jueves, 23 de noviembre de 2017, 04:39
Elmonarquico2015
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La hora de la unidad

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Queridos lectores, lo que nunca hubiéramos querido que sucediese ha pasado, en un último intento de mantener el pulso suicida del movimiento independentista catalán al estado Español, el pasado viernes se consumó una declaración ilegal de independencia por parte del gobierno de Cataluña.


El pasado jueves y viernes fueron dos días de frenética intensidad política, todos sabíamos lo que iba a hacer el gobierno central, se sabía al dedillo el calendario elegido para poner en marcha el aparato político para aplicar el Artículo 155 de nuestra Constitución. En cambio, nadie sabía cuál sería la reacción del gobierno de la Generalitat, nadie podía predecir cuales serían los movimientos de Carles Puigdemont, ni de los grupos que conformaban su coalición y que formaban el frente independentista.


Las noticias que llegaban desde Cataluña se sucedían a ritmo de tambores de guerra en el mismo seno de la coalición independentista, comparecencias fantasma sucesivamente aplazadas, avisos de ruptura en el mismo seno de la coalición, dimisiones de Consellers, avisos de que podían convocarse elecciones, rectificaciones instantáneas, declaraciones a favor y en contra de nadie sabía a ciencia cierta de qué. Y finalmente, una sesión plenaria en la que, con todos los criterios en contra de los juristas del mismo Parlament, se escenificó una votación amparada en el secreto del voto, y donde solo estaba presente la mitad del hemiciclo, se aprobó una Declaración Unilateral de Independencia que, por unos momentos, causó la euforia entre los seguidores del movimiento y seguidamente fue suspendida por el Gobierno Central, con la aplicación inmediata del 155 y la publicación en el BOE del cese de todos los cargos relevantes de la Generalitat.


A partir de aquí solo cabe preguntarse, ¿Y ahora, qué? Y esta es la razón una vez más de este editorial.


Ahora queda un largo camino por delante, un camino que puede empezar a despejarse el próximo día 21 de diciembre, con la convocatoria para ese día de elecciones autonómicas libres y democráticas, unas urnas constitucionales que den al pueblo catalán la posibilidad de expresarse libremente. Unas elecciones donde todos puedan tener los mismos derechos, donde cada ciudadano catalán pueda decidir sobre su futuro. Unas elecciones sujetas al derecho constitucional, con un censo real, con unos espacios electorales sujetos a derecho y, sobretodo, con libertad.


Creo que es absolutamente necesario recuperar al camino de la legalidad de las instituciones de Cataluña, recuperar la confianza de los ciudadanos, recuperar la confianza en la economía catalana, del turismo en Cataluña, en el día a día de la comunidad, en las empresas, en los autónomos, de los pensionistas, o sea, recuperar el tejido social tan denostado y olvidado durante meses por aquellos que de la independencia habían hecho únicamente un mantra que se repetían a sí mismos, como un único dogma de fe.


Y esto tiene que hacerse desde varios frentes al mismo tiempo, desde el estamento político, interno y externo de la comunidad, desde el social, tanto de dentro como de fuera de la comunidad, y desde el económico.


Todos somos responsables, ahora de que la ruptura que se ha materializado en esta parte tan importante para nuestra nación, dicha ruptura sea reconvertida en una creciente unidad. Actuar como una nación grande, en la que todos tenemos cabida y espacio de convivencia. Ahora ha llegado la hora de la unidad, de devolver la confianza a todo un pueblo, de devolver la esperanza a nuestra nación, de demostrar que entre todos somos un gran pueblo en el que todos, y todas las ideologías, tienen cabida.


Hoy, y a nadie le sorprenderá, que desde la Hermandad Nacional Monárquica de España, nuestra posición, a pesar de ser una Hermandad sin ideología política, nos adhiramos a la posición gubernamental del gobierno de España. Nuestra ideología nos define claramente como defensores de la unidad de nuestro país y en defensa de nuestro Rey.


Y es por ello, que hoy y más que nunca queremos defender dicha unidad de España y el honor de nuestro Monarca, por lo que, al mismo tiempo que condenamos con firmeza todo lo sucedido durante los últimos días en Cataluña, y rechazamos con firmeza la proclamación ilegal de la independencia de la misma, queremos al mismo tiempo romper una lanza a favor de esta hora de la unidad, una unidad en la que todos debemos participar.


Una unidad deseada por mucha más gente que la que podemos imaginar. Una unidad deseada por la inmensa mayoría del pueblo de Cataluña y de España. Una unidad deseada desde hace meses en el mismo seno de familias ahora enfrentadas, por comunidades ahora separadas, por municipios ahora divididos. Necesitamos que la política y los políticos de nuestra nación y de Cataluña demuestren realmente su implicación y nos demuestren por qué debemos confiar en ellos.


La realidad ahora nos advierte de que vendrán tiempos convulsos, difíciles, de nervios, de momentos tensos. Tenemos que ser conscientes de que la fractura social es demasiado grande para que pueda solucionarse con unos puntos de sutura, debemos aceptar que el movimiento independentista en Cataluña es muy amplio, y no va a desaparecer de la noche a la mañana por muchos artículos que se apliquen.


Es por ello que la única posibilidad de que las aguas de este rio vuelvan a su cauce, y la convivencia en Cataluña de nuevo sea la ideal en una sociedad moderna es la que, desde las instituciones, se demuestre que ahora se actúa en beneficio de toda la sociedad catalana, que se han terminado las horas de los partidismos excluyentes, que la justicia es igual para todos, que la democracia impera y que entre todos queremos un país unido, del que Cataluña es una parte importante, y que Cataluña sin España no tiene camino, y que España sin Cataluña no es lo mismo.


Miguel Adrover Caldentey

Director de El Monárquico.


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