jueves, 13 de diciembre de 2018, 06:59
Elmonarquico2015
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La mujer, la gran olvidada de la Historia

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                                                                    Woman, autor ZS. (Lic. CC-2.0)



FranciscoJ.Tostado

Olvidadas e ignoradas por la Historia, invisibles durante siglos, las mujeres han tenido un papel primordial en todas las épocas y civilizaciones. Desde que Olympe de Gouges publicara en 1791 su Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadanía, uno de los primeros documentos históricos que propone la emancipación de la mujer en igualdad de derechos, desde las primeras revoluciones por parte de algunas mujeres del siglo XIX en EE. UU y el Reino Unido contra las leyes que les discriminaba, y desde que en los países nórdicos fueran los primeros en dar a las mujeres derecho a voto a principios del siglo XX, será en la década de los años 60 cuando comenzaran ese primer movimiento conocido como “feminismo” o “liberación femenina”. Pero retrocedamos en el tiempo… 


En la Antigüedad


La antropología explica que serían las mujeres y sus conocimientos en agricultura las que conducirían a las sociedades antiguas hacia el Neolítico, y esto es así porque desde la prehistoria los hombres se dedicaban a la caza y las mujeres a recoger los productos vegetales. Si a eso añadimos que en el Paleolítico los hombres modelan estatuillas con la forma de mujer, las conocidas como Venus, como símbolo de fecundidad y embarazo, esto evidenciaría el importante rol de la mujer en tiempos tan pretéritos.


                                          Roman woman, fotografía de Valerie Everett, (Lic. CC-2.0)



Por el Código de Hammurabi comprobamos que en Mesopotamia las mujeres gozaban de un cierto estatus de igualdad respecto a los hombres. Así, podían comprar, vender y hasta tener representación jurídica. Y lejos de pensar lo contrario, en el antiguo Egipto las mujeres que no se dedicaban al duro trabajo del campo podían tener acceso a la educación, ejercer gran número de oficios, comprar y vender libremente por las calles y hasta recibir herencias.


Aristóteles, el “gran” Aristóteles, no estuvo muy acertado al aseverar que la mujer era un defecto de la naturaleza, del semen paterno, de hecho, la consideraba como un hombre incompleto, y su pensamiento influyó durante siglos, incluso en el Medievo. Y en la “Democracia” de la antigua Grecia, las mujeres pasaban a ser propiedad del marido permaneciendo recluidas en el hogar, apartadas del contacto exterior y de la vida social. Puede, incluso, que las propias prostitutas tuvieran más libertad de acción que el resto de mujeres, que no salían a la calle ni tan siquiera para comprar ya que las esclavas realizaban esas tareas, y las espartanas, que debido a las prolongadas ausencias de sus maridos por “asuntos de guerra” gozaron de mayor libertad que las atenienses, por cierto, ninguna obtendría nunca la ciudadanía.


En lo que a derechos de las mujeres se refiere la antigua Roma supera a la griega, pero no penséis que se mejoraba mucho. Por no tener, no tenían ni nombre propio, al adoptar el del padre en femenino, y tras contraer matrimonio a partir de los doce años seguían bajo el control casi absoluto de sus pater familias. Sin embargo, controlaban el día a día de los niños y de los esclavos, y cuando sus maridos se ausentaban dirigían los negocios de la familia.


Historiadores como Suetonio, Plinio el Joven, y muchos otros, muestran a la matrona de las clases altas como la mujer ideal, ejemplo de cómo debía ser una madre: casta, decente y ejemplar.


"Tenían la custodia formal de las llaves de la casa y controlaban la vida diaria de los niños y de los esclavos. En ausencia de sus maridos dirigían los negocios familiares".


Comprobamos que las sociedades que vivían en torno a la naturaleza consideraban a la mujer de manera más igual que al hombre, y encontramos muestra de ello con los celtas, las tribus bárbaras de los astures en el norte de Hispania, en Irlanda, donde las legiones romanas no entraron, y con los vikingos. 


Durante la Edad Media y el Renacimiento


La religión mostraba a la mujer como un ser inferior, sin embargo, mantendría un importante papel económico al trabajar en el campo y cuidando a los hijos. Con el aumento demográfico aparecerán núcleos urbanos y una nueva clases social: la burguesía. Esta basaba la economía en el comercio y la industria, con oficios nuevos y la entrada de la mujer en el mundo laboral, aunque siempre controlada por los hombres. No obstante, en algunos países las mujeres tendrían un papel más activo que en períodos posteriores al disponer de tierras, contratar trabajadores y la posibilidad de hacer testamento.


                                        Medieval Women, fotografía de  Hans Splinter. (Lic. CC-2.0)



A finales del siglo XV serían expulsadas de los gremios y con la Edad Moderna la burguesía las apartaría de las herencias, además de ser excluidas de la Universidad.


