sábado, 8 de agosto de 2020, 08:38
Desde
Desde

Orden de Alcántara

|

04   03   Orden de Alcu00e1ntara


Estimadas autoridades, representación del Ateneo Mercantil de Valencia, damas, caballeros, amigos y asistentes todos a esta tercera conferencia de la segunda parte del ciclo de conferencias que el Ateneo y yo mismo, vamos a dedicar a las grandes órdenes de caballería, militares y hospitalarias. Sed bienvenidos y espero/esperamos, que esta serie de conferencias sea del agrado de todos, pues con ella nos hemos propuesto acercar al gran público este mundo, a veces un tanto desconocido.

Quiero agradecer a doña Carmen de Rosa Torner, presidente de la Casa donde nos encontramos, el Ateneo Mercantil de Valencia, y a toda su Junta Directiva por amparar y apoyar este ciclo de conferencias. También quiero agradecer a todos los amigos que hoy estamos llenando esta gran Sala Sorolla, pues sin todos ustedes, sin todos vosotros, todo nuestro esfuerzo no tendría sentido.

Esta tercera conferencia de esta segunda parte del ciclo, está dedicada a la Orden de Alcántara, la cual, el nombre más completo que ha tenido en alguna ocasión, ha sido, Orden de Caballería de Alcántara, aunque ha pasado a la historia tan sólo como la, Orden de Alcántara.

Comenzaré diciendo que, el cronista y Prior de Alcántara, Alonso de Torres y Tapia, el cual escribió en 1763 la «Crónica de la Orden de Alcántara», nos dice que, en 1156, en lo que hoy es Cáceres, durante el reinado del rey Fernando II de León (1137-1188), un grupo de caballeros salmantinos curtidos en la lucha contra los musulmanes, cuyo líder era Suero Fernández Barrientos, se conforman como una Cofradía de Armas. Estos caballeros, que mostraban una gran devoción a San Julián, se establecieron cerca de una pequeña Iglesia en Pereiro, a orillas del río Côa.

Posteriormente, entre 1159 y 1164, Suero Fernández solicita una Regla al obispo de Salamanca, Ordoño, y al ser este de la Orden del Císter, le dio dicha regla, creando con ello la, Orden de San Julián del Pereiro, siendo Suero Fernández Barrientos el primer Maestre de la misma.

Pero, hay otra versión que cuenta que, la Orden de San Julián del Pereiro, fue creada en 1093 en las riberas del río Côa, en la Beira Alta de Portugal, por el conde Enrique de Borgoña (1066-1112). Tomando como blasón, un peral silvestre sin hojas, y con las raíces descubiertas, sobre campo de oro.

Y, como no hay dos sin tres, hay una tercera versión de esta historia, que nos la comenta el Doctor en historia medieval, Luis Corral Val (1957), el cual afirma que, no hay constancia de un documento real o una bula papal concedida a la Cofradía de Armas, antes de enero de 1176. Y, habla de Suero Fernández en estos términos:

«A la vista de tales omisiones, podemos deducir que Suero de Salamanca fue una figura imaginaria cuya existencia el rey Fernando II de León desconoció.»

Apuntando además que, a juzgar por los documentos existentes, el verdadero fundador de la Orden de San Julián del Pereiro, fue Gómez Fernández Barrientos, habiendo quien sostiene que, Suero y Gómez Fernández, fueron hermanos.

Por tanto, según Luis Corral Val, la Orden de San Julián del Pereiro se creó en 1177, fecha en la que el papa Alejandro III (¿?-1181) mediante una bula, reconoce a la hermandad del Pereiro como Orden, pasándose a nombrar desde ese momento, Orden de Caballería de San Julián del Pereiro, y a sus miembros, Sajulianistas.

De todas maneras, aun para los historiadores que sitúan a Suero Fernández como primer Maestre de la Orden del Pereiro, tras la muerte de éste en una refriega contra los musulmanes, en 1174 se nombró Maestre a su hermano Gómez, cosa que, en cierto modo, viene a desmontar la hipótesis de Corral Val.

