miércoles, 5 de agosto de 2020, 15:40
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Memoria carlista en el Valle del Ebro

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Hace no mucho tiempo tuve la oportunidad de visitar Quinto de Ebro -ahora ya solo Quinto tras el acuerdo adoptado por su ayuntamiento en el que se decidió eliminar el apellido- gracias a la invitación de un buen amigo. La disculpa se encontraba en la posibilidad de visitar los restos y estudiar la batalla de Quinto[i] que tuvo lugar durante la conocida como Ofensiva de Zaragoza, llevada a cabo por las fuerzas del gobierno de la República en el verano de 1937.

Nuestro anfitrión nos recibió, en una mañana fría, ventosa y soleada, típica de los inviernos en el corredor del Ebro, con una doble y positiva sorpresa; de un lado un desplazamiento a una instalación de caza en una de las muelas[ii] que dominan el valle del Ebro y los barrancos que hacía él caen, para tomar fuerzas con un almuerzo aragonés a base de migas y embutido; del otro lado la compañía de un vecino de Quinto, Antonio Jardiel Badía, historiador apasionado de la historia de su pueblo y artífice de la puesta en marcha de un Museo de las momias[iii] que en el primer año de existencia ha logrado varios miles visitas y comienza a verse como un elemento dinamizador de la economía local.

La supuesta instalación de caza resultó una sorpresa mayúscula pues lejos de lo habitual en estos casos, un chamizo o chabola de condiciones precarias, o un moderno contenedor adaptado como refugio, lo que allí nos esperaba era un castillete o torre con un potente foso defensivo. No hacía falta ser un experto para datarlo en el siglo XIX y, por lo tanto, ubicarlo históricamente en el conflicto carlista.

Nuestro amable historiador nos explicó que se trataba de un fortín, vestigio de lo que fue la línea de comunicaciones de telegrafía óptica desarrollada por el General Salamanca Negrete[iv] a finales de 1875, en los estertores de la tercera Guerra carlista y que, aunque prácticamente no llegaría a ser utilizada, constaba de más de veinte instalaciones que se construyeron rápidamente con la ayuda de fondos y mano de obra por parte de las poblaciones de la zona. Desde Zaragoza a Amposta se lograba una comunicación no tan rápida como el cable telegráfico, pero mucho más fácil de defender y asegurar.

La línea de fortines para pelotón, y fortalezas de compañía en algunos puntos especiales, apenas tuvo influencia en el final de la contienda pero , no obstante, es posible que al General le sirviese la idea y experiencia puesto que durante su posterior periodo de mando como Capitán General de Cuba unos años después, y en cuyo desempeño fallecería en circunstancias dudosas[v], fueron varias las Trochas[vi] que se encontró allí abiertas, especialmente por el General Weyler que basó en las mismas sus operaciones durante su mando en Cuba, y en las que prevalecía, como en el Valle del Ebro, el enlace visual entre las torres y por el fuego entre los fortines intermedios. La finalidad de estas trochas cubanas era distinta de las del valle del Ebro pues estas últimas eran un medio de transmisión mientras que las cubanas buscaban compartimentar el territorio de la caribeña provincia e impedir o encauzar el movimiento de los grupos de insurrectos.

Nuestro fortín[vii], de gran dominio visual sobre el río Ebro y sus aledaños, ya sería ruina si no fuese por el altruista trabajo de estos aficionados a la caza que se encargan de mantener a raya la plaga del jabalí y también de aplicar tiempo y dinero en su mantenimiento y consolidación. Su robustez, pues foso y fortín se asienta sobre sillares de piedra caliza con muros también de sillares reforzados con mampostería, ha logrado traérnoslo hasta estos días pero es más que posible que algún tipo de protección institucional ayudaría a su preservación y conocimiento, no solo de este ejemplar sino también del resto de la línea que, me consta, mantiene algunos ejemplares extraordinarios de estas torres del general Salamanca, recuerdos pétreos de un XIX marcado en España por el conflicto carlista, tras la Guerra de Independencia y la primera oleada de Emancipación americana.

