domingo, 21 de enero de 2018, 21:18
Elmonarquico2015
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Fernán Centeno “el travieso”, Señor del Castillo de Rapapelo

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                                                                             Castillo de Trevejo




D. Carlos Vidriales García


"A mis estimados amigos; Perico, Reyes y Macarena Sánchez Arjona, y a Marichu y Luly Narváez, todos ellos descendientes de la familia de Fernán Centeno." 






Fernán Centeno “el travieso”. Señor del Castillo de Rapapelo, “el jabalí de los canchales de la Sierra de Gata” 




Genealogía y orígenes


Era Fernán hijo segundogénito del primer matrimonio de Perálvarez Centeno (ca1380-ca1445), Regidor de Ciudad Rodrigo, y Constanza de Porras. Su padre, de linaje portugués asentado en Ávila, paso, junto a sus padres; Diego Centeno (ca1360-ca1425) y María Álvarez, de Ávila, donde estaban radicados, a Ciudad Rodrigo en ayuda del Rey. La familia debía disponer de abundantes medios económicos, de gran predicamento y de extraordinaria vitalidad. Perálvarez pronto conseguiría ser nombrado regidor de la bella ciudad del Águeda. 


De este primer matrimonio Perálvarez tuvo con doña Constanza cinco hijos, a saber; 


• El primogénito, Diego (ca1400-ca1476), caso con Doña Mayor de Herrera, fundador del mayorazgo y señorío de las dehesas de Lorquera y mitad de Vadillo en 1475. Fundo y edifico capilla para su enterramiento y el de su familia en el Convento de San Francisco. Hizo testamento en San Martin de Trevejo en 1475. Murió sin sucesión. 

• El segundogénito, Fernán (ca1401-1497), casaría con Doña Mayor de Paz, de noble familia mirobrigense, tendría dos hijos Francisco Centeno de Paz, que caso dos veces; primero con Doña Ana de Chaves y en segundas nupcias con Doña María Maldonado, y Clara Centeno de Paz, que casaría con Don Alonso de Osorio. 

• María Centeno de Porras. 

• Leonor Centeno de Porras. 

• Juana Centeno de Porras.


Sus descendientes pasarían a indias y entre ellos se encontrarían, don Fernán Centeno Maldonado y Ávila, general de Galeras de Manila, gobernador de Yucatán y Señor de Yecla y don Juan Joseph Carlos de Lizarazu Beaumont de Navarra y Centeno, conde de Casa Real de Moneda. 


A la muerte de su primera esposa doña Constanza, el padre de Fernán contraería un nuevo matrimonio con doña Isabel Téllez, de cuyo enlace habría tres hijos más, a saber; 


• Francisco Centeno Téllez (ca1425), Señor de Berrocal al que los Reyes Católicos harían mejora de su señorío en 1501, y de quien descienden los Centeno de Ciudad Rodrigo que a lo largo de diferentes generaciones emparentarían con las casas nobles más prestigiosas de la ciudad; Pacheco, Robles, de Paz, Miranda, Maldonado y del Águila entre otras. Entre sus más destacados descendientes podríamos citar a don Pedro de Miranda y Solís de la Higuera, Mariscal de Campo de los Reales Ejércitos, Superintendente General de tropas y Juez conservador de rentas de la Ciudad, su Jurisdicción y Partido, y Regidor Perpetuo de Ciudad Rodrigo, y don Antonio Matías del Águila y Centeno de Chaves, VIII Marques de Espeja. (1) 

• Aldonza Centeno Téllez. 

• Alonso Centeno Téllez, Señor de Peñaparda, entre cuyos descendientes se contaría Diego Centeno y Carabeo “el conquistador”, explorador y Capitán de los Reales Ejércitos. (2) -Ver genealogía completa en Anexos I y II-



Biografía 


Era Fernán, o Hernán, que de ambos modos se le conoce, como ya hemos dicho hijo segundogénito de Perálvarez Centeno, Regidor de Ciudad Rodrigo, y Constanza de Porras. Aunque la fecha de nacimiento nos es desconocida, este hubo de suceder en los albores del Siglo XV. 