Esta diferencia en la forma en cómo se creó la Orden de San Julián del Pereiro, la cual poco tiempo después tomaría el nombre de Orden de Alcántara, estriba en que, aunque es una de las cuatro grandes órdenes españolas, se conservan muy pocos documentos de ella, pues diversos incendios y expolios, han hecho que se perdieran gran parte de la documentación original, y, por tanto, de la documentación fiable.

Mas, fuera como fuere el inicio de la Orden de San Julián del Pereiro, todos los historiadores coinciden en que fue confirmada por el papa Alejandro III, mediante una bula del 29 de diciembre de 1177, y que de esta Orden proviene la de Alcántara.

El monasterio de San Julián, donde tuvo su primera sede la Orden de San Julián del Pereiro, también incluía un hospital en su recinto, y estaba ubicado en un lugar tranquilo y aislado, pero, a la vez, cerca de tierras musulmanas.

En 1183, el papa Lucio III (1100-1185), eximió a la Orden de la jurisdicción del obispado, pasando a depender directamente del papa. En este momento, la Orden incrementa sus privilegios y propiedades, y, además, abandonaron la Regla cisterciense para tomar la Regla benedictina.

Es preceptivo comentar que, la bula del papa Alejandro III de 1177, nombra a Gómez Fernández Barrientos, Prior de la Orden. Y la bula del papa Lucio III de 1183, lo nombra Maestre de la Orden. Esto le dio a la misma un carácter religioso, a la vez que militar, aunque este ya lo tenía desde sus inicios.

La Orden de San Julián del Pereiro, se expandió y, seguramente invitada por el rey Alfonso VIII de Castilla (1155-1214), llamado «el de las Navas», o «el Noble», llegó al reino de Castilla, donde le ofrecieron Trujillo para establecerse, y que así la Orden pasara a denominarse Orden de Trujillo.

 Mas, lo que sí parece cierto según los historiadores Luis Corral Val y Luis del Mármol Carvajal (1524-1600), es que, en 1188, se conformaron dos ramas de la Orden, una en Pereiro en el reino de León, y otra en Trujillo en el reino de Castilla, pero ambas ramas constituían una sola Orden, la Orden de San Julián del Pereiro, aunque en alguna ocasión puntual en Castilla, se le llegara a denominar como Orden de Trujillo. Además, es procedente apuntar que, en ambas ramas tuvieron siempre el mismo Maestre, Gómez Fernández Barrientos.

Pero existe otra hipótesis, la que aboga por que la Orden de Trujillo, nació como una Orden independiente a la Orden de San Julián del Pereiro. Pero aun sin conocerse cuándo, esta misma hipótesis apunta a que la Orden de Trujillo, se uniría a la de los sanjulianistas.

Ahora bien, el 19 de julio 1195 las tropas cristianas del rey Alfonso VIII de Castilla, fueron derrotadas por las tropas almohades del califa Abū Ya'qūb Yūsuf al-Mansūr (1160-1199), más conocido como, Yusuf II, en la Batalla de Alarcos, y los musulmanes tomaron Trujillo, Santa Cruz y otras plazas estratégicas.

Mas, a pesar de la pérdida de Trujillo, en 1196 el rey Alfonso VIII, les entregó a los sanjulianistas, propiedades en Ronda, en las inmediaciones de Talavera.

Pocos años después, el rey Alfonso VIII, pudo resarcirse con creces de la derrota de Alarcos, con la victoria cristiana sobre los almohades en la Batalla de las Navas de Tolosa, acaecida el 16 de julio de 1212.

De otro lado, el 17 de enero de 1214, el rey Alfonso IX de León (1171-1230) recuperó definitivamente Alcántara de manos musulmanas, y a partir de este momento, el rey leonés trató de atraerse a la poderosa Orden de Calatrava, cuyas posesiones las tenían en Castilla, para que en caso de conflicto castellano-leonés, dicha orden no combatiese a favor del rey Alfonso VIII de Castilla.

