martes, 23 de abril de 2019, 08:15
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El Museo de la Pesca de Palamós (Costa Brava): una mirada crítica

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                                                               Museo de la Pesca de Palamós



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Hace ya algún tiempo, uno de nuestros más ilustres novelistas decía en una de sus habituales colaboraciones periodísticas que “el mundo funciona porque hay gente empeñada en hacer bien su trabajo”. Pese al derrotismo que en ocasiones nos invade cuando vemos que las cosas no se hacen como deberían hacerse, la frase nos viene bien para recordar que en todos los ámbitos de la actividad humana hay personas que ponen lo mejor de sí mismos para que el fruto de su trabajo suscite nuestra más sincera admiración. Este el caso de todos aquellos expertos en museística que en las últimas décadas han “sembrado” las grandes y pequeñas ciudades de nuestro país de museos en los que la información y la adquisición de conocimientos también resulta una grata experiencia estética.


Es por ello que, desde una posición crítica y sin menoscabo de la impecable profesionalidad de la museística española, intentaremos transmitir al lector de El Monárquico todo aquello que aprendimos y todo aquello que echamos en falta en nuestro recorrido por un museo que merece la pena visitar: el Museo de la Pesca de Palamós (Costa Brava).


Ubicación, antecedentes y objetivos


Ubicado en el muelle del puerto de Palamós, turística y bella localidad de la provincia de Girona, el edificio del actual Museu de la Pesca, conocido popularmente como “el tinglado”, cobijó desde su reconstrucción en 1944 y hasta 1999 la Confraria de Pescadors de la población y diversos servicios relacionados con la actividad pesquera. Ya desde 1920 y con la creación del Cau de la Costa Brava, antecedente del Museu, se puso de manifiesto el interés de sus fundadores por conservar aspectos de la historia local. El Museu de la Pesca es el resultado de la voluntad conservacionista del Cau y de la decisión de las instituciones políticas de dotar al municipio de una entidad cultural museística que interrelacionara la actividad económica con el tejido social de la ciudad.


Aunque parezca algo exagerada la afirmación de los gestores del Museu[1] en el sentido de que es “único en el Mediterráneo en su especialidad”, lo cierto es que resulta difícil encontrar en el conjuntode la Asociación de Museos Marítimos del Mediterráneo (AMMM) alguno de sus mismas características[2] que, en el marco de una temática absolutamente vinculada a su entorno, combine la función expositiva y didáctica con el estudio y la investigación de la cultura y del patrimonio marítimo a través de un fondo bibliográfico y documental como Documare (Centre de documentació de la pesca i el mar) y de una Càtedra d’Estudis Marítims (vinculada en este caso a la Universitat de Girona). Conviene destacar, por otra parte, la presencia en Internet del Museu, de Documare y de la citada Càtedraen páginas webs que son, sin duda, de muy buena calidad[3].


La pesca es una actividad humana que requiere, además de técnicas, herramientas y utensilios específicos, toda una serie de habilidades y conocimientos sobre el medio natural. Como tal actividad, se constituye en elemento esencial de la identidad y de la cultura de la gente del mar. Pero la pesca es también una forma de vida para los pueblos marítimos y una manera de entender la relación del hombre con la naturaleza. Preservar este patrimonio es, en esencia, el más importante de los objetivos del Museu, que también, se propone, a través de un ambicioso programa informativo y pedagógico, implicar a la sociedad en el conocimiento y la reflexión sobre el pasado y el presente del hecho marítimo y pesquero, y establecer, al mismo tiempo, un diálogo permanente sobre su futuro.



No se trata, por tanto, de una institución museística que apuesta exclusivamente por un público estándar interesado en la cultura, sino que se esfuerza por hacer extensivo su mensaje al conjunto de la ciudadanía. De ahí que prevalezca en el visitante la idea de que los objetivos de entretenimiento, educación e investigación están destinados a reforzar la cohesión social y a promover, aunque tímidamente, la reflexión sobre el cambio de paradigma cultural en lo que respecta a la actividad pesquera.


Breve descripción de la exposición permanente


La visita se inicia con un audiovisual en el que el narrador, a través de imágenes con un alto contenido evocador y emotivo, expone al visitante cuáles son los aspectos esenciales del Museu. Pero son dos afirmaciones importantes las que, en definitiva, nos situarán en el contexto del mundo de la pesca y de la gente del mar: “Ser pescador no es sólo un oficio, sino también una manera de pensar, de ser y de vivir“y “La pesca es una actividad incierta”.


 El Museu está dividido en dos niveles y en cinco ámbitos numerados con el fin de dar coherencia a la visita y de mantener la trayectoria evolutiva de los objetos expuestos. Dichos ámbitos, dirigidos a facilitar la comprensión de la exposición y a lograr una imagen unitaria, son: 


1. ¿Qué se pesca? 

