martes, 19 de septiembre de 2017, 13:45
Elmonarquico2015
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El corcho, guardián del buen vino

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                                                                 Alcornoques en campo extremeño 



JoaquinOrtega

Al descorchar en nuestras celebraciones, momentos solemnes o institucionales, una botella de vino o cava oímos un sonido evocador y al que asociamos rápidamente a escenas lúdicas, festivas y también a otras románticas y familiares. Pero nunca solemos tener en cuenta, que un gesto a priori tan insignificante supone el final de un proceso iniciado muchos años antes en los alcornocales de los campos de nuestra querida España.


Todo comienza con el descorche o saca, que consiste en extraer de estos magníficos árboles, la corteza que los reviste, el apreciado corcho. La materia prima se extrae del alcornoque (Quercus suber), que pertenece a la familia de las Fagáceas y género Quercus. Su origen se remonta al Terciario (oligoceno-mioceno). Se trata de un árbol típicamente mediterráneo, adaptado a un clima duro, sus características de adaptación a climas extremos irán desde la forma de sus hojas hasta la impermeabilización de la corteza. La mejor época para ello es entre los meses de mayo o junio y agosto, período que corresponde a la fase más activa del crecimiento anual del alcornoque, dependiendo de la climatología del año en cuestión. La  altura de estos robustos árboles no suele ser excesiva, aunque pueden alcanzar los 20 o 25 metros, se le puede considerar como de mediana estatura. Su copa es maleable en función de las podas que sufrirá, tendiendo a elevarse o extendiéndose horizontalmente, con el fin de conseguir planchas de corcho de mayor longitud y es una copa amplia, en alcornoques de 150-200 años el área de proyección del ramaje llega a exceder, a veces, los 500 metros cuadrados.


19105944 1918998808345461 5483323571712770949 nLa corteza la encontramos tanto en el tronco como en las ramas superiores, es gruesa y muy resquebrajada longitudinalmente, pudiendo alcanzar de 10 a 15 cm. de espesor. Esta capa impermeable, que constituye el corcho, se arranca para su utilización cuando el árbol tiene 65 cm. de perímetro medidos a 130 cm de altura y  al menos, de 20-25 mm de espesor. Tiene un color grisáceo característico en el corcho bornizo o bórneo (primerizo), inmediatamente a la primera saca, así como en las sucesivas, el árbol toma en: la zona extraída un color amarillento canela que se irá convirtiendo en rojizo intenso hasta oscurecer y hacerse pardo-negruzco con el paso del tiempo por oxidación, esta capa exterior es la carea o casca, muy rica en tanino.


En la primera saca el corcho extraído no es utilizado en la producción de tapones para nuestros exquisitos caldos, puesto que presenta una estructura muy irregular, denominada corcho virgen o bornizo. Nueve años más tarde, en la segunda saca es extraído el corcho secundario, un material con una estructura más regular, pero suave, aunque igualmente impropio para la producción de tapones de corcho. El corcho secundario es generalmente granulado y utilizado en productos como pavimentos. Es a partir de la tercera saca, cuando el árbol tiene entre 40 y 50 años, cuando se obtiene el corcho con características ideales para la producción de tapones, el denominado corcho amadia. Desde esa etapa, el alcornoque pasa a producir corcho de buena calidad cada nueve años, por un período aproximado de 150 años.


El alcornoque está presente en Europa y África. En Europa se encuentra en España, con cerca de medio millón de hectáreas de este árbol, Portugal y sur de Francia e Italia, mientras que en África es habitual en Marruecos, Argelia y Túnez, siendo Portugal el primer productor de corcho, con una producción de casi el 50% del total de la producción mundial, mientras que España contribuye con un 25% del total. El resto proviene del sur de Europa (Francia e Italia) y norte de África (Argelia y Marruecos).


En Aguas de Moura, localidad situada en él vecino Alentejo portugués se encuentra el que se considera alcornoque mas productivo del mundo. Este ejemplar proporciona de media algo mas de una tonelada en cada descorche, que dada la densidad de este material representa un volumen considerable, el suficiente para realizar unos 100.000 tapones de botellas. La operación de descorchado de este magnífico ejemplar, se viene realizando cada nueve años desde 1820, cuando el alcornoque contaba con 37 años de edad. En el año 2000 se necesitaron cinco hombres y casi cuatro horas para extraer su preciada corteza. Este corpulento árbol de quince metros de altura también es muy querido por los pájaros, que siempre están cantando en su gran copa, por lo que es conocido también por el nombre de O Assobiador (el árbol cantarín).