Así, en mayo de 1217, el rey Alfonso IX de León le concede la villa y fortaleza de Alcántara a la Orden de Calatrava para que se asentaran allí y fundaran un convento para servir al rey leonés.

Sin embargo, sorprendentemente, los calatravos en 1218 deciden abandonar esta plaza, y la obediencia al rey Alfonso IX de León, y formalizan un acuerdo con la orden leonesa de San Julián del Pereiro, por el que cedían todas sus posesiones en el reino de León a los sanjulianistas, para que instalaran en Alcántara su sede conventual central, y asumieran los servicios que el rey leonés encomendó inicialmente a la Orden de Calatrava.

Se desconocen las razones de esta decisión calatrava, pues estaban muy bien asentados en las tierras del sur de Castilla. Pero, lo cierto es que, este acuerdo favoreció e impulsó a la Orden de San Julián del Pereiro, aun a costa de que este acuerdo significara una cierta subordinación a la Orden de Calatrava, pues la Orden de San Julián del Pereiro se comprometió a recibir la visita del Maestre de la Orden de Calatrava y acatar su obediencia, y, el visitador entre sus funciones, tenía la de vigilar el cumplimiento de la vida conventual. La Orden de Calatrava, a cambio de esta supeditación, les cedió la villa de Alcántara y, además, todas sus posesiones, escrituras, privilegios y bienes muebles en el reino de León.

En ese momento, la Orden pasó a denominarse, Orden San Julián del Pereiro y Alcántara, y adoptaron como emblema el peral con las trabas, y acolada la cruz flordelisada.

Este extremo lleva a la dicotomía de que, los cronistas alcantarinos hacen hincapié en negar esa subordinación. Pero los cronistas calatravos, por el contrario, hacen hincapié en que la Orden de Alcántara estuvo supeditada a la de Calatrava.

Pero igual no les falta razón a los calatravos, pues en 1187, cuando el papa Gregorio VIII (1100-1187), confirmó las posesiones de la Orden de Calatrava, incluyó entre ellas el Pereiro, situado entre Ciudad Rodrigo y Troncoso, como podemos leer en el documento siguiente:

«In puibus haec orooriis duximus exorimenda vocabulis: (...) El Pererii. inter Civitatem Rodriga et Troncoso cum omnibus possessionibus et pertinentiis suis ...»

Los calatravos identificación «El Pererii» con San Julián del Pereiro. Sin embargo, los alcantarinos dudan de esa identificación.

Lo cierto es que, ambas órdenes, Alcántara y Calatrava, fueron órdenes separadas, con sus respectivos maestres e independencia propia. Aunque sí que existieron pleitos y desavenencias entre ellas.

Una de las mayores desavenencias, fue por el derecho de visita de los calatravos a los alcantarinos, algo que a estos últimos no agradaba, pues desde el punto de vista alcantarino, las visitas del Maestre de Calatrava, que no fueron tantas ni mucho menos continuas, eran un signo del legítimo control de la Orden de Calatrava sobre la Orden de San Julián del Pereiro y Alcántar. Mas, la verdad es que, no hay noticia de ninguna visita del Maestre de Calatrava, antes de 1318, y en realidad ese derecho se fue debilitando paulatinamente por el cuantioso tiempo transcurrido para ejercerlo efectivamente.

La denominación definitiva de Orden de Alcántara, se instituyó durante el maestrazgo del Maestre Fernando Páez, que se extendió desde 1284 hasta 1292, y fue cuando el convento de San Julián del Pereiro y el resto de las posesiones de la Orden en el reino de Portugal se convirtieron en una encomienda de la Orden, con su correspondiente comendador, quedando el Maestre tan sólo con solo el título de Maestre de Alcántara.

La Orden de Alcántara adoptó como insignia el peral, símbolo del Pereiro y dos trabas a semejanza de las de la Orden de Calatrava.

La recién nombrada Orden de Alcántara, como todas las órdenes de esta época, tenía un marcado carácter religioso, representado por los monjes con vida conventual, y un marcado carácter militar, ejercido por los caballeros, amparados por el rey leonés Fernando II, el cual les ofreció su protección.