Tras el copioso y contundente almuerzo nos dirigimos a la zona de observación de la Ofensiva republicana, un otero al suroeste, al final del cordal en que se encuentra la Ermita de la Virgen de Matamala y desde donde se divisaba la zona principal de la batalla, Belchite, Codo y Quinto de Ebro. Hoy acoge una enorme balsa de riego que sirve para poner en valor estas tierras antes de secano y de poco valor añadido. Desde el observatorio, por la conformación del terreno, se apreciaba cómo Belchite, al contrario que los otros dos puntos, contaba con una posición fuerte en apariencia y además había sido fortificada someramente y reforzada con personal, de hecho, contra ella se estrellarían los esfuerzos de las tropas populares. Codo caería en unas horas tras encarnizada resistencia de los requetés del Tercio de Montserrat que sería casi aniquilada, y con su caída quedaba franca la vía hacia Quinto resistiría aún dos días pese a la potencia de fuego que caería sobre las débiles posiciones defensivas.

La ofensiva tenía un objetivo estratégico, capturar Zaragoza y obligar a Franco, entonces en plena ofensiva, a retirar fuerzas del Norte y evitar así la toma de Santander, algo que la resistencia numantina de los nacionales en estas tres localidades haría innecesario. Más allá de esto cumple señalar que la proporción de fuerzas era radicalmente a favor de los republicanos, y es que en esta zona atacaban las divisiones de Walter, la internacional, y las de Modesto y el Campesino, por aquel entonces los más famosos y promocionados de las fuerzas del gobierno por ser provenientes ambos de las Fuerzas populares de la República y que se desempeñarían, en términos del cancionero moderno, muy malamente.

Eran estos los mismos días, 24-26 de agosto, en los que los valientes gudaris, siguiendo las órdenes del gobierno vasco y de acuerdo con los pactos firmados con las fuerzas italianas[viii] que luchaban del lado franquista, entregaban las armas y se rendían en Santoña, de la misma forma que lo habían hecho días antes en Bilbao, traicionando al gobierno de la República y a los batallones de mineros asturianos que luchaban a su lado. Los restos de éstos últimos aún resistirían varios meses en la linde asturiana retrasando así la toma de Gijón.

Las fuerzas que defendían Quinto eran en su mayoría carlistas aragoneses del Tercio Marco de Bello y del María de Molina; también había fuerzas del Regimiento Aragón y algunos falangistas. En el relevo de fuerzas producido unos días antes recibieron la visita de Manuel Fal Conde, el Jefe de la Comunión Tradicionalista, es decir, el jefe político del Movimiento carlista. En una curiosa fotografía que nos muestra nuestro particular historiador podemos apreciar en las calles del pueblo al propio Fal Conde acompañado de otros interesantes personajes como por ejemplo Jesús Comín Sagües, notorio abogado y carlista zaragozano, padre de Carlos Alfonso Comín, que años más tarde sería importante activista antifranquista y miembro del PSUC, y, ambos, si aún viviesen, estupefactos estarían ante la trayectoria política de la actual generación familiar representada por Antoní Comín, que desde el socialismo catalán ha acabado reconvertido en separatista prófugo de la justicia y acompañante de Puigdemont en Bélgica. Su final político está por escribir, pero, yo al menos así lo espero, es probable que escriba el epílogo en una celda, también en compañía de su alter ego.

Otro de los componentes del grupo fotográfico era un joven carlista zaragozano de origen navarro y de apellido Rudi, que tras la guerra y probablemente después de pasar por la Academia de transformación seguiría carrera en el Ejército, mucho antes de que su hija Luisa Fernanda, miembro eminente del Partido Popular, llegase a presidir el Congreso de diputados, el gobierno de Aragón y la alcaldía de Zaragoza. Junto a él aparecían dos de los oficiales que formaban parte de la fuerza entrante en el relevo de la línea defensiva; se trataba de dos altos oficiales rusos blancos[ix] que, como muchos compatriotas y camaradas, entonces con grados de teniente y alférez continuaban su lucha anticomunista en tierras españolas, el general Anatole Fock y el mayor Jakob Poluhin.