De esta época encontramos precursoras del feminismo como Christine de Pizan (siglo XIV), primera escritora profesional de la historia, y Marie de Gournay (siglo XVI-XVII), que defendería el acceso igualatorio de las mujeres a la educación y a la política.


Con el Renacimiento podríamos decir que sería el tiempo del “renacer” masculino. Las mujeres son ejemplo de pureza y honestidad, pero sin derechos sociales.


La Revolución Francesa representaría un punto de inflexión en lo que a derechos de la mujer se refiere, siendo en Francia y Gran Bretaña tema central de debate político, pero no será hasta el siglo XX donde encontremos una verdadera intención de igualar a la mujer con el hombre.


Filósofos naturalistas como Rousseau y Locke desarrollan en el siglo XVII el derecho natural haciendo referencia a filósofos como Aristóteles y Tomás de Aquino. Así, defienden la esclavitud y el estatus inferior de las mujeres ante la ley. La contrarréplica la encontramos años después con Isabelle de Charrière al cuestionar ese determinismo de la naturaleza al decir que las diferencias entre hombres y mujeres son debidas a las mismas desigualdades sociales, defendiendo la educación de las mujeres.


En 1832 aparecerá el primer periódico feminista en Francia “La Femme Libre”, realizado y publicado únicamente por mujeres, surgirán figuras como la estadounidense Susan Brownell Anthony y la destacada activista del movimiento de las mujeres Elizabeth Cady Stanton, pero permitidme que deje para otro día lo acontecido en este último siglo, el tema lo merece.


                                         Mujer trabajando, foto de Yamuni Rashmika Perera / OIT 




                                                                                

"Para la mayor parte de la historia, Anónimo, era una mujer"
 (Virginia Woolf) 


Siglo XVIII



Destacaría a tres mujeres: la primera, Isabelle de Charrière, que defendió la educación de las mujeres cuestionando el determinismo de la naturaleza defendido por Rousseau por el que las mujeres tenían un estatus inferior ante la ley; la segunda, Mary Wollstonecraft, una escritora profesional e independiente afincada en Londres, que argumentó que las mujeres no son por naturaleza inferiores al hombre, sino que parecen serlo porque no reciben la misma educación. Cabe destacar su libro “Vindicación de los derechos de la mujer” (1792), que, junto con el resto de su obra, estableció las bases del feminismo moderno. Lo cierto es que la vida de Wollstonecraft sería muy criticada por sus relaciones poco “convencionales”, falleciendo a los 38 años por complicaciones en el parto de su hija, Mary Shelley, que muchos conoceréis por ser autora de Frankenstein; y la tercera, pero no menos importante, Olympe de Gouges, feminista y abolicionista, que dos años antes de morir en la guillotina por oponerse a la pena de muerte contra el rey Luis XVI, escribió su famosa “Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana”, un brillante y a la vez radical alegato en favor de la universalización de los derechos humanos. 


Siglo XIX


La Revolución Industrial haría que se incorporasen muchas mujeres obreras a las fábricas textiles como mano de obra más sumisa y barata que los hombres. Ya os podéis imaginar las duras condiciones en las que trabajaban y el malestar que surgió entre ellas.


En Seneca Falls (Nueva York) daría lugar el 19 de julio de 1848, la primera convención sobre los derechos de la mujer en los Estados Unidos, liderada por las tres mujeres de la foto, en la que participaron 68 mujeres y 32 hombres, y en ella se publicó la Declaración de Seneca Falls en la que se denunciaban restricciones, especialmente políticas, a las que estaban sometidas las mujeres. Este texto es considerado el texto fundacional del movimiento social feminista.


19 de julio de 1848, se reúne la primera Convención Feminista para los Derechos de la Mujer, en Seneca Falls – USA- en la que se solicita la equiparación de sus derechos con los de los hombres. (New York Public Library)



Hay una anécdota que ilustra el pensamiento de entonces. El teórico de la política inglesa John Stuart Mill, argumentó en 1867 que las mujeres merecían tener derecho al voto, pero su propuesta para sustituir la palabra “hombre” por “persona” sería acogida con risas en la Cámara de los Comunes y rechazada de manera aplastante. No obstante, su intento de reforma generaría gran atención hacia el problema del sufragio femenino en el Reino Unido, y la cuestión de los derechos de la mujer pasó a convertirse en tema central de los debates políticos no solo en los Estados Unidos sino en Europa, especialmente en Gran Bretaña y Francia, un debate que se prolongaría durante más de un siglo.

En marzo de 1888, se reunirían en Washington D. C. mujeres de 53 organizaciones femeninas de 9 países en el Consejo Internacional de mujeres, primera organización que unió a mujeres de distinta nacionalidad para defender los derechos humanos femeninos.