El primogénito también llamado Diego, como su abuelo, murió sin sucesión después de haber consagrado su vida a administrar el patrimonio heredado de sus mayores, lo que permitió, que Fernán al no estar destinado a heredar el mayorazgo, como la mayoría de los hijos de esta condición en aquella época, pudiera dedicarse a la carrera de las armas. Y a fe que su carrera dio frutos, en palabras del eminente tratadista e historiador Gervasio Velo, especialista en temas de la Transierra Leonesa, se le puede llamar “por derecho propio, jabalí de los canchales de Sierra de Gata, porque desde su juventud, ora guerreando con los demás hidalgos de la comarca, o en abierta pugna con los comendadores de las diversas Ordenes Militares, fue su vida una continua lucha, un trasiego constante, agazapado en una trinchera, sorprendiendo y asaltando un castillo o apoderándose de una plaza fuerte, consiguiendo así constituir un saneado señorío y hacerse merecedor del sobrenombre de “El Travieso”, remoquete que le aplicaban sus familiares y demás caballeros amigos de su tiempo”.(Nieto) 


El dicho Diego aumentó y mejoró las haciendas que constituían el señorío de los Centeno en las villas y lugares situados en una y otra de las vertientes de la Sierra de Gata, fundó el mayorazgo que hubo en la familia con facultad real y estando en San Martín de Trevejo, extendió testamento en 1475 ante Alonso Martínez de Toledo, y por haber muerto sin sucesión, fueron a recaer todos sus bienes en nuestro protagonista, junto al respetable e interesante título de Señor del castillo de Rapapelo. (Vegas Hernández, 1935, pág. 146) 


Era Rapapelo una fortaleza enclavada, posiblemente sobre castro romano, en las estribaciones de la montaña de Jálama que miran hacia el oeste, hacia el vecino reino de Portugal, en el punto mas crucial de la sierra que separa las villas, plazas fuertes en otro tiempo de San Martín de Trevejo y Eljas, dominando a esta última.


El estratégico baluarte de Rapapelo, azotado por todos los vientos, era un verdadero nido de águilas, donde se guarecía el astuto Hernán Centeno, y desde tan imponente atalaya, cauto y precavido, pulsaba la situación y discordias existentes entre los demás señores de la comarca, entre estos, la realeza y las Ordenes militares, oteaba su posible presa, trazaba planes para aumentar su prestigio y poderío y vigilaba buena parte de sus extensos dominios. 



Ya no existen de él más que muros derruidos, apenas perceptibles, aunque aun en 1641 las milicias del Duque de Alba que acudieron a rescatar Eljas, en poder del enemigo portugués, pudieron parapetarse entre las ruinas y trincheras del histórico fortín y oponer desde él eficaz resistencia.


En el partido de la Reina Isabel


Corrían los últimos años de reinado de Enrique IV. Las luchas por la herencia del trono, se disputaban entre los partidarios de su hija Juana y los partidarios de la Infanta Isabel, su hermana. En 1461, Isabel y su hermano Alfonso son trasladados a Segovia, lugar donde se emplazaba la Corte, por estar cercano el nacimiento de la hija de los reyes, doña Juana de Castilla. Pronto los enemigos del rey la apodaron Juana «la Beltraneja», propagando el rumor de que el padre era Beltrán de la Cueva. Una parte de los nobles se enfrentaron al rey Enrique, formaron un bando alrededor de su hermanastro Alfonso, de solo 12 años, y llegaron a deponer a Enrique en la «farsa de Ávila». Isabel permaneció al lado de Alfonso durante este tiempo. Sin embargo, en 1468, Alfonso murió en Cardeñosa, quizás envenenado. A pesar de las presiones de los nobles, Isabel rechazó proclamarse reina mientras Enrique IV estuviera vivo. Por el contrario, consiguió que su hermanastro le otorgase el título de Princesa de Asturias, en una discutida ceremonia que tuvo lugar en los Toros de Guisando, el 19 de septiembre de 1468, conocida como la Concordia de Guisando. Isabel se constituyó, así como heredera a la corona, por delante de Juana, su sobrina y ahijada de bautismo, a quien parte de la nobleza no consideraba legitimada para ocupar el trono por las dudas que había sobre su paternidad. En 1469 Isabel, casaba con su primo Fernando de Antequera, hijo y heredero del Rey Juan II de Aragón. Personas del entorno de Isabel falsificaron una supuesta bula emitida en junio de 1464 por el anterior papa, Pío II, a favor de Fernando, en la que se le permitía contraer matrimonio con cualquier princesa con la que le uniera un lazo de consanguinidad de hasta tercer grado. Isabel aceptó y se firmaron las capitulaciones matrimoniales de Cervera, el 5 de marzo de 1469. Para los esponsales y ante el temor de que Enrique IV abortara sus planes, en mayo de 1469 y con la excusa de visitar la tumba de su hermano Alfonso, que reposaba en Ávila, Isabel escapó de Ocaña, donde era custodiada estrechamente por don Juan Pacheco. Por su parte, Fernando atravesó Castilla en secreto, disfrazado de mozo de mula de unos comerciantes. Finalmente, el 19 de octubre de 1469 contrajeron matrimonio en el Palacio de los Vivero de Valladolid. 


