lunes, 19 de noviembre de 2018, 02:29
Elmonarquico2015
Elmonarquico2015

Crónica literaria: Bárbara de Braganza, Reina de España. Historia de un gran amor

|



 Bárbara de Braganza, reina de España. Óleo sobre lienzo de Jean Ranc (1729). Museo del Prado




J.ManuelYribarren

María Magdalena Bárbara Xavier Leonor Teresa Antonia Josefa de Bragança, nació en Lisboa el 4 de diciembre de 1711, siendo hija de Juan V de Portugal y María Ana de Austria y nieta de don Pedro II y del emperador Leopoldo I. Esta egregia descendiente de la Casa de Braganza portuguesa como cualquier niño descendiente de sangre azul o de la alta nobleza, pasó su juventud entre juegos y estudios. Aprendió música, canto, idiomas y labores. Era una buena pianista llegando a conocer a los grandes maestros. Fue mujer hogareña de vida apacible y tranquila. Llegó a hablar además del portugués, español, francés, italiano, alemán y latín.


Ambas cortes, la española y la portuguesa, contribuyeron en gran manera a que se conocieran doña Bárbara y don Fernando, con los años, nuestro rey Fernando VI.


Su talento natural, su carácter y temperamento ganaron enseguida la confianza y el amor del rey Fernando VI, llegando a intervenir en los negocios de Estado. Sus caracteres se acoplaron desde el primer momento de su matrimonio de tal manera que disfrutaron juntos de la paz hogareña, del retiro, y del amor a la soledad.


Doña Bárbara de Portugal, esposa fiel, llegó a tener en la historia de España un papel muy importante, coincidiendo con su amado esposo plenamente en mirar ante todo hacia el interior del país y velar por la paz exterior y bien que lo consiguieron.


Algo no pudieron conseguir, el tener descendencia para poder dar un rey a España.


En una ocasión el embajador inglés en Madrid, Benjamín Keene, dijo al advenimiento al trono de Fernando VI que éste amaría la paz y la tranquilidad tanto como su padre había amado la guerra.


La paz que reinaba en el país hacía posible que todos los día saliera el rey de caza, su gran afición, a lo que rara vez iba acompañado de su esposa al no sentir interés alguno por la caza. La reina dedicaba su tiempo a pasear en coche cerrado o a hacer visitas a conventos y a Nuestra Señora de Atocha .


Dos personas fueron muy estimadas por la reina, el cantante Farinelli y Scarlatti, célebre músico napolitano afincado en España, que contribuyeron a que los monarcas disfrutaran en sus numerosas veladas artísticas. La reina, que nunca gozó de buena salud, algunas veces llegó a obligar a suspender las veladas musicales por los fuertes ataques de tos.


El sincero espíritu religioso de los reyes culminó con la fundación del Monasterio de la Visitación o Salesas Reales, obras que fueron seguidas muy de cerca por los reyes y especialmente por la reina, cuyo costo total de las obras, es decir, monasterio y templo, según el arquitecto Ruiz de Salces debió ser de unos cincuenta millones de reales, ascendiendo el importe de los accesorios a mas de dos millones de reales, aunque según Mesonero Romanos debió ascender a ochenta y tres millones de reales. Tamaña inversión dio lugar a la colocación de pasquines en las puertas del convento por parte del pueblo llano para expresar su descontento, aunque de ahí no pasó la cosa, porque en el fondo el pueblo amaba a sus reyes.


Pero volviendo al amor apasionado que vivieron ambos, solo concluyó con la muerte de la reina, que afectó y mucho al rey, que siempre estuvo tan enamorado de su esposa a pesar de no ser muy agraciada físicamente, entre otras cosas porque tenía su rostro afeado por las señales de la viruela. La verdad es que tampoco se cuidó mucho la reina, que comía en exceso y preferentemente aquellos alimentos que más perjudicaban a su salud a decir de su médico personal.


Doña Bárbara, obesa, de temperamento sanguíneo y flemático, y haciendo nulo ejercicio físico, es lógico que fuera propensa a cualquier enfermedad. Así sucedió con el reumatismo, además del asma, del que sufría fuertes ataques que le impedían estar echada en la cama. De nada servía la medicación que tomaba - no hay que olvidar que estamos en los 1750 - ni las frecuentes sangrías que se le practicaban, ni el cambio de aires cuando se trasladó al Palacio Real de Aranjuez. Y todo ello a pesar de que acudieron a visitarla los más afamados doctores de la época.


Durante todo el tiempo en que la vida de la reina, su amada esposa, se acercaba a su fin, el rey no se separó de su lado, dejando los paseos y dejando la caza, su gran afición. Finalmente, a las cuatro de la madrugada del día 27 de agosto de 1758 expiraba la reina de España doña María Bárbara de Braganza.


El mismo día en que murió doña Bárbara , salió el rey de Aranjuez camino de Villaviciosa de Odón, según parece por iniciativa del Duque de Alba, porque en dicho lugar nada le iba a traer recuerdos de su fallecida esposa, así como porque en las inmediaciones del castillo había bastante caza. Pero poco duró la aparente felicidad del rey, que diez días después del fallecimiento de su amada esposa empezó a sentir los primeros síntomas del mal que pronto le iba a llevar al sepulcro. Poco o más bien nada colaboró el monarca con los médicos que le atendían llegando a decir, según parece, ¡Para qué seguir!.


Su Majestad Fernando VI entregó su alma a Dios a las cuatro y media del día 10 de agosto de 1759, el año siguiente al que muriera su esposa. Con la muerte de su esposa podríamos decir que todo, excepto la vida, perdió el rey.


Recordando la ya histórica frase de nuestros Reyes Católicos de que: "Tanto monta, monta tanto" podríamos aplicarla al gran amor de doña Bárbara y don Fernando, que solo trajeron bien a España y a los españoles, paz y felicidad, con su acertada política de neutralidad, que dejaron preparado el terreno para que el Rey Carlos III pudiera realizar la gran labor que el destino le guardaba para gloria de España.


Breve pero muy fructífero fue el reinado de don Fernando VI, mejorando todavía más la amistad entre los pueblos español y portugués.


Doña Bárbara de Braganza debe ser recordaba como un ejemplo de amor y fidelidad a su esposo, amante de las artes, buena mecenas y muy moderada en sus costumbres. Esposa y reina ejemplares.


Es una lástima que apenas exista bibliografía de tan egregio personaje, lo cual ha obligado al autor de estas líneas a ir sacando de aquí y de allá cuanto era posible para poder escribir este artículo en homenaje muy merecido a doña Bárbara de Braganza, Reina de España hasta su muerte.





___________________________________________________________

Autor: J.M. Yribarren de Acha y de las Alas Pumariño

Abogado. Escritor

Secretario Nacional de Investigación y Ciencia de la Hermandad Nacional Monárquica de España

Presidente-Delegado de la H.N.M.E. en Alfaz del Pi (Alicante) y Secretario Provincial de Alicante.



















Sin comentarios

Escribe tu comentario




No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.