domingo, 19 de agosto de 2018, 14:07
Elmonarquico2015
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El capricho goyesco de la duquesa de Osuna

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Marife de Miguel 1

Los sinuosos y asombrosos hilos de la vida enhebran historias tejiendo redes en las que nos atrapan y deseamos ser atrapados… No las de la araña metódica y paciente sino la de la palabra, portadora de la llave que abre infinitos cofres repletos del tesoro más anhelado, el saber.


A veces llega a su destino y ni eso hace, pues una vez alcanzado el deseo buscado entreabre una puerta para acceder a otro estadio, es nuestro incansable y eterno aprender, la búsqueda nunca cesa.


El paso del norte a la meseta transita por diversos caminos abiertos tiempo atrás por nuestros antepasados. Uno de ellos, la Vía de la Plata, discurre entre asombrosas e impresionantes montañas que quitan el aliento y demandan atención, la salida de Asturias es un espectáculo a la vista y al alma, pero ésta se duele al ver un paraje yermo y resquebrajado por la falta del maná que nos sustenta, el agua que escasea, las lluvias que no llegan, la nieve que no blanquea tornó el pantano de Barrios de Luna en un paraje vacío y reseco, el esqueleto de sus antiguas construcciones antaño pobladas y hoy durmientes bajo las aguas, salieron a la luz blanqueando cual esqueletos descarnados. El evocador nombre trae a la memoria a sus antiguos pobladores, antiguas y lejanas gestas cuyos ecos perduran traídos y llevados por los vientos que asolan cumbres y valles. 


Pantano Barrios de Luna, Agosto 2017, de Juan Ignacio Morala Rodriguez, profesor del Cislan. La Felguera.



Luna…


La Luna siempre magnética, a veces oculta, a veces muestra. En la salida hacia Castilla mientras conducir se convierte en placer en semejante escenario, surge la pregunta. ¿Qué vincula a esta tierra con Luna en mayúscula? Y esa curiosa pregunta es la chispa necesaria para prender la búsqueda. Los libros, testigos y depositarios de herencias, guardianes de hechos, el registro de los tiempos en ellos descansa y custodios nos legan lo que en mi curiosa pregunta algo dentro despertó el interés sobre esta rama familiar que nutrió su savia al lado de tierra asturiana, entre montaña y tierra leonesa. El Condado de Luna remonta su arraigo al reinado del rey de Castilla Enrique IV. Entre sus herederos, y deslizando la mirada por las páginas de su historia y hechos, prendida la curiosidad como sólo la intuición sabe guiar, una de las pocas mujeres que ostentaron el título de Condesa en esta larga estirpe pausa la mirada en ella y aparece una historia de vida que al contrario de ese pantano que lució yermo y estéril, es fértil y generosa en vivencias. Como en estas cosas de los encuentros suele ocurrir, de la nada aparece una vida, que inspira y construye. Vivir es convivir con lo más sublime y con lo menos, por eso cuando algo se desvela así, como una vida constructiva y presurosa a poner a disposición de las artes y el conocimiento su riqueza, a proteger el Arte y lo que subyace tras él, merece ser recordada.


                 “Duques de Osuna”. Obra de Francisco de Goya. Colección Museo del Prado


Dicen las crónicas de ella, doña María Josefa Alonso Pimentel Téllez-Girón de Borja y Centelles, XVI Condesa de Luna, entre otros abundantes títulos nobiliarios que ostentó en vida XII duquesa de Benavente, XIII duquesa de Béjar, XI condesa de Mayalde, XIII condesa de Lombay, XII condesa de Bailén, XIII duquesa de Plasencia entre otros, que no malgastó su vida en ocios vacíos o en el necesario acto del simple respirar para amanecer día tras día. Dicen las crónicas que tuvo tantas inquietudes culturales que dedicó su tiempo, energía y fortuna a fomentar dichas artes y que no una sino múltiples se daban cita en sus salones reuniendo así el talento y la sensibilidad. Precisa el rico hacer de los artistas lugar acorde con su obra y consciente de ello procede la noble dama a construir lugar que albergue ricas tertulias, exquisitos conciertos, ambiente sereno y receptivo a la delicadeza de la poesía o la sonoridad de la prosa capaz de estimular, excitar los sentidos convirtiendo la palabra en pura alquimia transformadora de sentimientos y provocadora de sensaciones a veces incontroladas. La magia de las palabras radica en ello, en su capacidad de afectarnos sin que nosotros ejerzamos control alguno sobre ellas. ¿Y la vista? ¿Qué decir de un cuadro que en una fracción de segundo desata mil impulsos en nuestra mente interpretando y creando a partir de una imagen universos propios?.