Historia


Se sabe que ya en el año 3000 A.C., el tapón de corcho era utilizado en Egipto, en Babilonia y en Persia para almacenar alimentos y también se conoce tras descubrimientos realizados, que hace 2.000 años ya se utilizaban tapones de corcho para evitar que se vertiera el contenido de las ánforas durante el transporte marítimo, como los que fueron encontrados en el fondo marino del Cap del Volt (Port de la Selva, Girona), en la costa mediterránea, los cuales aún conservaban su estructura celular y con ello sus propiedades, según un estudio del Centre d'Arqueología Subaquàtica de Catalunya (CASC) y del Institut Català del Suro (ICSURO). La investigación permite reafirmar, según sus promotores, que los tapones de corcho eran idóneos para conservar el preciado líquido que transportaban las ánforas de vino y que sigue siendo el material por excelencia para la preservación de vinos y cavas. Incluso, señala el estudio, que los tapones de corcho en contacto con el vino pueden generar "compuestos saludables" como la "acutisimina A", un agente antitumoral.


Pero no fue hasta el siglo XVII, que gracias al monje benedictino francés Dom Pierre Pérignon (1638-1715), tesorero de la abadía de Hautvillers y encargado de su bodega, que comenzó a usar el corcho para cerrar las botellas de su famoso champán Dom Pérignon, que el uso del corcho no se popularizó. El descubrimiento del benedictino revolucionó la industria de la comarca y años después fabricantes como Ruinart (1729), Möet et Chandon (1743) o Veuve Cliquot (1783) incrementaron la demanda de tapones de corcho al extenderse el consumo de champagne entre las clases altas europeas. Instalándose en torno a 1750 en la localidad gerundense de Agullana la primera industria artesanal taponera en la vertiente española de los Pirineos; una actividad económica que durante casi dos siglos adquirió un excelente desarrollo.


A comienzos del siglo XIX el corcho alcanzaba ya precios considerables a la vez que empezó a escasear, por lo que los empresarios catalanes decidieron, entonces, iniciar su actividad en Andalucía y Extremadura, donde el número de alcornoques era mayor, por lo que se abrieron fábricas de preparación y transformación de corcho en numerosas localidades.


La saca del corcho


                                                                             Cuadrilla sacando el corcho


El personal que tradicionalmente suele intervenir en la saca del corcho es el siguiente:


El manijero es una especie de capataz, dirige la saca, indicando hasta dónde hay que subir en ella, supervisa, en realidad, que ésta se haga con rapidez y precisión, dañando lo menos posible al árbol.


Los sacadores son los auténticos trabajadores cualificados, suelen trabajar por parejas, o colleras, encargándose cada una de un árbol.


Los amontonadores suelen ser muchachos; su labor consiste en recoger la corcha y llevarla a las pistas, formando allí montones. Pueden desempeñar simultáneamente la labor de aguadores. Algunos de ellos aprenderán el oficio y serán los futuros sacadores.


Los cargadores transportan, con tractor o mulos, el corcho desde los montones hasta la pila.


Los apiladores son los encargados de ir apilando el corcho, realizar el pesaje y, en algunos casos, cargar los camiones que transportan el corcho a la fábrica.



La primera operación es la abertura, para ello se le dan a la corteza del árbol unos cortes verticales y algunos horizontales, en función del tamaño de la planta. Realizadas estas incisiones se golpea en ellas con el revés del filo del hacha, desprendiéndose lo suficiente el corcho como para permitir tirar de la plancha con una mano, mientras que con la otra, utilizando el hacha por el mango que termina en cuña, como palanca, se facilita la labor. En esta fase, es posible contrastar el grado de dificultad de la extracción en función de la sensibilidad transmitida por el hacha. Al aplicar el corte del hacha en la saca del corcho, esta podría producir un sonido hueco al rasgar, señal de que la extracción será fácil. Si, por el contrario, la extracción se prevé más difícil, el hacha producirá un sonido breve, seco y firme. 


La plancha es separada posteriormente del árbol, insertando la punta del hacha o la cuña del mango entre la tira y la corteza interior. El hacha es desplazada entre el tronco y el corcho, con el objeto de despegar el corcho en grandes paneles de las principales secciones del tronco. Después de un corte horizontal, se traza una línea con la misma orientación entre la plancha de corcho que va a ser extraída y el corcho que permanecerá en el árbol. La plancha se retira del árbol con cuidado, para que no se parta. Cuanto más grandes sean las planchas de corcho, mayor será su valor comercial. La extracción de planchas completas depende de la habilidad de los trabajadores. Tras haber sido extraída la primera plancha, se repite la operación en todo el tronco.