2. ¿Dónde y desde dónde se pesca? 

3. ¿Quién es quién en el mundo pesquero?

4. ¿Cómo se pescaba y cómo se pesca? 

5. El futuro


Cada ámbito está adecuadamente explicado en paneles y en cuatro idiomas (catalán, castellano, francés e inglés), como lo están también todos y cada uno de los elementos que componen la exposición. Así, paneles, fotografías, maquetas,proyecciones, y rótulos que acompañan a cada objeto expuesto, los cuales guardan entre sí una conexión formal y funcional, nos dan cuenta detallada, entre otros aspectos, de la biodiversidad marina del litoral occidental del Mediterráneo;de los utensilios y herramientas utilizados a lo largo de la historia para la construcción, reparación y mantenimiento de las embarcaciones y de las artes de pesca; de los oficios propios del mundo pesquero y de la comercialización del producto de la pesca; de la vida cotidiana de la gente del mar y su organización social; de las diferentes técnicas de pesca en función de la diversidad de especies marinas; de los cambios tecnológicos en los instrumentos y en la maquinaria relacionados con la navegación; y de la reivindicación positiva del oficio de pescador, de sus dificultades y de algunas alternativas para mejorarlo.



La visita acaba en una sala polivalente donde se tratan, según los días, aspectos relacionados con la gastronomía del pescado o la biología marina, y se complementa con la subida a bordo de dos embarcaciones de pesca amarradas en un muelle anexo al Museu.


Aciertos y deficiencias


El Museu de la Pesca busca y obtiene, en general, la complicidad del visitante no sólo en lo respecta al pasado histórico del mundo pesquero, sino también en lo que se refiere a la idea de cultura como conjunto sistemático. De dicho pasado surgen, a partir de la colección de objetos materiales, los elementos que conforman la identidad cultural de una sociedad que ha vivido por y para el mar. En este sentido, el Museu construye con sobriedad y sin excesivas exageraciones un discurso capaz de mostrar que la pesca,además de ser una tarea casi artesanal ejercida por gentes humildes, es una actividad colectiva que requiere cooperación y organización social. Ahora bien, dicho discurso aborda abundantemente el pasado, pero en menor medida el presente y con escasa relevancia el futuro, con el inconveniente de que, partiendo de generalidades sobre la pesca, acaba centrándose en el patrimonio natural, social y cultural de las comunidades pesqueras de la Costa Brava, lo que supone, en definitiva, desaprovechar la oportunidad de investigar la convergencia sociocultural con lasque habitan el litoral mediterráneo. 


Persiste en el discurso del Museu cierta perspectiva idealizada, tal vez romántica, del mundo de la pesca[4], en el sentido de que ésta es una actividad sometida a todo tipo de imponderables. En varias ocasiones se menciona, como decíamos antes,que la pesca “es incierta” o que “trabajar en el mar es duro” pero no se profundiza en el hecho de que el mar, al ser un elemento incontrolable y ciertamente proveedor de incertidumbres, condiciona no sólo el proceso de trabajo sino la organización de todos los procesos relacionados con la producción.


Un aspecto que llama profundamente la atención es el papel que el Museu reserva a la mujer. Unas cuantas fotografías antiguas nos muestran a mujeres trabajando en la venta ambulante del pescado, en su conserva, y en la reparación de redes. Precisamente en un espacio con poco más de media docena de sillas que rodean a otra en la que descansa una red se nos traslada a un lugar donde varias mujeres y hombres conversan y cuyas voces podemos oír gracias a una grabación.De esta forma, el Museu nos transmite que las características del trabajo en el mar han hecho de éste un ámbito reservado a los hombres y que en la organización social que requiere el mundo de la pesca (armadores, patrones, pescadores, comerciantes) la mujer ocupa tan sólo un lugar de importancia doméstica. Se tata, por tanto, de un modelo de sociedad androcéntrico y, en consecuencia, discriminatorio. Ahora bien, lo que no se nos dice es que en el presente las cosas son diferentes, en el sentido de que los criterios de distinción por géneros influyen cada vez menos en la división del trabajo en la actividad pesquera. Hasta tal punto esto es así, que en el año 2003 la Comisión Europea decidió reconocer públicamente otra realidad por lo que respecta a la contribución de la mujer a este sector:


“(…) Las mujeres participan en todos los niveles de la cadena de producción de la industria pesquera de la UE, desde las capturas de peces y la explotación acuícola hasta la transformación y la comercialización; son patrones de barco y desempeñan altos cargos en organizaciones pesqueras; trabajan en el marisqueo y la transformación de pescado; gestionan empresas familiares pesqueras, dirigen establecimientos y trabajan en organizaciones públicas y privadas; son miembros sindicales, gerentes y administradoras, investigadoras, instructoras y contables, miembros de la tripulación, técnicos de radio, e integrantes de la guardia costera (…)”.


