domingo, 26 de enero de 2020, 16:22
Elmonarquico2015
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Real Monasterio de la Encarnación

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                                                               Real Monasterio de la Encarnación



Miguel Adrover

Fundado en 1611 por la reina Margarita, esposa de Felipe III, este convento de Agustinas Recoletas quedaba muy próximo al Alcázar y estaba unido a él por un pasadizo sobre el primer piso de la Casa del Tesoro que daba toda la vuelta a la actual Plaza de Oriente.


Esta cercanía emotiva y física a palacio ocasionaba que fuese aquí donde se celebrasen durante los siglos XVII y XVIII los funerales de Estado solemnes por los monarcas y personas de la familia real.


La arquitectura es el mejor ejemplo del estilo de los Austrias posterior a la construcción del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Intervinieron Francisco de Mora, su sobrino Juan Gómez de Mora y Fray Alberto de la Madre de Dios.


El interior de la iglesia, sin embargo, fue completamente redecorado por Ventura Rodríguez entre 1755 y 1775, en un gusto neoclásico exquisito de inspiración romana, pero aprovechando las grandes pinturas de Vicente Carducho en los tres altares.



El convento conserva íntegros el claustro principal, el coro y el relicario, que es una sala excepcional por su coherencia decorativa, estado de conservación y riqueza de las piezas; entre los objetos de culto cabe destacar la teca con sangre de San Pantaleón. Destaca también el salón de Reyes, con retratos de los fundadores y personas reales emparentadas con ellos.


La gran impulsora de la creación del monasterio fue la reina Margarita, razón por la cual el monasterio era conocido entre la gente de la ciudad como las Margaritas. La historia cuenta que el motivo de la construcción fue perpetuar el recuerdo y la conmemoración de un hecho histórico: la ordenanza hecha por el rey Felipe III, su esposo, de la expulsión de los moriscos que aún quedaban en Madrid.


La reina conservaba buenas relaciones con las religiosas descalzas de San Agustín de la ciudad de Valladolid, donde había vivido cerca de seis años, y desde allí hizo venir a la que sería la primera priora del monasterio, la madre Mariana de San José, en compañía de Francisca de San Ambrosio (hermana de la marquesa de Pozas), Catalina de la Encarnación e Isabel de la Cruz.


Estas monjas habitaron en un principio en el Real Monasterio de Santa Isabel a la espera de la construcción de la nueva casa. Poco tiempo después entró en la comunidad la primera novicia, Aldonza de Zúñiga, hija de los condes de Miranda y ahijada de los reyes, quienes para celebrar este acontecimiento hicieron donación a la priora de un gran vaso de ágata con adornos de rubíes y oro que sería empleado para el Santísimo Sacramento.



El edificio se construyó en el lugar que ocuparon las casas de los marqueses de Pozas, a quienes el rey se las compró, debido a su cercanía al Real Alcázar, ya que así los reyes podían entrar directamente a la iglesia mediante un pasadizo existente. Este pasadizo fue construido por deseo de la reina para no causar molestias, ya que visitaba frecuentemente el monasterio. En su interior tenía varias salas con cuadros.


El rey en persona colocó la primera piedra del edificio, acto que se hizo con gran solemnidad y bajo la bendición del cardenal arzobispo de Toledo Bernardo de Sandoval y Rojas. Meses más tarde, el 3 de octubre de 1611, murió la reina sin haber visto terminada esta obra en la que tuvo tanto empeño.


El 2 de julio de 1616, día de la Visitación, fue inaugurado el monasterio y su iglesia, con gran magnificencia y con fiesta durante toda la jornada. Todo el trayecto real, desde la desaparecida casa del Tesoro (junto al Alcázar, hoy calle de Bailén y parte de la plaza de Oriente) hasta el nuevo monasterio, se adornó con ricas tapicerías. El rey entró en la casa del Tesoro a las seis de la tarde, acompañado de la familia real y de la corte. En la procesión se agregaron los clérigos y religiosos.



El Patriarca de las Indias, Diego de Guzmán, más los obispos y arzobispos acompañaron al Santísimo Sacramento. Por la noche hubo gran festejo con fuegos y luminarias. Al día siguiente los reyes fueron a comer al convento. La fiesta continuó hasta el día 6, en que se celebraron las exequias de la reina Margarita.


Antes de que le llegara la muerte, la reina Margarita se había encargado de escribir cartas con peticiones para el convento, y así fue como llegaron de diversos puntos de España y del extranjero grandes y suntuosos regalos y donativos. La reina había hecho donación de un regalo insólito, cuyo significado aún no aciertan a descubrir los historiadores: la cama donde había nacido su hijo, el futuro rey Felipe IV.





Autor: Miguel Adrover Caldentey

Director de El Monárquico


Fuentes: Patrimonio Nacional y Reales Sitios de España


















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