A la muerte de Enrique IV, Isabel se proclamó reina de Castilla el 13 de diciembre de 1474 en Segovia, basando su legitimidad en el Tratado de los Toros de Guisando. Estalló entonces la Guerra de Sucesión Castellana (1475-1479) entre los partidarios de Isabel y los de su sobrina Juana. 


Nuestro héroe tomo partido por Isabel, junto a su familia y a la de los del Águila, se estableció el bando isabelino en Ciudad Rodrigo, enfrentados a los Pacheco y a la mayoría de los nobles mirobrigenses que, en principio, se mostraron siempre leales a doña Juana, al menos hasta que los estragos causados por las tropas portuguesas en la comarca, en defensa de los derechos de doña Juana, les hicieron cambiar de bando. 


En el entorno de la Transierra Leonesa también había movimientos, entre el Maestre de la Orden de Alcántara, don Francisco Solís, partidario de doña Juana, y el Clavero de la Orden, don Alonso de Monroy había una disputa sobre el Castillo de Eljas, propiedad de la Orden y tomado por su clavero siguiendo instrucciones de los Reyes Católicos. Al ser apresado don Alonso por el Maestre Solís en Magacela, varios alcaides de fortalezas se levantaron con sus tenencias al considerar perdido al ínclito Don Alonso, en la seguridad de que no podría pedirles cuentas por sus ingratitudes y osadía.


En un momento tan crítico, por las circunstancias, revuelo y desorden imperantes, el audaz morador de Rapapelo voló desde su nido de águilas y cayó presuroso sobre el castillo de Eljas, propiedad de la Orden de Alcántara, que incorporo a sus dominios. 


No satisfecho con presa tan codiciada se apoderó también del legendario fuerte de Trevejo, cabeza de encomienda de la Orden de San Juan del Hospital de Jerusalén y de otros varios situados junto a la frontera portuguesa.


Es en ese momento, cuando los señoríos y posesiones de Hernán Centeno llegarían a su máxima plenitud, confirmadas por los Reyes Católicos, comprendían señoríos propiedades y tenencias de castillos en toda la comarca, a ambas vertientes de la Sierra de Gata, como podemos apreciar en el siguiente gráfico.


Comprendían por entonces sus dominios, los señoríos de El Payo, Peñaparda, Robleda y Agallas en la vertiente norte de la sierra y los Castillos de Rapapelo, Eljas y Trevejo y el señorío de Acebo en la vertiente sur, amén de la tenencia esporádica de las fortalezas fronterizas de; Peña de Fray Domingo, (antigua encomienda Templaria en propiedad de la Orden de San Juan tras extinguirse la Orden del Temple a principios del siglo anterior), las llamadas Torres de Hernán Centeno al sureste de la anterior y situada sobre la sierra que también recibió el nombre de nuestro protagonista, y por ultimo también estaba en su poder el Castillo de los Godos o de Ramiro (3)




