viernes, 5 de junio de 2020, 09:07
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Nunca contrariarse

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Ilustracion22


 En la vida hay que ser como el agua, que ante los obstáculos que se le presentan siempre busca un saluda hacia el mar, su destino metafísico.  Para luego metamorfosearse en vapor de agua (nubes) y volver a precipitarse sobre la tierra, a veces convertida en huracán, ciclón, furiosa DANA coma la apocalíptica de nombre “Gloria” de estas últimas semanas.

    Muchos de los proyectos que tenemos en la cabeza o iniciamos, pocas veces llegan a la meta, simplemente porque nos contrariamos a la menor dificultad, al menor obstáculo damos la vuelta (no luchamos), o en cuanto nos piden un documento oficial, o nos dicen que no en el primer banco que pedimos un préstamo o el que nos digan que no repetidas veces, es lo normal en la vida: retroceder. Recuerdo que hace unos años, me mandaron un correo electrónico para decirme que mi  libro de relatos Perito en Pecados no le había gustado. No se puede contentar a todo el mundo.     Es como Picasso, no le gusta a todo el mundo y es un genio de la pintura. Ante las noticias negativas yo no me contrarío, porque te lo dicen, precisamente para ello, para que te contraríes ante las críticas adversas, pero cuando tienes muchas actividades, y muchos libros publicados es lo normal, que a unos le guste y a otros no, y no pasa absolutamente nada. Todo depende del gusto del lector.

     Hace unos días pedí una sala para un hacer un acto cultural y me dijeron que esta todo ocupado para el mes de marzo, no me achiqué, porque la pedí en otro lugar y me la han dado.  Las contrariedades las dejé pasar como algo natural, tú no puedes escribir o pintar para que le guste a todo el mundo, esto sería anormal. Una estrella en un libro de Amazon, no nos puede desanimar. Estos avisos son siempre anónimos, y por ende (por tanto) envidiosos. Pasa con Facebook, si no te gusta una foto o una noticia te callas y no pones: “me gusta” se acabó la historia y a otra cosa mariposa.

    No hagas personal todas las batallas, además del yo existe el tú, el ellos y el nosotros. Porque cuando me mira por el canto de una caña, el mundo se verá pequeño. Por eso nunca te contraríes, busca otras soluciones, sé flexible y tolerante, excepto si te meten el dedo en el ojo. Esta praxis de la que hablo en mi libro “Tus zonas de éxito” es una de las cien normas de las que expongo. Experiencias de quien pasa de los setenta años, y en cierto modo más que sabio precavido y algo domesticado para sobrevivir ileso en esta sociedad casa vez más salvaje y liberal, desde el punto de vista ontológico.

     En cambio, hace unos días recibí un elogio de una de mis lectoras Lola Blasco, que me decía que mi novela romántica Al este del cabo de Gata le había gustado mucho y que no dejara de escribir novelas, de lo cual me alegré enormemente y le respondí congratulándome. La vida del artista es así, unas veces recibes malos comentarios y otros buenos, uno se debe recompensar por sí mismo y reconstruirse cada día, y nunca contrariarse por nimiedades. Así me pasa con la pintura, unas veces me rechazan cuadros en los concursos o certámenes de pintura y otras me seleccionan. Pero no por contrariarme voy a dejar de concursar.

      Porque la opinión de un jurado está en función de los gustos de ellos, pero no quiere decir que el cuadro, el libro, o lo poemas sean malos, porque nadie puede conmensurar (no se puede medir) una obra de arte. Quien le iba a decir a Van Gogh, que en vida no vendió un solo cuadro, y hoy día es tan famoso por una serie de circunstancias, y porque su obra es de un impresionismo rompedor y espectacular. Y es que, aunque no lo entienda mucha gente, el arte es provocar, y ser original. Y el escritor norteamericano de origen alemán Charles Bukowski, con un estilo sencillo pero metido en sexo, drogas y alcohol, es un autor de culto. En lo que se ha quedado en llamar «realismo sucio», pero es rompedor como lo fue y es José Marías Mañas con sus Historias de Kronen, del neorrealismo español, premio Nadal en 1994, llevada al cine y que ganó un Goya, fue tal la fama que se tuvo que ir a Francia por 7 años.  

    Lo único que debemos decir, ante una obra de arte, es que nos gusta o no nos gusta, pero nunca que es mala. Eso lo dirá el tiempo, y el futuro que nadie lo puede adivinar.  Debemos reconocer que son las marcas, los nombres de los escritores los que más libros venden, sencillamente porque tienen más presencia en los medios y en las librerías o más ventanas o escaparates físicos o virtuales. Publicar en internet está bien y es necesario para los noveles, pero no es la panacea de un escritor.

     A lo largo de los años he aprendido a hacer las cosas poco a poco, poco a poco he escrito novelas de cerca 500 páginas como El cazados del arco iris y, a la vez, he leído El Quijote, varias veces, y otras novelas o ensayos y he ilustrado el libro de haiku y senryu de Mª Consuelo Giner Tormo, titulado Los cerezos en flor. Para trabajar a largo plazo se necesita calma y organización y trabajo diario sin desaliento, llegarás muy lejos. Es como el estudio de una determinada asignatura, muchos niños y niñas o adolescentes estudiantes fracasan porque no están mentalizados a que han de estudiar lección por lección (una tras otra); es decir, paso a paso, que es el único método que conozco para avanzar en el trabajo como en los estudios. Las asignaturas se van asimilando poco a poco, lección a lección, de lo contrario nos desbordarían porque no se pueden aprender en un día; pero eso sí, sin desfallecer en los intentos, busca camino con el agua.


Ramón Fernández Palmeral, para El Monárquico 


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