miércoles, 3 de junio de 2020, 22:41
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Entender lo que se lee

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Juan Benito Rodríguez

La gran poeta española Concepción Arenal Ponte (1820-1893), compuso una poesía breve, 24 versos distribuidos en seis redondillas, que tituló El sobrio y el glotón, el cual aconsejo su lectura a todo el mundo, y en su última redondilla dice.


Y siempre que a juzgar fuere

la regla para sí tome:

no nutre lo que se come

sino lo que se digiere.


Y este poema me llevó a escribir el presente artículo, el cual trata el tema de que no sólo tenemos que hacer el esfuerzo de leer un par de libros todos los meses, sino que, además, tenemos la obligación, sobre todo para con nosotros mismos, de entender, digerir como dice el poema de concepción Arenal, todo lo que leemos.


Este extremo que parece tan obvio, pues todos tenemos muy claro que cuando leemos un libro lo entendemos perfectamente, en alguna ocasión puede darse la circunstancia de que no sea así, no llegando a entender realmente lo que leemos, ya sea porque leyendo mentalmente leemos más deprisa de lo que podemos asimilar. Ya sea porque leyendo distraemos, como se suele decir, con cualquier mosca que pasa a nuestro lado. Ya sea porque la lectura no es acondicionada a nuestra edad, a nuestros conocimientos, a nuestros gustos... O ya sea por el motivo que fuere.


Entender lo que se lee

Y no me estoy refiriendo a que no hayamos entendido su correcta o la hayamos podido interpretar de forma diferente a la que el autor ha querido expresar en esa novela, pues en no pocas ocasiones, lo que el autor expresa en su novela, no tiene una sola interpretación, sino que esta está abierta a que la imaginación del lector tome parte en el desarrollo final para el correcto entendimiento de la novela.


Me estoy refiriendo a que realmente hay veces en que podemos acabar una novela, y realmente no saber qué hemos leído o no haber entendido la trama. Y eso lo podemos comprobar cuando pedimos a alguien que nos cuente el libro que acaba de leer, y dice, “Un jaleo inmenso. El jardinero parecía malo, pero la verdad es que la hija de la condesa era más mala que él. La condesa guardaba sus joyas en una cajita de nácar, y realmente su marido que aparece muy poco en el libro, es… bueno aparece tan poco que realmente no sé qué pinta en él”. E insistimos, pero, ¿de qué trata el libro?. Un robo. Le han robado a la condesa.


La esencia la ha entendido, pero el desarrollo, por el motivo que fuere, se le ha quedado entre los renglones del libro, comprobando de forma clara que realmente no ha sabido realizar una sinopsis de la novela, y cuando uno no sabe realizar una buena sinopsis de una novela que acaba de leer, es muy probable que no la haya entendido en su justa medida, aunque la esencia la haya entendido.


Para evitar esto hay herramientas que se pueden utilizar, aunque, evidentemente, estas herramientas valen para todos los lectores, aunque entiendan todo lo que lean a la primera y a la perfección.


Una de estas herramientas es leer de manera clara y tranquila para poder diseccionar el libro minuciosamente y facilitarnos su comprensión, sobre todo si estamos en edad escolar que es cuando más necesitamos sentar las bases de realización de una buena lectura y comprensión de lo leído, para que así, podamos adquirir la costumbre de entender cuanto leemos con más facilidad y adquirir unos conocimientos que nos enriquecerán durante toda la vida, pues la época escolar pasa en nuestra vida, pero la época de leer nunca debería pasar en nuestra vida.


Quiero apuntar que para quien le cueste mucho entender los libros que lea, una buena medida es leer despacio y en voz alta.


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Otra herramienta para comprender y asimilar bien todo cuanto leemos, es realizar una primera lectura de la obra de un tirón, sin introducir demasiadas pausas en su lectura, pues si estas son muchas y largas, pueden llegar a hacer que, como se suele decir, perdamos el hilo de la lectura, y con ello, la comprensión de la misma.


Es una buena medida, cada vez que se lee un fragmento de la obra, utilizar unos minutos para repasar lo que acabamos de leer.


Es del todo imprescindible que las palabras o expresiones que no entendamos o no conozcamos, las busquemos en el diccionario para comprender perfectamente la frase y el párrafo donde se encuentra esa frase o expresión, pues de lo contrario, nunca llegaremos a entender bien lo que nos ha querido decir el autor, y eso puede hacer que los párrafos siguientes, e incluso el capítulo entero pierda su sentido real.


Tras la lectura debemos dedicar el tiempo necesario a relacionar todas las ideas que el autor nos ha transmitido, creando en nuestra cabeza una estructura general del libro. Esto hará que el libro entero se ordene en el cerebro y el mismo cobre todo su pleno sentido, y para ello, si fuera necesario, incluso utilizaremos mapas mentales, los cuales permiten agrupar y relacionar ideas de manera totalmente visual.


Tras haber leído la novela, si fuera necesario, debemos volver a leerla de nuevo, pero en esta ocasión, deteniéndonos más en todo aquello que no entendimos demasiado bien en la primera lectura.


Es cierto que esta es una manera más costosa, en tiempo y en esfuerzo, de leer un libro, pero también es una manera mucho mejor, de saber, entender y asimilar lo que acabamos de leer, pues eso, entre otras cosas, es una parte fundamental de la lectura, entender lo que se lee, ya sean lecturas de ocio, como puedan ser las novelas o la poesía, o textos de aprendizaje y de estudio, pues si no llegamos a entender lo que leemos, y estamos en edad escolar, será imposible que podamos plasmarlo en los exámenes.


Otros detalles como buscar un entorno adecuado y sin ruidos que puedan perturbar la lectura, y en un momento que la misma sea la primera y única acción que realicemos, se da por supuesto que todos lo hacemos.


¡Buena lectura!



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Autor: Juan Benito Rodríguez Manzanares

Profesor de lengua valenciana

Poeta, escritor y dramaturgo













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