Los caballeros de la Orden de Alcántara seguían la regla de San Benito (¿?-547), debiendo hacer votos de pobreza, obediencia y castidad, pero por bula del papa Pablo III (1468-1549), de 1540 se les permitió poder casarse y testar.

Trujillo fue reconquistado definitivamente por el rey Fernando III (1199-1252), llamado «el Santo», el 25 de enero de 1233, y con ello, la Orden de Alcántara reclamó sus antiguos derechos sobre Trujillo, pero el rey Femando III, en lugar de atender sus reclamaciones, les concedió la villa y el castillo de Magacela en compensación por cualquier derecho que pudieran tener, o hubieran tenido sobre Trujillo.

Como apunte histórico, comentar que, en este fragmento de la donación de Fernando III, aún se nombra a la Orden como, de Alcántara y del Pereiro:

«Fado chartam danationis, concessionis, canfirmationis, et stabilitatis Deo et ordini de Alcántara et de Perero (…)»

El rey Fernando III conquistó Córdoba en 1236, y le donó a la Orden las villas de Benquerencia y Esparragal, esta última conquistada por los templarios. Su señorío, no obstante, se completaría con la donación de los castillos de Eljas en 1302, y de Villanueva de la Serena en 1303, teniendo bajo su jurisdicción buena parte de las actuales provincias de Cáceres y Badajoz. Este fue el momento de máxima expansión de la Orden.

La Orden participó en la conquista de Andalucía, y por ello, en 1285, recibió en estas tierras, de manos del rey Sancho IV de Castilla (1258-1295), llamado «el Bravo», las donaciones de los castillos de Morón y Cote y el lugar de Arahal, aunque en 1462, la Orden permutó con Juan Fernández Pacheco y Téllez Girón (1419-1474), estas posesiones, por las de Salvatierra, Villanueva de Barcarrota y el castillo de Azagala. Aunque otros historiadores piensan que el trueque fue con Pedro Girón de Acuña Pacheco (1423-1466), hermano del anteriormente citado.

Los alcantarinos mantuvieron en Andalucía, la encomienda de Heliche, formada por los donadíos de Heliche y Cantullán, cuya existencia se remonta, como mínimo, a 1310, aunque se cree que la Orden tuviera esa encomienda antes de esta fecha.

Además, la Orden, en algún momento de su historia, también tuvo estas posesiones de:

Alcántara. Trujillo. Monzón. Zalamea. Santibáñez. Alcantarilla. Medellín.

Portezuelo, tras ganarle un pleito a la Orden del Temple.

Valencia de Alcántara, conquistada en 1220.

Magacela. Conquistada en 1231.

Navasfrías, donada por el rey Alfonso IX.

Además, la Orden tuvo dos grandes señoríos: Uno de ellos situado en el oeste de la provincia de Cáceres, entre la Sierra de Gata y Alcántara. Y el otro, en el este de la provincia de Badajoz, en la Serena.

Las relaciones entre los alcantarinos y los templarios hasta comienzos del siglo XIV fueron muy conflictivas, alcanzando su punto álgido en 1308, pero todo acabó con la disolución definitiva de los templarios en el Concilio de Vienne, realizado entre el 16 de octubre de 1311 y el 6 de mayo de 1312, lo que, permitió que la Orden de Alcántara se quedara con algunos bienes de los templarios, como el castillo de Alconchel, cosa que no sentó muy bien a otras órdenes, como la Orden de Malta.

La Orden participó, entre otras acciones guerreras, en:

La Batalla de Arganal, contra los portugueses.

La victoria de Ciudad Rodrigo, contra los almohades.

La toma del Castillo de Almeida.

Intervinieron en la batalla civil de Castilla.

En la toma del castillo de Almeida, efectuada con auxilio de los caballeros de Santiago.

En la toma de Valencia de Alcántara, Badajoz, Trujillo, Magacela, Zalamea, Medellín, Toledo, donde, en 1365, murió el Maestre Gutierre Gómez.