A finales de 1474 consiguió escapar de su prisión de Magacela don Alonso de Monroy y, al verse libre, emprendió la reconquista de cuanto había perdido. En unión de su hermano don Hernando de Monroy, Señor de Belvis y con la alianza de la poderosa Duquesa de Arévalo, que había conseguido del Rey el Maestrazgo de la Orden de Alcántara para su hijo don Juan de Zúñiga, reunieron un importante número de gentes de armas compuesto por 800 lanzas y 2.000 peones y se apresuraron a apoderarse de varias plazas y castillos; las de Alcántara, Eljas y Trevejo entre ellas. No contaba el de Belvís con que su triunfal expedición encontraría muy serias dificultades, y no era la mas pequeña despojar a Hernán Centeno de sus feudos de Trevejo y Eljas, pues dicho paladín, bien parapetado, resistiría las embestidas de Hernando y antes de capitular, aun pudo exigir determinadas condiciones. (Nieto, pág. 367)



La fortaleza de Eljas la entrego liberalmente a Diego del Águila, y por tan importante servicio le asignaron los Reyes una pensión de 30.000 maravedíes durante su vida y la de su hijo Francisco Centeno, sobre las Encomiendas de San Martín de Trevejo y Eljas, según consta en carta expedida en Medina del Campo a 14 de enero de 1481, firmada por la Reina Isabel y su secretario Alonso de Ávila. Estando los Reyes en Medina fue Hernán Centeno allí a besar sus manos, siendo recibido con grandes muestras de amor y haciéndole muchas mercedes por lo leal que había sido. (Cabañas Sanchez, 1861, pág. 115) 


La imponente fortaleza de Peña de Fray Domingo (4) estaba defendida por el caballero Juan de Cieza en feudo de su señor Hernán Centeno, y al ser devuelta a los Duques de Arévalo y Plasencia estos otorgaron al de Cieza por los días de su vida, las alcabalas de Zarza y Moraleja y las de las yerbas de las dehesas de la Parra y la Granja, que eran de la encomienda de Santibáñez, y por un año las de Ceclavín y Azeuche. Tales hechos nos constan por el testimonio de pleito homenaje que este hidalgo hizo en manos de Hernán Centeno y cuyo documento se conservaba en el archivo de San Benito de Alcántara, lo que induce a suponer que siendo el gran Hernán el caballero designado por los Zúñiga para recibir en su nombre el vasallaje de Juan de Cieza, si a este, por la devolución de una sola fortaleza, lo premiaron con tanta prodigalidad, es de creer que a Centeno, en quien había depositado su confianza y que les había entregado varios fuertes lo colmaran de beneficios y atenciones. (Nieto, págs. 367-368) 


La fortaleza de Castillo de Godos estaba al este de la ciudad de Coria, en la confluencia del Arrago y el Alagón, entre ingentes peñascos, sobre los que aun pueden verse los restos del Castillo de los Godos, así llamado por atribuirse a estos su origen y construcción. La fortaleza fue recuperada de las manos de Hernán Centeno por el bravo capitán Ramiro, que acaudillaba las huestes del Arzobispo de Toledo y en atención a ello a partir de entonces el fuerte y la sierra en la que se asentaba pasaron a llamarse Castillo y Canchos de Ramiro. 


Por último, la descripción de la última fortaleza cedida “al noroeste, a poca distancia de esta última y al sureste de la de Peña de Fray Domingo estaba localizada la que recibía el nombre de Torres de Hernán Centeno como la sierra homónima sobre la que se asentaba, y que en ella, su extremo y cabeza acababa el termino de Cilleros, quedando este a la mano izquierda y a la derecha el de la Dehesa de Benavente y principia el termino de la Encomienda de Moraleja, y de su Dehesa llamada de Malladas. Y continuando desde la portilla de la citada sierra mirando al mediodía sierra adelante se llega al final de ella en que unos grandes peñascos de gorrón blanco y el uno de ellos que hace la figura de un torreón, llamado Castillo de Hernán Centeno, debajo de él está una grande concavidade que parece haver servido de caballeriza, por conocerse algunos vestigios de pesebres, y su entrada está mirando al mediodía” 


Después de este periodo de calamidades, el Señor de Rapapelo se retiro a sus posesiones, pasando a descansar a su favorito lugar de Acebo (Cabañas Sanchez, 1861, pág. 115) y se dispuso a administrar y velar por sus intereses, pero su espíritu inquieto y decidido lo obligó bien pronto a tomar parte directa y principal en los acontecimientos belicosos de toda índole que se acontecían por entonces en la histórica Ciudad Rodrigo.


