martes, 12 de diciembre de 2017, 07:37
Elmonarquico2015
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El rey Luis XIII y Ana de Austria, “las cosas claras y el chocolate espeso”

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Luis XIII, Ana de Austria, y su hijo Luis XIV, flanqueados por el cardenal Richelieu y la duquesa de Chevreuse. Autor desconocido.



FranciscoJ.Tostado

Alejandro Dumas convertiría a la reina Ana de Austria en protagonista de su célebre obra Los tres mosqueteros. Reina ejemplar para muchos pero siempre bajo sospecha del cardenal Richelieu por su origen español, su marido, el rey Luis XIII, que reinó con muchos defectos pero siempre con instinto de rey digno, se casaría con ella en un enlace acordado por sus progenitores, María de Médici y el rey Enrique IV, por parte de él, y Felipe III de España y Margarita de Austria, por parte de ella. Ambos contaban tan solo 14 años de edad y la boda se celebraría por poderes con el duque de Lerma como representante del rey en la catedral de Burgos, en 1615.


En 1635, la Guerra de los Treinta Años haría que se enfrentaran Francia y España, acentuando la tensión entre Richelieu y Ana de Austria hasta el punto de acusar este a la reina de mantener correspondencia para informar de los planes franceses a su hermano el rey Felipe IV. La situación fue tal que acabaría aislada en la propia corte, ignorada, sobre todo por su marido. Fue entonces que ocurrió el milagro que lo cambió todo: el embarazo de la reina, era el año 1638.


Toda Francia sabía de la nula relación entre los monarcas y para explicar el embarazo se difundió que durante una partida de caza, una inesperada tormenta obligaría al rey Luis XIII a refugiarse en el dormitorio de la reina, naciendo nueve meses después Luis-Dieudonné, “el niño milagro” y futuro Luis XIV.


El Rey


Luis XIII fue criado al lado de los hijos bastardos de su padre en el castillo de Saint-Germain-en-Laye en una atmósfera de desorden y depravación. Solo salió cuando su padre le llamó al palacio del Louvre para prepararle como futuro rey, cargo al que accedió con nueve años de edad. Su infancia tampoco es que fuera alegre, en parte por la presión de su padre, y lo cierto es que era más de cazar y escuchar música que de aprender latín. Su timidez y falta de confianza en sí mismo y en los demás, se mezclaron con cierta inquietud y carácter violento.


Hasta que no alcanzó la edad para poder gobernar su madre se haría cargo de la regencia. La falta de la figura paterna y la ignorancia recibida por parte de su madre -que nunca ocultaría su preferencia por su hijo pequeño, Gastón- terminarían por moldear su carácter.


La boda acordada con Ana de Austria no sería de su agrado, de hecho, la consideraba una humillación al ser española, y por tanto, una enemiga de Francia. Esto y el hecho de ser todavía muy joven hizo que no consumara su matrimonio hasta cuatro años después.


Su especial desconfianza hacia las mujeres y el tener un cierto número de “favoritos” como el duque de Luynes, el marqués de Toiras, el duque de San Simón, entre otros, alimentarían los rumores sobre su posible homosexualidad, algo que no ha quedado demostrado por ningún historiador hasta la fecha.


Los años pasaron y la débil salud del monarca hizo que en más de una ocasión estuviera a punto de morir sin heredero, algo que preocupó a todos y que alimentó la esperanza entre los pretendientes al trono.


La Reina


Ana de Austria, una auténtica belleza de la época con grandes ojos azules, cabellos rubios y tez muy blanca, daría una dote -mejor dicho, su padre el rey Felipe III- de medio millón de ducados de oro ¡toda una fortuna!, y las abundantes joyas que siempre le rodearon no le aseguraron nunca la felicidad que pretendía.


El sentirse ignorada por Luis XIII hizo que se le atribuyeran amantes como el duque de Buckingham, apuesto, noble y embajador del rey británico, quien realmente estaba enamorado de ella. Las intrigas y las habladurías en la corte no evitaron el cariño y el respeto de sus súbditos. Tras la muerte de su marido y hasta que su hijo, el futuro Luis XIV, alcanzara la edad para reinar, llevaría la regencia aconsejado por Mazarino, hasta que en 1661 se retirara al convento de Val-de-Grace, muriendo cinco años después de un  cáncer de mama. Francia la amó pero los revolucionarios franceses, sin respeto alguno, saquearían su sepultura de la catedral de Saint Denis de París, esparciendo sus restos en un vertedero público, sin duda, un final nada regio.



Chocolate y modas


El rey Luis XIII sufriría de tuberculosis que le hacía toser frecuentemente y se sugiere que padeció de la enfermedad de Crohn, falleciendo entre vómitos, diarreas y sangrías de sus médicos. En vida delegaría el gobierno del país a personas de su alrededor, mientras, Ana de Austria, siempre sospechosa por ser española, sería querida por el pueblo y su intensa vida social y su carisma impondría modas a la sociedad.


Modas como el  chocolate que llegaba de América, un alimento desconocido en Francia que causaría furor entre la alta sociedad de toda Europa y que en París se mezclaba con un poco de leche, algo que en España no se entendía y de aquí proviene la expresión tan española: “Las cosas claras y el chocolate espeso”. Lo que no queda tan claro, aunque para el pueblo no había tanta duda, es si el padre del futuro rey Luis XIV no sería Giulio Mazarino, un apuesto embajador de la Santa Sede llegado a la corte coincidiendo con esa inesperada tormenta. Con el tiempo, acabaría sucediendo al cardenal Richelieu como primer ministro y siempre se mantuvo fiel y muy cerca de la Reina…




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Autor: Francisco Javier Tostado

Médico especialista en Obstetricia y Ginecología

Escritor, amante de la historia y bloguero

http://franciscojaviertostado.com













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