domingo, 7 de junio de 2020, 12:51
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La trampa de Tucídides

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Entre el puñado de libros que poseo, llamarlo biblioteca sería exageradamente presuntuoso, tengo uno que compré en la Plaza de Armas de La Habana hace ya unos cuantos años. La Guerra del Peloponeso de Tucídides, edición de la bonaerense Emece de 1944 y procedente de alguna estantería prerevolucionaria. En esta obra, el historiador plantea la trampa en la que cayó la entonces hegemónica Esparta, aquella que nos acercó Zack Snyder con 300, la inolvidable película. Una Esparta que contemplaba con aprensión cómo Atenas crecía en poder y alianzas, lo que la llevó a desencadenar una guerra, la del Peloponeso, que la llevaría a la derrota y la desaparición como potencia.

Las potencias hegemónicas, y los imperios, tienen como característica principal el poder militar, pero no solo, también el económico y, sobre todo, la capacidad de influir en distintos ámbitos. Esto último es casi lo más importante en determinados momentos pues implica la percepción de los otros de ese poder. Así ocurría cuando el emperador Carlos empeñaba hombres, y caudales que no tenía, en la lucha contra el turco. Así lo hacían los USA durante todo el periodo de Guerra Fría, a ellos correspondía liderar y conducir, eso es lo que se espera de una potencia hegemónica, y sin caer en la trampa de la confrontación.

En estos tiempos, cuando la caída del Muro de Berlín parecía prometer un periodo de paz unipolar, asistimos al paulatino emerger de un nuevo hegemón, China, que por la vía económica ya lleva años dejándose sentir, véase el proyecto de la Nueva Ruta de la Seda  https://www.academia.edu/37462646/El_cambio_del_pivote_geogr%C3%A1fico_de_la_historia.pdf  o el importante incremento en la inversión en la Fuerza naval china, la encargada de velar por la seguridad de las líneas logísticas del país. En casa quedan el Xinjiang, el Tibet y Hong Kong como problemas por resolver, pero la apisonadora de la etnia Han parece imparable en ese terreno. Ahora el salto cualitativo que el covid-19 puede dar a China en el campo de las percepciones puede ser determinante.

En el otro lado tenemos unos USA con el peor dirigente para tiempos de tribulación, el señor Donald Trump, campeón del populismo. Su personalismo desnortado está poniendo en serio peligro a parte de la población norteamericana, especialmente, en un país de capitalismo salvaje, a los más desfavorecidos; pero su unilateralismo le lleva a cerrar el país sin a nadie consultar, a infravalorar la peligrosidad de la pandemia, a, en definitiva, abandonar el liderato que se espera de la gran potencia en una crisis mundial. Por el contrario, China, con gobierno autoritario y donde nació la pandemia, ha sabido resolver la crisis rápidamente y ahora se propone como soporte técnico y material de los países que ahora sufren con virulencia el ataque del virus, lo que hará cambiar la percepción que muchos tienen del gigante.

Norteamérica está en año electoral y es probable que Joe Biden, si el virus lo respeta, será un durísimo contrincante para el presidente que, si ve en peligro la reelección, podría caer en la tentación de la trampa de Tucídides, lo que nos llevaría a todos a una nueva crisis mundial.  


*Raúl suevos


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