Ciudad Rodrigo, ultimo cuarto del siglo XV


Al comenzar el reinado de los Reyes Católicos, continuaban muy caldeados los ánimos de la ciudad, cuyos habitantes, tradicionalmente leales a los reyes legítimos, se resistían a reconocer a Doña Isabel, quien enviaba apremiantes cartas para que se sumasen a su partido, al tiempo que don Alonso de Portugal requería con insistencia a los mirobrigenses para que prestasen obediencia a doña Juan.


En Ciudad Rodrigo eran contados los partidarios de los Reyes Católicos en aquel tiempo, entre ellos estaba Diego del Águila, Alcaide del Castillo y a su lado bregaba otro personaje tan decidido y valiente como él, el aguerrido Hernán Centeno, a quien Doña Isabel hubo de pagar años mas tarde con buena moneda de Castilla su lealtad y denodado esfuerzo.


La fidelidad de Diego y Hernán, por una parte, y la desacertada política de don Alonso de Portugal, patrocinador de la “Beltraneja”, contribuyeron a que se acrecentara el partido de la Reina, en justa repulsa y condenación de las correrías y atropellos de los portugueses, que vivaqueaban en la comarca y trataban a los habitantes de ella como si fueran auténticos enemigos. Todo esto sucedía en el verano de 1474 y en contraste con la política del Rey portugués, Doña Isabel procuraba atraerse a los de Ciudad Rodrigo con favores y mercedes como la confirmación de sus libertades y privilegios. Tal conducta exasperaba a don Alonso y sin reparar en la ofensa que ello suponía, pretendió someterlos por la fuerza de las armas mandando contra ellos a su ejercito para poner sitio a la ciudad, lo que indigno sobremanera a los mirobrigenses y sus comarcanos, que se unieron para proceder a su defensa en tal manera, que consiguieron que los portugueses no solo tuvieran que levantar el cerco, sino que los pusieron a huir en desbandada. Toda la frontera se batía en guerra abierta, el infante don Juan, hijo de don Alfonso se apodero de San Felices y acudió a Toro para reforzar el ejercito de su padre, pero al ser derrotados allí volvieron sus pasos por comarcas salmantinas y continuaron sus correrías atacando y destruyendo sin piedad, “pasando a cuchillo cuanto alentaba, entregando al fuego cuanto podía arder, arrollando cuanto le cerraba el paso”. Para evitar estos estragos los Reyes enviaron una carta dirigida a todos los concejos, justicias, regidores caballeros, escuderos, oficiales y homes buenos de Salamanca, Ciudad Rodrigo y de las villas del Abadengo y en virtud de ella se puso sobre las armas a todos los vecinos de la ciudad y su tierra quienes con un poco de esfuerzo consiguieron contener a los portugueses hasta que se firmo la paz en 17 de septiembre de 1479.


En todas estas lides Hernán Centeno había defendido la causa de los Reyes Católicos con tanto coraje y entusiasmo que su leal cooperación y lo heroico de sus hazañas llego a oídos de los Reyes y estos para premiar sus servicios y a fin de defender la frontera de Portugal por la parte de la Sierra de Gata, lo nombraron alcaide de las fortalezas de Eljas, Peña de Fray Domingo y Godos como ya se ha comentado en pasajes anteriores.


