martes, 12 de diciembre de 2017, 07:39
Elmonarquico2015
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​Peregrinaciones truncadas

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Unnamed 1In memoriam del peregrino ciclista holandés Paul Rolf Bäcker, fallecido de un ataque al corazón en 1996 (Melide).



Xavier Eguiguren

El Camino primitivo de Santiago, es el detalle superlativo para un viajero que busca el yo. La soledad de una travesía embutida en su propio retiro.


Un comezón de ideas en construcción. Cada paso es ver difuminarse los pensamientos negativos. La sombra del caminante, juega con los corazones pintados de tiza en los mojones. Imaginar la huella de una sola pisada, la de este peregrino, de entre las cuatrocientas sesenta mil zancadas dadas. No estas solo, hay miles de caminantes en el camino.


Cientos de almas y destinos confluyen en Melide, cien piropos al camino antes primitivo, unido a partir de ahora al francés. Aguas santas, única espuma de vidas que se dirige hasta O Pedrouzo, en la undécima etapa del camino primitivo de Santiago.


Un adiós a las estrellas que se aglutinan atropelladamente, formando dibujos en el cielo de una plaza en Melide. La llamada plaza del Convento, albergaba un antiguo hospital de peregrinos de balcones que fueron cielos imaginarios, desde allí decían adiós los hospitalarios hospitaleros de ayer. La iglesia de Sancti Spiritus. El templo de Santa María de Melide, románico del siglo XIII.


Caminamos, oteo de pastos y eucaliptos, ríos, el Catasol y Furelos, que fueron agua infinita, hoy aún directamente proporcional a la vida. Cien respiraciones se escuchan en las casas. Hormigueo de habitantes en los lugares de Boente, Fraga Alta.


Ribadiso da Baixo, emparejada con un puente medieval, este último solo escupe sonidos ininteligibles en lenguas ya muertas. Camino tamponado de hospitales como el de peregrinos de San Antón.


Villa de Arzua, localidad de As Barrosas, la capilla de San Lázaro, aldea de Preguntoño. Prados verdes, ganado, dos mil eucaliptos estilizados que mudan la piel. Mil pistas de tierra y caminos asfaltados perpendiculares al peregrino. Fuente barroca en El Empalme, agua barroca que nunca duerme.


Pequeña ciudad que es O Pedrouzo, el camino es llano, se ha endurecido el interior del ser y el caparazón es irrompible.


Se acerca el final.



Autor: Xavier Eguiguren

























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