Siglo XX


Decía al principio del artículo que la ONU estableció el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer, el motivo de elegir ese mes y no otro, hace referencia a tres importantes sucesos que ocurrieron en el mes de marzo tiempo atrás en los Estados Unidos: la huelga de costureras de una fábrica de Nueva York, en marzo de 1857, que reclamaron igualar sus salarios con los de los hombres y reducir la jornada laboral a 10 horas diarias; una década después, también en marzo, otra huelga, en esta ocasión las planchadoras de la población de Troy (Michigan) acabó con la formación de un sindicato; y en marzo de 1911, un terrible incendio en la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist, en el que perdieron la vida 146 mujeres, resultado gravemente heridas 71, la mayoría jóvenes mujeres inmigrantes, que no pudieron salir al quedar atrapadas por estar cerrados todos los accesos, algo que era muy común entre los patronos para evitar robos. Desde entonces, cambiarían algunas leyes para mejorar la seguridad laboral y la salud de los trabajadores en los Estados Unidos y en todo el mundo. 


En cuanto al derecho a voto de las mujeres, los primeros países en darlo serían los nórdicos: Finlandia (1906), Noruega (1913), Dinamarca e Islandia (ambos en 1915). Posteriormente, España (1931), Japón (1945), China (1947), y años después, en África, consiguiendo, en general, el derecho al voto al mismo tiempo hombres que mujeres.


En cuanto a España, se crearía la Asociación Nacional de Mujeres Españolas que lucharía en pro de los derechos de la mujer de manera activa desde 1918 hasta el inicio de la Guerra Civil.


La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en 1948, consagró la “igualdad de derechos entre hombres y mujeres” tanto en temas de igualdad como de justicia. A partir de entonces se sucedieron numerosas comisiones y convenciones internacionales que sensibilizarían a la población mundial, y será a partir de la década de los 60 que el movimiento recibiría el nombre de “feminismo” o “liberación femenina”. Poco después, a partir de 1975, la ONU crearía nuevas oficinas dedicadas a las mujeres, que en el año 2011 se fusionarían convirtiéndose en ONU mujeres, actual Secretaría de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer.


En los últimos años del siglo XX se han adoptado múltiples protocolos, declaraciones y resoluciones de ámbito internacional (que no enumeraré por no alargar el tema) para hacer cumplir y respetar los derechos de las mujeres.


Actualmente…


La revista Newsweek publicó en el año 2011 un estudio sobre los derechos y la calidad de vida de las mujeres en varios países del mundo, en él los mejores países para ser mujeres eran (de mejor a peor): Islandia, Suecia, Canadá, Dinamarca, Finlandia, Suiza, Noruega, Estados Unidos, Australia… Por el contrario, los peores: Chad, Afganistán, Yemen, República Democrática del Congo y Malí, entre otros.


Y en el futuro, ¿qué?



                           
 "Si nos paramos a pensar, las mujeres son la mitad del mercado laboral.
 Una empresa, la que sea, que renuncia al 50% del talento está cometiendo un error estratégico".



                                                                    


Es cierto que cada vez más las mujeres ocupan parcelas de responsabilidad aunque su presencia en los cargos directivos apenas llega al 10%. Si tenemos en cuenta que en la actualidad más de la mitad de los licenciados son mujeres (también son suyos los mejores expedientes académicos) es probable que esto cambie.


Existen estudios que apuntan a que una mayor participación de las mujeres en el ámbito laboral puede impulsar el ritmo de incremento del PIB, compensar el crecimiento de la población pasiva de los últimos años y fomentar el crecimiento potencial de la economía del país. Para ello, es imprescindible hacer cambios en la conciliación laboral y en los criterios de selección de personal de las empresas, así como en las formas de promoción dentro de ellas. Debo decir que yo me considero optimista al respecto, puede que no a corto plazo, pero sí más adelante en el tiempo.


En esta página no están todas las mujeres que de una forma u otra lucharon por conseguir la igualdad entre sexos, podría nombrar a Christine de Pizan, Louise Otto-Peters, Marie-Reine Guindorf, Jeanne-Désirée Véret, Betty Friedan, así como las españolas, María del Carmen García-Nieto y Carmen Olmedo Checa, entre tantas otras, pero sirva para recordarlas y sacarlas del injusto olvido de la Historia.


Y si me lo permitís me gustaría terminar con otra gran verdad dicha en este caso por Amelia Valcárcel:


" La igualdad solo será real como el resto de los derechos humanos, cuando sea extensiva a todas las mujeres del mundo". 




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Autor: Francisco Javier Tostado

Médico especialista en Obstetricia y Ginecología

Escritor, amante de la historia y bloguero

http://franciscojaviertostado.com

























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