Y en la toma de Granada, que fue el último hecho de armas en el que participó como Orden independiente.

En 1411 se realizó en Ayllón un Capítulo general, en el cual se trató la regulación de la vestimenta de la Orden, la cual se plasmó en una bula del papa Benedicto XIII (1328-1423). Así, a petición de la Orden, les concedieron la supresión de la capucha y de los escapularios. Además, se dice literalmente en la bula:

«Que las personas de la orden trayan el ábito descubierto. De la honestidad del vestir. De los colores de las ropas y que no sean muy cortas nin mucho Gallego Blanco».

Los miembros de la Orden de Alcántara debían vestir una túnica de lana blanca muy larga y capa negra, la cual sustituían por un manto blanco en las ceremonias solemnes.

Abandonaron como blasón el peral silvestre sin hojas y con las raíces descubiertas de los originarios caballeros del Pereiro, sobre campo de oro. Y, adoptaron como blasón la llamada, Cruz de Alcántara, siendo esta una cruz de brazos de igual longitud, de sinople, flordelisada en sus extremos.

Como apunte histórico comentar que, en el capítulo XIV de su Estatuto, se establecía que:

«Ningún caballero fuese osado de recibir los sacramentos sin el manto blanco capitular, que debía ser también su sudario».

La Orden comenzó a caer en decadencia, y tuvo grandes discordias interiores, pero, consiguió volver casi a su antiguo vigor gracias al Maestre Juan Zúñiga, nombrado en 1473.

Mas, la Orden perdió totalmente su razón de ser con el fin de la reconquista española en 1492, pues ya no se requerían sus servicios de armas, así, muy pronto comenzó a desempeñar otros fines muy diferentes de los fundacionales.

Y, en ese mismo año 1492, el rey Fernando II de Aragón (1452-1516), llamado «el Católico», consiguió del papa Alejandro VI (1431-1503), uno de los tres papas de la dinastía Borja valenciana[1], la concesión del título de Maestre de la orden con carácter vitalicio. La petición le fue concedida, y la Orden de Alcántara, fue incorporada a la Corona de España en 1494, siendo reyes, los Reyes Católicos, el rey Fernando II de Aragón, y la reina Isabel I de Castilla (1451-1504), al igual que habían sido incorporadas a la Corona, las Órdenes de Santiago y Calatrava, y su último Maestre, Juan Zúñiga fue nombrado Cardenal Arzobispo de Toledo.

Desde su incorporación a la Corona de España, como señala el profesor Manuel Fernando Ladero Quesada (1957), la Orden tuvo un carácter estrictamente nobiliario, donde tenían mayor relevancia los aspectos religiosos y honoríficos.

En el momento de la incorporación a la Corona de España, los territorios alcantarinos comprendían parte de la actual provincia de Cáceres en su límite con Portugal, las estribaciones de la Sierra de Gata y gran parte de la zona oriental de la provincia de Badajoz, como la comarca de La Serena. Una extensión aproximada de 7.000 km², sin incluir las posesiones que tenían en Andalucía y Castilla.

En 1522, el papa Adriano VI (1459-1523), le concedió al rey Carlos I de España (1500-1558), llamado «el César», los títulos de Gran Maestre de las tres órdenes militares de España, Santiago, Calatrava y Alcántara con carácter hereditario, dando con esto un paso más allá de la concesión que le dieron al rey Fernando II.

Actualmente el Gran Maestre de la Orden de Alcántara, es su Majestad el rey Felipe VI.

La Orden tuvo como fines fundacionales:

- La lucha contra los musulmanes durante la Reconquista de España.

- Lograr la estabilidad y control en los territorios recuperados.

- La defensa de la fe.

Los Caballeros de la Orden de Alcántara fueron liberados del voto de celibato por la Santa Sede en 1540, y la pertenencia a la Orden se convirtió en honor que utilizó la corona española, para recompensar a los nobles.

El gobernador de la Orden de Alcántara el 14 de julio de 1571, cuantificó las posesiones de la Orden de la manera que a continuación se expone:

El partido de Alcántara, con 14 pilas y 3580 almas.