Todo el universo del Arte se da cita pero también las ciencias y el conocimiento, en torno a los cuales, ella, su marido y un círculo de estudiosos dedican tiempo y esfuerzos…eternos buscadores de todos los tiempos.


Fue entonces cuando doña María Josefa en su mecenazgo entendió que sería acertado construir un lugar especial donde todo ello pudiese desarrollarse libremente, expresarse sin pudor ni límite y dar todo de sí abriéndose a su más profundo deseo. Y surgió en su finca de descanso La Alameda, El Capricho… como testimonio sin par. 



                    El Capricho de la Alameda de Osuna. Fotos: Web Ayuntamiento Madrid



Pero este lugar visitable y abierto a todos en Madrid merece un escrito aparte pues su contenido es absolutamente apasionante. En él el observador atento encontrará que su arquitectura y elementos responden a un diseño propios de quien se ha adentrado en una Alquimia antigua y que sus dueños, los Duques de Osuna legaron para ser transmutados en contacto con aquellos elementos que se abren al Conocimiento, laberintos como el que transitamos en vida no exentos de dificultades, en el que nos perdemos una y otra vez para sobre nuestros pasos no cejar en el camino, en busca de su centro, el corazón del mismo donde se guarda el secreto , fuentes que nos remontan a nuestra original fuente eterna, cavernas que nos invitan a adentrarnos en la oscuridad de nosotros mismos, en nuestro inconsciente de sombras para encontrar finalmente la luz, nuestra propia luz, esculturas alegóricas… en fin, el Capricho es en sí un inmenso libro abierto o cerrado según la mirada que lo observe y que encierra mucho más de lo que muestra, no accidentalmente su nombre “El Capricho” ha de responder no a un capricho banal sino al intento de su creadora de ofrecer sino todo, mucho para abrir la puerta a la percepción más profunda de nuestro ser. Una próxima visita traerá imágenes e historia sobre este apasionante lugar que espero sean del gusto del lector.


Para él, para el gabinete de su palacete de recreo, su dueña encargó una serie de láminas inspiradas en la brujería y ¿quién sino el genio de los genios Don Francisco de Goya era el pintor más apropiado? Desde el inicio de su carrera los Duques de Osuna habían tomado bajo su mecenazgo al que con el tiempo se convertiría en uno de los más brillantes pintores españoles. Muchos de los retratos de sus benefactores y familia llevan la firma de Goya. El encargo de estas láminas acorde con el espíritu de la finca a las afueras de Madrid enriquecerían aquellas paredes transmitiendo lo que el artista sin rival y la duquesa deseaban transmitir. “Vuelo de brujas” que el Museo del Prado adquirió en 1997 por 275 millones de pesetas,a modo de dato curioso, decir que el pequeño que aparece sentado en un cojín en el retrato familiar pintado por Goya, fue más tarde director del Museo Real, hoy Museo del Prado. “El aquelarre” y “Las Brujas” que se conservan en la Fundación Museo Lázaro Galdiano, “La cocina de los brujos” que se cree pertenece a una colección privada en México, “El hechizado por la fuerza”, hoy en la National Gallery de Londres y “El convidado de piedra”, en paradero desconocido.


Todas estas obras no son meras representaciones de brujería o láminas creadas para infundir temor, más bien el autor y su mecenas pretendieran transmitir a través de ellas el poder de la mente para confundir o esclarecer la realidad, convirtiendo ésta en fantasía o la fantasía en realidad. Un llamado a la cautela y también a una apertura a aquello que aparentemente la imagen muestra pero que esconde tras un mensaje combatiendo a la ignorancia. No en vano Goya fue incansable e inquieto en su obra pero también en su interior, cuya metamorfosis frente al aprendizaje le llevó a elevarse sobre su ya excelsa obra.


De este camino que no es sino la vida de cada cual hay una corta frase que puede pasar inadvertida allá donde hoy en el museo del Prado se exponen sus fascinantes y magnéticas Pinturas Negras y que subliman su sabiduría sin par, Goya con 82 años y retratándose a sí mismo en forma de anciano escribe: Aún Aprendo”.




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Autora: Marifé Miguel García

Licenciada en Derecho

Dama Gran Cruz de la H.N.M.E.















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