martes, 27 de marzo de 2018, 09:35
Elmonarquico2015
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El Lazarillo de los peregrinos ciegos

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                                                                     Puente do Burgo, Pontevedra





Xavier Eguiguren

Cantigas de flauta y tamboril, pasos traspapelados marchan en hilera. Algunas conchas se han escondido en la oscuridad.


Las señales improvisadas con cuerpos de saeta, adoptan su sentido más musical y cantan al romero, en ocasiones los mensajes mueren entre las esquinas dobladas de las calles antiguas, y el camino desaparece de la vista.


Signos que besan apasionadamente las fachadas, pierden al caminante. Amanece en la ciudad de Pontevedra, los tórridos amores despiertan ciegos, el color amarillo de una flecha se ha fundido con el azul del cielo que fue ayer, y ambos se desperezan sobre un lecho de piedra antigua, que hoy cumple años. Un peregrino lazarillo camina delante en el puente do Burgo, mientras los mojones del camino se despiertan.


Pequeños espacios del cosmos rural envueltos en madrugadoras brumas. Caminar de caminares a través de los bosques de riberas y prados. Sonrisas paralelas que esbozan las vías del tren, dedicadas a los pies gastados por la fricción. La tercera etapa del camino de Santiago portugués, comienza con un sueño, un eterno abrazo entre las localidades de Pontevedra y Caldas de Reis.


La parroquia de Alba, unida a un miliario, al emperador Caracalla y inevitablemente al paso de la vía romana XIX. Romanticismo y melancolía de reinas. Isabel de Portugal en 1325, caminaba estas mismas venas del camino.


La iglesia de Santa María de Alba, s. XII, de estilo Neoclásico y Barroco. Cruceros, olvidado el primero, el segundo, el tercero, contornos estilizados del último asaltan al viajero.


Parroquias en formación, Cerpozóns, preludio del descubrimiento de un bosque de robles. La vida continúa en el regato do Pozo Negro. Una aldea, Ponte Balbón, refugio de Santiago peregrino, este último muestra el verdadero camino que empieza en Santiago, la vida. Un millar de viñas en Briallos.


Pequeña ruta de aguas y molinos con la vista puesta en el mar, el río Barosa baja impaciente las escaleras caprichosas de Dios.


Fuentes, cruceiros, una aldea de nombre Tivo, abrirá las puertas de la villa de Caldas de Reis, y su robusto y vetusto puente romano, siglo I, tres arcos de medio punto sobre un río, el Bermaña, y las piedras gastadas de un antiguo camino militar romano.


En formación de dos marchan los legionarios romanos por la vía romana XIX.




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Autor: Xavier Eguiguren


















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