El partido de Villanueva de la Serena, con 19 pilas y 5710 almas.

El partido y gobernación de Valencia de Alcántara, con 6 pilas y 1920 almas.

El partido de Sierra de Gata, con 15 pilas y 2695 almas.

Y hasta la ocupación francesa en 1808 la Orden poseía:

35 Encomiendas.

53 villas y aldeas.

2 conventos de comendadores.

1 colegio en Salamanca fundado en 1552.

En 1546 se autorizó el casamiento de los caballeros, que sustituyeron el voto de castidad por el compromiso de defender el dogma de la Inmaculada Concepción. Este privilegio, lo tuvo la Orden de Santiago desde sus inicios.

Pero ya, bajo la dominación francesa, en 1808, se le confiscaron las rentas a la Orden, aunque le fueron devueltas parcialmente en 1814, después de la Restauración del rey Fernando VII.

En la década de 1830, la monarquía liberal, toma parte de las propiedades de la Orden, pero siendo reina de España Isabel II (1830-1904), llamada «la de los Tristes Destinos», o, «la Reina Castiza», mediante un Real Decreto de 7 de abril 1848, se le restauraron a las cuatro grandes órdenes de España (Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa), la mayoría de los beneficios.

Y en el Concordato de 1851, que fue un tratado firmado entre España y la Santa Sede, se les permitió, a las cuatro órdenes militares citadas, la jurisdicción eclesiástica sobre sus territorios, mientras que, como titular de la jurisdicción quedó el Rey, o, la Reina.

Llegamos a la Primera República Española, que se extendió desde el 11 de febrero de 1873, hasta el 29 de diciembre de 1874, la cual abolió todas las órdenes militares. Mas, el papa Pío IX (1792-1878), mediante la bula Quo Graviu, de 14 de julio de 1873, transfirió la administración de los beneficios de las jurisdicciones eclesiásticas de las órdenes abolidas, a las diócesis más cercanas. El presidente de la República, Francisco Serrano y Domínguez (1810-1885), duque de La Torre, vio esto como una concesión del papa, y restableció las órdenes militares y su órgano rector: el Tribunal.

Y de nuevo siendo España un reino, con el rey Alfonso XII de España (1857-1885), llamado «el Pacificador», este, restauró la Orden de Alcántara el 13 de enero de 1875.

Un Real Decreto del 18 de febrero de 1906, introdujo algunas modificaciones en la normativa reguladora del Tribunal Metropolitano y del Consejo, que fueron las últimas regulaciones formales introducidas antes de la caída de la monarquía en 1931.

El rey Alfonso XIII de España (1886-1941), llamado «el Africano», obtuvo de facto la aprobación del título de Gran Maestre y Administrador Perpetuo, cuando la Santa Sede confirmó ciertas regulaciones en 1916. Aunque cabe recordar que, en 1522, el papa Adriano VI le concedió al rey a Carlos I de España, el título de Gran Maestre de la Orden con carácter hereditario.

La Segunda República Española, que se extendió desde el 14 de abril de 1931, hasta el 1 de abril de 1939, suprimió las órdenes mediante un decreto del 29 de abril de 1931, y disolvió el Tribunal, pero no mencionaron el Consejo de las Órdenes Militares, dejando la situación jurídica de este cuerpo intacto.

La represión de las órdenes, provocó una protesta inmediata por parte del Cardenal primado ya que el carácter religioso de estas órdenes fue reglamentado por el Concordato de 1851. Así, el Ministerio de Guerra, modificó el decreto anterior con el decreto del 5 de agosto de 1931, por el cual declaró las cuatro órdenes sujetas a la ley española, como asociaciones y nombró una Junta o Comisión Provisional, a la que dio personalidad jurídica en lugar del Consejo.

Además, también tuvo que padecer la Orden, el trienio liberal de 1820 a 1823, y las desamortizaciones, sobre todo la de Mendizábal en 1836.

