domingo, 22 de octubre de 2017, 17:42
Elmonarquico2015
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Transición entre montañas

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Xavier Eguiguren

Aldeas como la Farrapa, después a Cerexeira, Castro, Pedraira, Peñafuente, que hermoso trayecto pincelado con dos pequeñas capillas de nombres, el Carmen y San Lazaro de Pedraira.


Tuneles de pasos arañados en la tierra y flanqueados por bosques de pinos. Reinos de tamaño ínfimo que se ubican a lo largo del camino primitivo, en la sexta etapa desde Grandas de Salime hasta Fonsagrada, esta última villa ya en la provincia de Lugo.


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Mil treinta metros de subida al puerto del Acebo. Ansiedad peregrina que me acompaña amparada en la soledad del camino.


Mil treinta pulsaciones en el corazón, colaboración necesaria de este, complicidad con el engranaje de los pensamientos invasores y derrotistas.


Subida por un plano inclinado, fricciones y punzadas en los talones, piedras bifaces se clavan en las plantas de los pies. Distancia elevada coronada en el alto, por la transición, frontera entre Asturias y Galicia. Camino guiado por conchas vueltas, por las tierras gallegas.


Caminos, veredas perpendiculares, la mayoría paralelas a la civilización, al asfalto, bifurcaciones, mojones, y una última cuesta que deja al peregrino sin apenas aliento, cansado, camino felizmente por las calles de Fonsagrada.


¿Qué encuentro en mi interior?, ¿qué busco en el camino primitivo de Santiago? encuentro equilibrio convertido en estructuras físicas, busco romper mi salvación, destruir la zona de seguridad, alejarme ansioso y volver reforzado.


Estoy lleno de paz, ubicado frente a la capilla de Santa María, respiro profundamente. Encuentro paz, si, mucha paz. Sagrado lugar, allí detenían sus pasos los peregrinos y lavaban las heridas en la fuente que un día hubo, también su agua era sagrada, “fontem sagrada”.


Me acompaña un gran palo, me ayuda a caminar. Escucho los susurros de las piedras que fueron antaño un hospital de peregrinos, en Montouto. El Real Hospital de Santiago, y leo en la pared vertical del cielo, un nombre, un rey, Pedro I el cruel.


Estoy en el albergue, y temo que mi camino se truncará aquí, me duelen tanto los pies. Ya casi no puedo caminar. Creo que mañana volveré a casa.


El reflejo de un rostro. El espejo de un lento y dolorido peregrinar de dueño un peregrino. La simbiosis entre el hombre, la senda y la esencia de los pasos.


Mil metáforas que hablan de no abandonar, de no ser un huérfano del camino, convertirse en fiel testigo de las palabras de un estanque pentagonal de aguas transparentes y dormidas. Líquidos horizontales que empapan el respirar de un Dios y oxidan las espadas de dos reyes, uno cruel, y el otro hechizado.




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Autor: Xavier Eguiguren 
























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