Detractores de su memoria


Durante los últimos 20 años de su vida en los que se enseñoreo por voluntad real de tan amplia faja de terreno que se extiende frente a la frontera portuguesa fue cuando alcanzó su mayor prestigio y a consecuencia de ello fue también duramente criticado por envidiosos nobles que veían en él a un privilegiado, un favorito de la Corona, ducho en lides guerreras y con poder y energía suficientes para frenar la codicia de quienes por él veían mermados sus privilegios. También tuvo fuertes detractores, como el historiador P. Hurtado o el Obispo de Mondoñedo, D. Antonio Guevara, que en sus escritos no dudaron injustamente en arrojar paletadas de lodo sobre su memoria al calificar a tan zarandeado caballero como capitán de bandoleros, tirano y aventurero, atreviéndose incluso a dudar de su hombría de bien. Azorín, profundo lector de la obra de Guevara, sentencia que el Obispo “..no tiene tiempo de comprobar cuanto cita, en sus escritos se hacina una erudición atropellada e inexacta, con el epistolario de Guevara en la mano tenemos una reducida enciclopedia; conocemos las costumbres, la psicología del siglo, que Guevara describe con palabras tan ásperas, que las imaginamos, más que verdad, tópico de orador”, y termina diciendo “Con tal consideración cerramos, sonrientes, el libro, y damos el pleito por fallado” ("Azorin" Martinez Ruiz, 1951)


Los últimos años


Retirado definitivamente en su refugio de Acebo, situado en la falda meridional de la escarpada Sierra de Jálama y donde residían y aun actualmente residen algunos de sus parientes, fue rodeado de toda clase de atenciones y comodidades, entregándose a un bien merecido reposo después de una vida tan ajetreada y llena de sobresaltos.



A la vuelta de algunos años se puso perlático (5), se encontraba agotado y con una muy acentuada debilidad muscular, con fuertes y persistentes temblores, sabido lo cual por el Duque de Alba, don Fernando, que residía entonces en Coria, incorporada pocos años antes a su señorío, quiso brindarle su hospitalidad y le escribió para que se trasladara al palacio que tenía en aquella ciudad y tenerlo a su lado, mas no pudiendo hacer el viaje a caballo, dispuso que le trasladaran en un lecho, lo que fue ejecutado por dieciséis hombres de su casa y servicio. Allí fue tratado con todos los honores y recibió las consideraciones propias de personaje de su rango, y fueron tales las atenciones del Duque para su huésped y amigo, que aún debió recobrar fuerzas y vivir algún tiempo en Coria, prolongándose su vida por más de 90 años, entregando su alma al Señor a principios de agosto de 1496.(6)


Su cuerpo fue trasladado a Ciudad Rodrigo por su hijo Francisco Centeno y sepultado en la Capilla que los Centeno tenían en el Convento de San Francisco, bajo la advocación de San Antonio. La información fue hecha en el año de 1544, ante Pedro de Lugones, á pedimento de Luis Centeno, Diego Chaves, Perálvarez Centeno y otros, todos nietos y sobrinos del viejo Hernán Centeno. (Cabañas Sanchez, 1861, págs. 115-116).


En tan sagrado lugar durmió el sueño de los justos, durante varios siglos, Hernán Centeno, caballero de pro, y la mayor parte de los esclarecidos miembros de tan linajuda y prestigiosa familia, junto a Diego Centeno, fundador del mayorazgo y lugar de enterramiento, han reposado las cenizas de varios caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén, conquistadores de Indias, regidores y capitanes. Otra capilla de este Convento sirvió también de panteón oficial a la por tantos títulos ilustre familia de los Águila, que, emparentados, rivalizaron en fama y prestigio con los Centeno.


CapilladelosAguila

La casa, convento y monasterio de los hijos de San Francisco fue casi totalmente destruida por los portugueses en 1704, durante la Guerra de Sucesión, y aunque reedificada años mas tarde, hubo de sucumbir finalmente por los destrozos causados al edificio durante la Guerra de la Independencia.


Dos paredes de la Capilla de los Centeno con varias piedras armeras y parte de la Capilla de los Águila son los pocos restos que han sobrevivido hasta nuestros días, tras las devastaciones sufridas por el Convento, abandonado por los religiosos ha permanecido así hasta nuestros días. Paso a propiedad particular y usada como garaje en el pasado siglo, sus propietarios tuvieron la necesidad de rebajar la planta del viejo monasterio para dejarlo al nivel de la carretera que lo circunda y abrir puerta en la pared de la Capilla de los Centeno que con ella comunica. Al efectuarse el inevitable arrastre de tierras fueron descubiertos y arrasados de cuajo varios enterramientos que se cubrían con laudas sepulcrales adornadas con nobiliarios escudos. De los sepulcros removidos se recogieron siete sacos de huesos, que pasaron a la fosa común del cementerio municipal de la ciudad. Triste destino de tan gloriosos despojos, merecedores de mayor respeto y veneración. El edificio está catalogado y protegido actualmente como Monumento Nacional.