Después de ver la zona en amplitud nos desplazamos a la posición del Purburel, al sur del pueblo, la más fuerte del dispositivo defensivo, en la que aún se aprecian las trincheras, abrigos, refugios y posiciones de armas alguna con obra de hormigón. Desde allí se comprende cómo, tras el envolvimiento por el norte con fuerzas acorazadas del batallón internacional británico y norteamericano, y potente bombardeo de artillería y aviación, el pueblo y todo el dispositivo tenía las horas contadas. En la última posición, ésta del Purburel sobre la que nos encontrábamos, caída el segundo día de ofensiva, muere en combate el alférez ruso y el teniente se quitaría la vida pues bien sabía lo que podía esperar. Solo la tropa rendida sobreviviría; los cuadros de mando todos quedan allá, sobre el terreno.

La caballería republicana llegaría con sus carros de combate hasta el mismísimo barrio de la Fuentes teniendo que replegarse ante la falta de impulso de la ofensiva, detenida durante horas en Codo, días en Quinto y semanas en Belchite, donde se pusieron en evidencia las dotes de mando de los jefes del Ejército popular. Mientras tanto, en Quinto, había que hacerse fuerte y lo primero era la evacuación de prisioneros y población civil para lo que se les condujo hacia un punto de clasificación en las afueras sobre la carretera de Azaila donde, en hilera, debían pasar por una misteriosa tienda en la que “alguien”, con seguridad vecino del pueblo, decidía sobre la senda de salida, que en una de las dos opciones conducía a un rápido paseo.

La ofensiva, con independencia de los hechos heroicos que por ambas partes hubo, fue un claro ejemplo de lo que no se debe hacer. Las fuerzas republicanas contaban con dos elementos fundamentales a su favor, la sorpresa inicial y la superioridad de fuerzas de todo tipo, artillería, carros, aviones, etc. En frente, una vez más, el carácter numantino de los defensores que a lo largo de toda la Guerra incivil mostraron los defensores del bando franquista. Las Divisiones republicanas podían fijar los núcleos defensivos y continuar la ofensiva sobre Zaragoza; no lo hicieron y con ello perdieron el impulso inicial y con ello la ventaja operativa. Un fracaso.

Hoy, más de ochenta años después, la memoria histórica para la mayoría de los españoles es eso, historia, y solo la falta de propuestas reales por parte de algunos dirigentes políticos explica, que no justifica, la utilización de lo peor de nuestro pasado para de nuevo dividir, polarizar y fomentar el enfrentamiento entre compatriotas en lugar de construir una España más moderna en una Europa más fuerte.

Es lo que hay, pero pienso que, para Quinto de Ebro, un Centro de interpretación de la batalla sería un complemento perfecto a ese novedoso Museo de momias que multiplicaría las posibilidades de la economía local.

[i] http://www.griegc.com/2017/10/01/la-batalla-de-quinto/

[ii] Término por el que se nombra en Aragón a las superficies o plataformas estructurales. Se trata de superficies más o menos elevadas, de suelo poco desarrollado, rocoso o pedregoso, y por tanto, pobre en vegetación. y que han sido recortadas por ríos o ramblas que forman profundos desfiladeros o gargantas.

[iii] https://momiasdequinto.es/

[iii] Salamanca llego en marzo del 89 y falleció un año después de fiebres según el parte médico pero su lucha contra la rampante corrupción en la administración de la isla hace que algunos no descarten el veneno como causa probable de la muerte.

[iv] http://dbe.rah.es/biografias/6043/manuel-de-salamanca-negrete

[vi] http://www.eldesastredel98.com/capitulos/trocha.html

[vii] https://www.castillosdeespaña.es/es/content/los-angeles-torre-de

[viii] http://repdiv.blogspot.com/2019/04/los-gudaris-de-ayer-el-pnv-de-siempre.html

[ix] http://www.requetes.com/rusos.html

Raúl Suevos

A 6 de febrero de 2020


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