adheridos a estos valores los que desempeñen las responsabilidades de gobierno y de representación.

Felicito a D. Alejo Vidal-Quadras, por su libro, aunque no comprendo como no ha sido un libro de cabecera de muchos políticos.


Ha llegado el momento de decir: ¡Basta ya! Y de coger el toro por los cuernos.


Mari Ángeles Bou






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