martes, 14 de julio de 2020, 17:18
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Cómo sobrevivir al confinamiento sin deprimirse

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Según los expertos el pico de contagios está por llegar y algunos lo sitúan por el 24 abril, pasada la Semana Santa y la Santa Faz de Alicante, cuya multitudinaria romería no se celebrará porque nos encontramos a media ladera para llegar al picacho de la montaña de los contagios del coronavirus de la cepa COVID-19, que según los científicos no es ni más ni menos que una neumonía invernal que ha mutado en su estructura molecular, contra el que no hay vacunas. Para evitar contagios nuestro deber y obligación es quedarnos en casa, excepto para asuntos urgentes, alimenticios o médicos, lo cual se llama CONFINAMIENTO que, sin duda, conlleva sus riesgos psicológicos.

  Si bien es cierto que los chinos se comportan disciplinadamente contra el COVID-19, de Wuhan,  bien es sabido que ellos, son muy individualistas y rehúyen del contacto físico, y el saludo del beso y darse la mano (saludan con una reverencia); por el contrario, nosotros los españoles como latinos y pueblo mediterráneo somos muy sociables y nos gusta el contacto personal, familiar y estar con amigos y ocupar largas horas en charla o tertulia en bares, cafeterías y terrazas, por consiguiente, en este confinamiento lo pasamos verdaderamente mal, y el no podernos reunir con padres y familiares aun es peor, porque tenemos lo que se llama “querencia” es decir: «Tendencia del hombre y de ciertos animales a volver al sitio donde se han criado o tienen costumbre de acudir». Esta nueva situación de confinamiento forzoso rompe nuestras costumbres y nos produce tristeza e incluso depresión y angustia. Pero existen varias formas de minimizarlos o menguarlos, que os voy a exponer.

    Todos lo pasamos mal: niños, adolescentes, adultos, tercera edad y cuarta edad, que son el mayor grupo de riegos con sus múltiples enfermedades, porque la vida es así, nacer para vivir muriendo. Leo en la prensa que María Teresa de Borbón-Parma, prima del Rey Felipe VI conocida como la «princesa roja» y miembro de la familia Borbón-Parma partidaria del carlismo, guerra civil del XIX, desde la muerte del Rey Fernando VII y su polémica abolición de la Ley Sálica. María Teresa  murió este jueves en París a los 86 años de edad víctima del coronavirus, pero pasaba de los 85 años.

¿Cómo sobrevivir al confinamiento sin caer en un ataque de nervios?


   Según la psicóloga Elisa García dice que para mantener nuestro equilibrio mental y emocional debemos: «Nos abandonamos y poco a poco sin ser muy conscientes... ¡Pum! La llegada de la apatía y la tristeza puede comenzar a instalarse en nosotros. No hay que perder de vista nuestros hábitos». Es decir, no caer en la apatía diaria por el confinamiento, de ello dependerá el concepto de nosotros mismos, nuestra valía y consideración como personas con un destino espiritual. Aquí reside la terapia conductual, en seguir unas pautas de comportamiento regular, porque sientes lo que piensas, y si piensas en plan derrotista, te derrota a ti mismo. Como alternativa debemos levantarnos de la cama a un horario determinado, y no pasarse el día en el «campo de plumas» que dijera Góngora, o en el sofá con el Smartphone. Lo primero es nuestro aseo personal, lavarse, afeitarse, ducharse, perfumarse y estar guapos o guapas y presentables, para uno mismo, para no decaer en la tristeza. Tampoco es aconsejable pasase el día en “piyama” (como pronunciaba un amigo mío), ni descalzo, con los calcetines de lana de esquí. Ni lo niños tampoco.

    Desayunar añadiendo siempre fruta, tomar los medicamentos que nos correspondan, como las pastillas de la tensión arterial. Luego pensar en lo que vamos a preparar para comer, siempre hay una recta que no hacías porque no tenías tiempo, ahora es el momento de practicar como un chef y, a la hora de comer, preparar la mesa con la mejor cristalería y cubertería, como si fueran a venir amigos o familiares. También es época de practicar el ayuno, que es una opción recomendada por todas las civilizaciones desde la antigüedad. Al ayudar,  tu cuerpo  elimina las toxinas que se acumulan con las comidas, limpiando tus órganos internos para un metabolismo más rápido y sano.

   Hacer tareas en la casa como ordenar los armarios que parecen revolcaderos de ángeles, para tener los suelos y paredes como los chorros del oro. También es tiempo de dedicarle una hora a leer esos libros que se los come el polvo (yo estoy releyendo los poemas de mi padre, poeta narrativo, que el 29 de abril se cumplirá el I centenario de su nacimiento). O ponerse a ver el álbum de fotos familiar si es que lo encuentras.  Quizás lograríamos terminar los poemas que duermen en el cajón, esos poemas que se te atascaron, o el relato a lo Cortázar que tenías sin terminar, o esa novela a los García Márquez, de realismo mágico, que nunca acaba de salir adelante.

     Y sobre todo hacer ejercicio físico o yoga. ¡Ay, qué dolor, Señor! en casa con las pesas que están oxidadas en el armario, cintas de caminar que se ríen en el altillo, o hacer abdominales para bajar las cartucheras, o darte un paseo por la terraza, si la tienes en el bloque donde resides. La cuestión es hacer cosas, moverse, jugar con los niños, pintar… Si tienes trabajo telemático, bendito seas; por lo menos no tienes un ERTE. Es preferible hacer crucigramas (aunque sea mirando las respuestas), sopa de letras, sudokus, jugar al ajedrez contra el ordenador que siempre te gana, hacer solitarios (pero no en el aseo) etc… Los niños deben hacer sus deberes, que le envían sus profesores por vía on-line. No se debe ver la televisión desde las ocho de la mañana con las noticias del coronavirus, porque además de que no podemos hacer nada por las desgracias ajenas del mundo, nos borra la mente como una esponja de jabón con alcohol. Escuchar la radio es mejor, porque puedes hacer cosas mientras se entrenan los tímpanos con esas ondas hertzianas de baja frecuencia.