                                Sacadores de corcho en plena faena (Fotografía de Fcº Domínguez Leal-archivo-)


Quedarán en el árbol las garras (trozos de corcho que no han salido con la plancha), que serán sacadas con el mango del hacha o, más corrientemente, con una palanca de madera terminada en cuña.


Las planchas de corcho, dejadas al pie del árbol, son recogidas por los amontonadores, que, como su nombre indica, irán realizando una serie de montones que serán recogidos para transportarlos a la pila, que suele hacerse en una parte de la finca, donde se reúne todo el corcho de la saca y donde está, o estaba, el campamento del personal que realizaba ésta. El corcho, tanto en los montones como en la pila, será colocado boca abajo; es decir, la parte que daba al árbol hacia el suelo, con el fin de que no se seque excesivamente. 


                         

Tras el pelado del alcornoque, la corteza en planchas más o menos espesas, habrán secarse al sol durante 2 o 3 días. Una vez secas se hervirán en la fábrica para desinfectarlas y quitarles impurezas, es entonces cuando el corcho se hincha y adquiere su elasticidad definitiva.


Después de ser sometidas otra vez a unos días de reposo, las planchas adquirirán el grado de humedad recomendado para poder recortarlas y clasificarlas según su espesor y calidad. Muy importante para esta clasificación es la cantidad de lenticelas que el corcho albergue, las lenticelas son pequeños orificios que se forman en corchos jóvenes, de color marrón rojizo, más o menos lignificadas y que frecuentemente son invadidas por mohos y microorganismos no deseados. Cuanto mayor es la cantidad de lenticelas peor será el corcho. También influye para su clasificación que el corcho esté maduro, que no esté verde, así como el hinchado o el nivel de agrietado. Sobre estos parámetros se realiza la clasificación, por ejemplo el corcho flor es el de mejor calidad, seguido de los de primera, segunda, tercera..., y así sucesivamente.


El corte transversal de las planchas da la longitud del corcho, unos 45 mm aproximadamente para los vinos jóvenes de consumo inmediato, y entre 50 y 55 mm, es decir, los de mayor longitud para los vinos de guarda. Por último con cilindros afilados o sacabocados se fabricarán los tapones. El siguiente paso es el de desinfección los corchos, siempre lavados y esterilizados para que no trasmitan aromas ni sustancias que contaminen el vino.



Antes del embotellado algunos corchos son parafinados y otros siliconados, la razón es mantener la humedad y flexibilidad necesarias para facilitar el descorche en botella.


Cuando los corchos presentan muchas porosidades se rellenan de una pasta de polvo de corcho, dichos tapones se denominan corchos colmatados, aunque también encontramos corchos aglomerados hechos a partir de pequeños trozos de corcho y poliuretano.


En la actualidad, la utilización del corcho ha dejado de limitarse a los tapones de botella, desde paraguas, tablas de surf, lavabos, ropa y bolsos de mujer, lámparas, carcasas para platos de cocina y muebles hasta casas de pájaros, zapatos y cuñas o cartas de amor, la creatividad es el único límite de las empresas que apuestan por la versatilidad de un producto cada vez más apreciado.


Así pues, a partir de ahora, pensemos que "el trocito de corteza de alcornoque" que alegremente taladramos con el sacacorchos y que de forma casi automática nos acercamos a la nariz, es fruto de una labor puramente artesanal tan minuciosa como la de hacer un buen vino, que ha costado muchos años de paciencia y dedicación, y que en la mayoría de las ocasiones proviene del trabajo de personas con una larga tradición familiar, ya que cada alcornoque plantado necesita más de una generación para llegar hasta la botella de un buen vino. 


No debemos olvidar que todo lo que rodea la saca del cocho es parte de nuestra historia y de nuestra cultura.



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Autor: Joaquín Ortega

Redacción El Monárquico



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Bibliografía:


Alvarado Corrales, E., «El corcho y el alcornoque en Cáceres». Institución Cultural el Brocense, 1981.


Pinheiro Ferreirinha, M., «A procura mundial de produtos corticeiros».Ponencia de la Convención Mundial del Corcho de 1980.


Pérez Márquez, F., y Pérez González, M.ª C., «El alcornoque y el corcho».Instituto de Ciencias de la Educación. Badajoz, 1982.






















1 Comentarios

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Ya conocía la historia del corcho, pero te felicito por lo bien que la has expuesto en tu artículo.

escrito por JMYribarren de Acha 01/ago/17    17:53

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