Juan de Borbón y Battenberg, conde de Barcelona (1913-1993), padre del rey Juan Carlos I de España (1975), fue nombrado oficialmente por su hijo en 1978, Dean Presidente del Real Consejo de las Órdenes de Caballería de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa. Y tras su muerte, el Gran Comendador de la Orden de Alcántara, el Infante Carlos de Borbón-Dos Sicilias y Borbón-Parma (1938-2015), duque de Calabria, fue nombrado su sucesor.

Las dignidades de la Orden de Alcántara son en el ámbito militar:

- Gran Maestre.

Encabezaba la orden tanto en la guerra como en la paz y reunía en su persona todo el poder.

- Comendador Mayor.

Autoridad superior de los comendadores de cada encomienda.

- Clavero.

Era quien se hacía cargo de la custodia de las puertas del convento.

- Alférez.

- Caballeros.

- Escuderos.

- Mayordomos.

Y en el ámbito religioso las dignidades eran:

- Los priores de Mazarela, Zalamea y Rollán.

Como sacerdotes ordenados, ejercían la «potestas clavium», es decir, el poder de las llaves en el orden y la jurisdicción.

- Sacristán Mayor.

En los primeros tiempos, era el máximo responsable de la custodia de los vasos sagrados, ornamentos, sello de la Orden y otros tesoros.

- Sacristanes subordinados

- Vicarios.

- Arciprestes.

- Capellanes del Maestre.

- Clérigos.

- Monjas alcantarinas.

También contaba la Orden con los Familiares, los cuales se ligaban a la Orden donando sus bienes. Eran bienhechores, mecenas.

Otro órgano de control de la Orden, era el Grupo de los Ancianos. Formado por las principales dignidades seglares y eclesiásticas. Según el doctor en historia Félix Chamorro, los componentes de este órgano de gobierno eran: el comendador mayor, el clavero, el prior de Alcántara y el de Magacela y los que hubieren sido definidores, visitadores, gobernadores, procuradores y tesoreros, además de las personas del Consejo del maestre que tuviesen el hábito de la Orden.

Es de mencionar que la villa de Alcántara y su territorio, alcanzó gran prosperidad mientras la Orden de Alcántara estuvo en ella. La industria contaba con fábricas de paños, de sayales, de jergas y de lienzos. El comercio se realizaba principalmente en Lisboa, y, sirviéndose de barcas grandes y veleras exportaba curtidos, calzado, lienzos, cera, ganados, granos, pasas y vinos.

Para ingresar en la Orden de Alcántara, se debía probar en sus cuatro primeros apellidos ser hijodalgo de sangre a fuero de España, y no de privilegio, con escudo de armas, de acreditación fehaciente, también por las cuatro líneas, y ser descendiente de casa solar[2] él, su padre, madre y abuelos, sin haber tenido ninguno de ellos oficios viles, mecánicos o industriales. Tampoco podía ingresar quien tenga raza ni mezcla de judío, moro, hereje, converso ni villano, por remoto que sea, ni el que haya sido o descienda de penitenciado por actos contra la fe católica, ni el que haya sido o sus padres o abuelos procuradores, prestamistas, escribanos públicos, mercaderes al por menor, o haya tenido oficios por el que hayan vivido o vivan de su esfuerzo manual, ni el que haya sido infamado, ni el que haya faltado a las leyes del honor o ejecutado cualquier acto impropio de un perfecto caballero, ni el que carezca de medios decorosos con los que atender a su subsistencia.

Y, aun así, quien ingresaba, debía pasar un período de prueba y formación que les daba a conocer la regla de la Orden y los votos monásticos.

La Orden celebraba capítulos de variada naturaleza, como provinciales y generales, y de estos últimos hay bastante información, gracias a los historiadores Miguel Ramón Zapater (1628-1674), José López-Rey (1905-1991) y el ya citado Alfonso de Torres y Tapia.