A las 20 horas aplausos


   ¿Y qué hacer las 20 horas u 8 de la tarde? Muy sencillo abrir la ventana de la terraza a tocar las palmas para aplaudir a los sanitarios por su entregada labor, así como a todas aquellas personas a cargo de los servicios públicos: transporte, agua, electricidad, farmacias, alimentación…, a la Cruz Roja, las policías estatales y autonómicas y guardias civiles, que velan por nuestra seguridad y nos ayudan, y sin olvidar a la UME (Unidad Militar de Emergencia). Y de camino dar unas voces y saludar a los vecinos de enfrente a los que nunca antes habías visto, y despertar a algunos de esos fantasmas dormidos, que los hay.

   Dice la psicóloga Lidia Asensi: «Aconsejo que todos estemos en contacto con nuestros familiares y amigos, y una buena opción es realizar video llamadas o hablar por teléfono con frecuencia. Además, es conveniente que expresemos cómo nos estamos sintiendo emocionalmente con esta situación. Es posible que aparezcan diferentes estados emocionales cambiantes». Somos afortunados por tener teléfonos móviles e individuales, para poder comunicarlos, hace 20 años atrás no los había.

Situación de la pandemia por comunidades


   Es lógico que el número de contagios sea superior en Madrid y Cataluña o Vascongadas porque son regiones muy pobladas, y precisamente Madrid ni Vascongadas no tienen el mejor clima posible en época invernal. Madrid está dejando poco a poco de ser el único foco de la pandemia en España ante el rápido avance del coronavirus también en Cataluña. Lo que sí es cierto y evidente es que esta pandemia ha cogido en «bragas», valga la palabra como frase coloquial, a la sanidad pública, víctima de la diana de los recortes presupuestarios desde la crisis de 2008, con despidos de médicos, enfermería y material sanitario estratégicos. Por eso, ahora y tarde se han tenido que invertir en compras de material sanitario especifico contra el coronavirus por 432 millones de €.

    Según datos del periodista Luis Cano  de ABC, de fecha 27 de marzo actual, leemos:

«Cataluña y Madridregistraron el primer caso el mismo día, el 25 de febrero, pero la explosión de la enfermedad se sintió antes en Madrid. Los primeros cien contagios se contaron el 6 de marzo, mientras que en Cataluña aguantaron cuatro días más hasta llegar a esa cifra. Los primeros diez muertos en Madrid se registraron el 10 de marzo, mientras que en Cataluña no se alcanzó esa cifra hasta el 16 de marzo. Incluso País Vasco y Castilla-La Mancha rompieron ese techo antes que Cataluña, y Aragón lo hizo el mismo día […] Ocho días, uno más que Madrid y Cataluña, tardó Castilla y León en pasar de los diez a los cien muertos. Comunidad Valenciana y Castilla-La Mancha emplearon nueve días en hacer ese recorrido; y Andalucía, diez. El País Vasco está conteniendo más la evolución del número de muertes: no superó el centenar hasta el día 13 desde su décima muerte. La curva vasca, también ascendente, es, por tanto, más aplanada. Son las únicas comunidades autónomas que han superado hasta ahora los cien fallecidos hasta ahora […] Mientras que Madrid contaba 498 defunciones en el día 11 desde su décima muerte, en Cataluña la cifra era de 516. Un día más tarde, Madrid acumulaba 628, mientras que Cataluña sumaba 672, la última cifra ofrecida hasta ahora, correspondiente al 25 de marzo […] La Comunidad de Madrid es con diferencia la región con mayor número de muertos por coronavirus. Sin embargo, ha reducido paulatinamente el porcentaje que supone sobre el número total de fallecidos en el país. Aunque todavía aporta la mitad de nuevas víctimas cada día, hace menos de una semana las dos terceras partes de los fallecidos caían en esta región».

La insoportable levedad del ser


   La insoportable levedad del ser  es un novela del escritor checo Milan Kundera de 1984 que trata de un hombre y sus dudas existenciales en torno a la vida en pareja, convertidas en conflictos sexuales y afectivos. La novela relata escenas de la vida cotidiana, trazadas con un profundo sentido trascendental: «la inutilidad de la existencia y la necesidad del eterno retorno de Nietzsche» por el que todo lo vivido ha de repetirse eternamente, solo que al volver lo hace de un modo diferente, ya no fugaz como ocurrió en el principio.

    Estos momentos únicos, aunque no nuevos en la historia de la humanidad, nos deben hacer reflexionar sobre nuestra existencia y nuestra vida temporal en La Tierra. Me consta el dolor sufrido por la pérdida de algún ser querido, no tiene consuelo momentáneo, pero hemos de reflexionar que estamos en la Tierra de paso, bajo un cielo azul que nos contempla, aunque suene a tremendista. Todo se arreglará y volverá a ser como antes, aunque con severos matices.


Ramón Palmeral para El Monárquico desde Alicante


1 Comentarios

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Magnífica guía "anti-depre-aburrimiento" y que por fin trata sobre la fragilidad de la existencia humana.

escrito por Miguel Fernández 29/mar/20    20:44

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