viernes, 29 de mayo de 2020, 15:08
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De tiranos y democracia

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Aristóteles, uno de los grandes pensadores de la Grecia antigua, definía tres tipos básicos de sistema de gobierno, la democracia o gobierno de todos, la aristocracia o gobierno de unos pocos y la monarquía o gobierno de uno. En este último caso se encontraba la variante de la tiranía, que llegaba normalmente por derribo de la aristocracia y que después solía el tirano convertirse en monarca, o no.

Aristóteles no consideraba a la democracia como la mejor solución y sus ideas alguna importancia tuvieron después pues él fue el educador principal de Alejandro Magno. Además de estas soluciones de gobierno, en Grecia, también se contemplaba una solución de tirano temporal. Se llegaba a ella por clamor de la ciudadanía en tiempos de especial aflicción y consistía en otorgarle a un personaje, durante un tiempo limitado, poderes absolutos para tratar de remediar el problema que amenazaba a la ciudad estado, una vez resuelto se iba a casa.

Hoy, cuando enfrentamos una amenaza nueva y global, el coronavirus, podemos observar, por los resultados a día de hoy, que los gobiernos fuertes –utilizo este adjetivo por cortesía literaria- parecen estar mejor preparados para encontrar soluciones y así resolver la situación; el golpe en la mesa de Xi Jimping en China quedará grabado de forma ejemplar en la memoria de muchos, y hoy China se puede permitir el lujo de dar consejos y apoyar con médicos y materiales a los que no hace mucho les mirábamos por encima del hombro.

Su vecino ruso, también tomando decisiones drásticas desde los primeros días, parece que mantiene la situación bajo control, y de paso su presidente propone una reforma constitucional que lo mantendrá en el poder todavía por muchos años. En el sur, nuestro vecino Mohamed VI acaba de decretar un bloqueo total de país cuando sólo tiene 29 positivos, pero el sistema es más una monarquía constitucional que parlamentaria en la que el monarca mantiene poderes impensables en una democracia liberal.

En algunos países vemos que, pese a la base democrática, al poder acceden personajes que hacen que el sistema derive en lo que se conoce como populismo democrático, como sería el caso de Donal Trump, Boris Johnson; o en Iberoamérica Jair Bolsonaro o López Obrador. En todos estos casos la decisión es la del líder, sin cortapisas ni elementos moderadores que modulen lo que, en relación con el virus, parecen más ocurrencias que decisiones de gobierno. Así es el poder.

En el otro lado tenemos los gobiernos representativos europeos, entre los que se encuentra el español, y que en muchos casos cuentan con más de un partido en la formación del mismo, los llamados de coalición; gobiernos de parto difícil y, como vemos estos días, de complicado proceso decisional; con tantas tensiones internas que hacen que las lecciones que China nos dio en su momento no sean tomadas en cuenta y así, primero Italia, después España, aún más tarde Francia y Alemania, retrasen el inicio de la batalla más de lo que hubiese sido de desear.

El coronavirus nos dirá si hacía falta un tirano o gobierno de salvación nacional.

Raúl Suevos

A 16 de marzo de 2020

Versión en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com


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