viernes, 19 de julio de 2019, 08:08
Elmonarquico2015
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La degradación de las fiestas de verano

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Fiesta




Miguel Adrover

Cada vez más, en algunas ciudades y pueblos, (y el último caso se ha dado en el municipio que me vio nacer, Felanitx, Mallorca) las antaño esperadísimas fiestas de verano, se han convertido en un macrobotellón callejero que termina normalmente con conatos de pelea, menores de edad con consumos abusivos de alcohol, comas etílicos, degradación moral en las calles, (toneladas de basura, orines por doquier, y hasta defecaciones en portales), y lo peor de todo, muchas, demasiadas, denuncias por abusos sexuales, tocamientos y agresiones.


En nuestro recuerdo están los casos que suceden en fiestas de gran participación y que son reconocidas a nivel internacional, estas fiestas suelen tener una gran repercusión mediática y los periódicos y televisiones se hacen eco de cualquier incidente, pero hoy quiero hablar de lo que ocurre en otras poblaciones, en otros pueblos, donde, creo yo, el alma de la fiesta se está perdiendo, se está desvirtuando.


Hoy en día, parte de la juventud, (que no toda), tiene una manera de entender la “fiesta” que, no es para nada, la misma que vivimos durante nuestra juventud los que hoy ya hemos traspasado la barrera de los 50 años. No, no mal interpretéis, no quiero decir que fuéramos unos santos o unos angelitos, pero sí que creo que estaréis de acuerdo conmigo en que era otra manera de vivir la fiesta. Participábamos de ella, en las fiestas se convivía con el resto de los vecinos, íbamos a las verbenas a disfrutar de la música, conocer gente, bailar, tomábamos algunas bebidas, intentábamos ligar, y pasábamos unas noches alegres dispuestos a seguir con la fiesta al día siguiente.


Estoy convencido que hoy, en muchos municipios y pueblos, la idea es la misma, que las fiestas de verano sean esos momentos de distensión durante los cuales se reúnen los que vienen de fuera con los que durante todo el año viven en el lugar. Y seguro que muchos lo consiguen.


Pero lo que a mí me preocupa, y ahora hablo de lo que ocurre en Mallorca, mi isla de residencia, es que en muchas poblaciones, esa esencia se ha perdido, las actividades para toda la familia han quedado relegadas a un deprimente segundo plano, y la gran fiesta se concentra en un día en el cual, el pueblo entero se convierte en un punto de reunión para todos aquellos que quieren dar rienda suelta a sus desmanes.


Felanitx

                                                                      Noche de fiesta en Felanitx



A pesar de que año tras año se aumenta el control policial, resulta imposible controlar a una masa de 60.000 jóvenes (ocurrió en Felanitx, cuando el pueblo cuenta con 11.000 habitantes) que acuden en tropel para hacer suyas las calles. Unas calles que van cambiando de aspecto así como van transcurriendo las horas del día, y de la noche.


Un gran día para los bares y restaurantes, pero un aciago día para el resto de habitantes. Los primeros ven como su recaudación se multiplica por cuatro, cinco o diez, por lo que, como reclamo, contratan a grupos musicales, DJs e instalan barras adicionales en la calle. Mientras, los segundos, asisten atónitos viendo que su pueblo se ha convertido en una ciudad sin ley, con lo que muchas veces, cada vez más, deben optar por quedarse en casa, sacar de la calle a los niños pequeños, y esperar con nerviosismo disimulado que el hijo o la hija adolescente regrese bien al hogar.


Desde las entidades municipales o comisiones de festejos, la receta para el éxito de estas fiestas “populares” fue muy sencilla y se empezó a fabricar hace años; Aprovechar un día de referencia en las fiestas de la localidad, acotar el pueblo para que los jóvenes pudieran disponer de él, anunciar música en las calles y plazas, y esperar que los bares principales pusieran el resto y la gente acudiera.


Desgraciadamente, después de unos años en los que la macro fiesta pudo funcionar, ahora el monstruo creado presenta su verdadera cara, muchos de los que se desplazan a estas fiestas lo hacen con más intención de beber que de divertirse, (entiéndase divertirse en el concepto que nosotros tenemos de diversión). Y demasiadas veces, por no decir siempre, se ha demostrado que, al crecer el número de asistentes que llegan desde diferentes lugares para participar en esa fiesta, crece exponencialmente la constatación de que los damnificados son los vecinos de la localidad, el prestigio del pueblo, y el nombre del mismo.


No soy partidario de coartar la libertad de actos y decisiones a nadie, mientras estos actos y decisiones no incidan en la libertad de actos y decisiones de los demás. Creo que tenemos que tener claro, y enseñar a los que transgreden esta norma, que para gozar de la libertad tienes que respetar la de los demás, si tú gozas de la tuya propia, jamás puede ser a costa de la del vecino. Deberíamos pensar bien en ello, padres, educadores y corporaciones municipales o comisiones de festejos, ya que cada vez que en nombre de la libertad de la fiesta te apropias de algo que no es tuyo, la dignidad de la comunidad, que asiste atónita al espectáculo gratuito de la degradación que se extiende por las calles de su localidad, se ve un poco más resentida.


Por esto, estoy convencido de que estas fiestas que consiguen colapsar un pueblo a lo largo de todo un día y una noche, dando impunidad a aquellos que vienen de fuera y coartándola de los vecinos tendrán que reconvertirse, es necesario que si quieren seguir celebrándolas, se acoten zonas especiales, polígonos o un área exterior del pueblo, donde los bares del mismo puedan instalar sus barras, y sobre todo, donde los servicios de seguridad y asistencia puedan controlar que no se produzcan los desmanes que por desgracia se vienen produciendo últimamente.



Miguel Adrover Caldentey

Director de El Monárquico



























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