Decíamos que una de las propuestas del Museu era entablar con la sociedad un diálogo permanente sobre el futuro de la pesca. Pero se trata sólo de eso, es decir, de una propuesta, ya que al visitante únicamente se le ofrecen unos cuantos “flashes informativos” (en paneles explicativos expuestos en el ámbito nº 5: “El futuro”) relacionados con la sobreexplotación pesquera, pero no se le muestra (con imágenes o artefactos) cómo el mercado global ha incidido en dicha sobreexplotación; cómo el progreso tecnológico en la navegación (es decir, el uso intensivo de tecnología sofisticada), la contaminación o la presión humana sobre las áreas litorales han provocado una disminución de los recursos; cómo la pesca industrial se ha impuesto a la pesca ribereña o costera; cómo se deben articular las medidas de prohibición de determinadas artes o métodos de pesca; o, finalmente, cómo deben configurarse las estrategias de responsabilidad y sostenibilidad.


La economía de mercado ha generado cambios sustanciales en la organización social y del trabajo en el mundo pesquero. El modelo de sociedad que trasmite el Museu no llega a responder a los interrogantes derivados de este hecho. Por ejemplo: ¿quiénes tienen acceso a los derechos de pesca?, ¿qué nuevos oficios relacionados con la pesca han surgido con la industrialización del sector?, ¿deben ser las sociedades cooperativas y los armadores los únicas figuras legales con acceso a los recursos?, ¿en qué medida se ha visto modificada la conserva y la comercialización de la pesca?, ¿son flexibles las formas de cooperación que genera la división del trabajo en la actividad pesquera?, ¿sigue siendo el modelo de retribución “a la parte” el más justo para los pescadores en el marco del actual modelo económico?.


Por último, existen en todas las comunidades pesqueras del mundo, cuya actividad está sometida al azar y a las fuerzas de la naturaleza, todo un sistema de creencias, leyendas, ritos, mitos y tabúes, muchos de los cuales limitan la participación de la mujer en la pesca[5]. Es lógico suponer que las comunidades del litoral occidental del Mediterráneo tienen también su propia cosmovisión míticoreligiosa. El discurso del Museu omite cualquier otra referencia a dicha cosmovisión que no sea la relacionado con la “devoción” de los pescadores a su patrona, la Virgen del Carmen, de la que se expone una imagen tallada en 1950, cedida por la Confraria de Pescadors.


En resumen, el Museu de la Pesca de Palamós es, sin lugar a dudas, un bello ejemplo de la profesionalidad museística de la que hablábamos al inicio y presenta, tanto en las formas como en los contenidos,notables aciertos en lo que respecta al modelo sociocultural de las comunidades pesqueras del litoral de la Costa Brava en un tiempo histórico determinado. Ahora bien, en algunos aspectos adolece, desde una perspectiva antropológica, de insólitas deficiencias que restan fuerza a su discurso y lo llevan al equívoco o a la ambigüedad. En este sentido, podríamos concluir, parafraseando las afirmaciones de A. Pazos (La re-presentación de la cultura. Museos etnográficos y antropología, Madrid, 1998), que existen importantes divergencias entre la cultura efectiva (o “en activo”) y la cultura representada.


 

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Autor: Oscar Solano














[1] La Fundació Promediterrània, cuyo Patronato está formado por los responsables políticos locales y provinciales, y por representantes del mundo docente y de la Confraria de Pescadors de Palamós. 


[2] Salvo quizás el Museo del Mar y de la Pesca de Santa Pola (Alicante).


[3] La información de la página web del Museu de la Pesca, la de Documare, y la de la Càtedra d’Estudis Marítims es abundante, ordenada, rigurosa y atractiva. Cosa que desgraciadamente no ocurre con algunas de las webs de otros museos adscritos a la AMMM.


[4] La Guia del visitant dice textualmente de dicho mundo que es“(…) un univers fascinant, ple de colors i tradicions, d’enginy i perills insospitats, de sorra i onades.”(un universo fascinante, lleno de colores y tradiciones, de ingenio y peligros insospechados, de arena y olas). 


[5] Por ejemplo: las mujeres nunca deben subir a bordo de un barco de pesca porque lo “salan” y ese hecho trae mala suerte; un pescador cuya mujer esté embarazada limita la captura de peces; una mujer que esté menstruando contamina los aparejos de pesca si los toca; etc.























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