Hubo capítulos generales en los años:

1218 Durante el maestrazgo de Nuño Fernández de Temes.

1385 Durante el maestrazgo de Martín Yáñez de la Barbuda.

1411 En Ayllón, durante el maestrazgo de Sancho de Aragón y Castilla.

1432 En Alcántara, durante el maestrazgo de Juan de Sotomayor.

1483 y 1488 En Plasencia, durante el maestrazgo de Juan de Zúñiga.

1495 En Burgos, también durante el maestrazgo de Juan de Zúñiga.

Aunque no se conserva, la Orden de Alcántara tenía su propio libro de oraciones con sus correspondientes horas canónicas. El rezo del oficio divino era conmutado, para los iletrados y los caballeros en campaña, por la oración de padrenuestros por cada hora canónica.

Las prácticas penitenciales, como ayunos, abstinencias, y mortificaciones vanas, no eran observadas muy estrictamente, y los ayunos y abstinencias de carne eran especialmente permisivos para los caballeros que iban a entrar en combate, pues debían tener sus fuerzas intactas para salir victoriosos.

Y para concluir, comentar que tan sólo las ramas femeninas de las órdenes militares han llegado hasta nuestros días como órdenes religiosas aún vigorosas, aunque de las hermanas de la Orden de Alcántara, ya no conservan conventos.

Con esto amigos, he realizado un breve paseo a través de la historia de la Orden de Alcántara, que espero que haya sido de su agrado.

En la próxima conferencia, la cuarta de esta segunda parte del ciclo, y que impartiré Dios Mediante el día 7 de enero de 2020, hablaré sobre la Real Orden de Caballeros de Santa María de El Puig.

Espero que esta conferencia haya sido de su interés, y les emplazo a todos a asistir a la siguiente, y hasta entonces, tengan, todos, una buena vida.

Bibliografía

Libros

de Torres y Tapia, Frey Alonso. Crónica de la Orden de Alcántara, Imprenta de don Gabriel Ramírez, 1768.

Corral Val, Luis. La Orden de Alcántara: Organización institucional y vida religiosa en la edad media (Volumen I). Tesis doctoral. 1998.

Benito Ruano, E. La investigación reciente sobre las Ordenes Militares hispánicas. A. Cidade de Evora. 1976.

Simón Galindo, M. Esbozo bibliográfico de Alcántara y comarca. Anales de Adeco.

Alcántara, 1987.

Palacios Martín, B. Alcántara, villa de frontera. Anales de Adeco. Alcántara 1987.

Novoa Portela, Felician. La historiografía sobre la Orden de Alcántara en la Edad Media (siglos XII-XIV). Hispania Sacra.

Viña Brito, ana. Don Pedro Girón y los orígenes del Señorío de Osuna. Universidad de La Laguna.

Pastor Muñoz, Antonio. «Potestas clavium» En Santo Tomas de Aquino.

Webs

Wikipedia

Ordenes Militares .es

Biombo histórico

El Gran Capitan.org

Otros

O’ Callaghan, J. E. The Foundation of the Order of Alcántara. 1176-1218. Cathotic Historiad Review XLII. 1962.

Lomax, D. Las milicias cistercienses en el reino de León. Hispania XXIII. 1963.

Pinto de Azevedo, R. A Ordem Militar de S. Juliáo de Pereiro depois chamada de Alcántara. Anuario de Estudios Medievales Xl 1981.

Ladero Quesada, Manuel Fernando. La orden de Alcántara en el siglo xv. Datos sobre su potencial militar, territorial, económico y demográfico. En la España Medieval. 1982.

Linage Conde, A. Tipología de la vida religiosa en las Órdenes Militares. Anuario de Estudios Medievales Xl. 1981.

Juan Benito Rodríguez Manzanares




[1] Los tres Papas de la dinastía de los Borja valencianos fueron, Calixto III, nacido como Alfonso de Borja. Alejandro IV, nacido como Rodrigo Borja Lanzol. Inocencio X, nacido como Giovanni Battista Pamphili, tataranieto de Juan Borja.



[2] La casa solar es la primera casa donde una persona portó el apellido que se estudia en heráldica.


Sin comentarios

Escribe tu comentario




No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.