                                              ANEXO I: Árbol genealógico de Diego Centeno



ANEXO II.- Árbol Genealógico de descendientes directos de Fernán o Hernán Centeno "ElTravieso"





                             ANEXO III.- Árbol Genealógico de descendientes de Francisco Centeno Téllez




                      ANEXO IV.- Árbol Genealógico de descendientes de Alonso Centeno Téllez



ANEXO V.- Árbol Genealógico de Francisco Centeno (Original aportado por donPedro Sánchez-Arjona Valls)




                                                                 * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *


(1).- Ascendentes de los Sánchez Arjona y de los Narváez a quienes he dedicado este trabajo.

(2).- (Ciudad Rodrigo, 1516 - Potosí, 1549) fue un conquistador español que participó en la conquista del Perú y en las guerras civiles entre los conquistadores. A lo largo de toda su carrera se mantuvo fiel a la Corona española. Organizó en el sur del Perú la resistencia contra la rebelión de Gonzalo Pizarro, aunque fue derrotado en la sangrienta batalla de Huarina. Se sumó luego a las tropas del Pacificador Pedro de La Gasca, y estuvo en la Batalla de Jaquijahuana donde fueron derrotados los gonzalistas (1548). Como premio a su lealtad fue nombrado Gobernador del Paraguay, cargo que renunció sin haberlo asumido. Falleció poco después, posiblemente envenenado. Quedó en el recuerdo no solo por su inquebrantable lealtad a la Corona, sino por la afabilidad de su trato y la caballerosidad que demostró para con todos, en particular hacia los indios, quienes le tuvieron gran estima. Tuvo dos hijos naturales, don Diego Centeno, con la india Elvira y doña María Centeno, con la india Bárbola.

(3).- Recibiría el nombre de Castillo de Ramiro tras ser conquistado a Hernán Centeno por este caballero.

(4).- Sito en Valdecaballos, entre el término jurisdiccional de las encomiendas de la Zarza y la Moraleda. La crónica de Alcántara refiere que en el siglo XII un caballero cruzado en la misma, llamado Frey Domingo, el de la mano manca o la mano cortada, por haber perdido dicha extremidad peleando con los sarracenos, edificó entre riscos un casi inaccesible y bien fortificado refugio, donde se parapetaba, y desde donde sorprendía y atacaba a los seguidores del Islam que se aventuraban a penetrar y recorrer aquellos parajes. Se llamó después aquel castillete de Nuestra Señora de Sequeros, por haberse edificado junto a sus muros una ermita bajo dicha advocación. Refugio de comuneros, como muchos otros de la región, fue mandado derribar por el emperador don Carlos.

(5).- Que padece perlesía o debilidad muscular.

(6).- Hay controversia con la fecha de su muerte. Si bien Cabañas la sitúa en agosto de 1496. Gervasio Velo Nieto afirma que esto sucedió en 1497, tras hacer testamento, y confortado con todos los auxilios y con el cariño fraternal de su noble protector.




Bibliografía


- "Azorin" Martinez Ruiz, J. (27 de febrero de 1951). Azorín. Diario ABC, pág. articulo de fondo.

- Cabañas Sanchez, A. (1861). Historia de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Ciudad Rodrigo. Ciudad Rodrigo: Imprenta de Doña Carmen de Verdi.

- Nieto, G. V. (s.f.). Hernán Centeno "el travieso" Señor del Castillo de Rapapelo en Sierra de Gata.

- Vegas Hernández, M. (1935). Ciudad Rodrigo, la Catedral y la Ciudad (Vol. II). Salamanca.






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Autor: Carlos Vidriales García Bustamante

Secretario General de la H.N.M.E.




























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