miércoles, 22 de noviembre de 2017, 02:46
Elmonarquico2015
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Palacio Real de Aranjuez. Patrimonio Nacional

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MiguelAdrover

En esta cuarta entrega de los Reales Sitios de España, gestionados por Patrimonio Nacional, nos detendremos en Aranjuez, un municipio de Madrid, al que atraviesan los ríos Tajo y Jarama.


Este es uno de los Reales Sitios de España desde que Felipe II lo nombrara en 1560, al igual, tiene el título de villa desde 1899. Por ello que se conoce como Real Sitio y Villa de Aranjuez. Es famoso por su Palacio Real y sus Jardines, sus huertas de fresas y espárragos, y también por haber servido de inspiración al célebre músico Joaquín Rodrigo para su,Concierto de Aranjuez. El Paisaje Cultural de Aranjuez fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2001.


El Palacio Real de Aranjuez es una de las residencias de la Familia Real Española, situada en el Real Sitio y Villa de Aranjuez (Comunidad de Madrid), que es gestionada y mantenida por Patrimonio Nacional. Está situado a orillas del río Tajo, entre la avenida del Palacio y la plaza de las Parejas por el Sur, el jardín del Parterre por el Este, la Ría por el Norte y la plaza del Raso de la Estrella por el Oeste.



Cuando el Emperador Carlos V empezó a interesarse por desarrollar Aranjuez como una villa regia con amplio coto de caza se aposentó, como en 1501 había hecho Felipe el Hermoso, en el viejo palacio de los maestres de Santiago.


Fue erigido por orden de Felipe II, quien le encomendó el proyecto al arquitecto Juan Bautista de Toledo, que murió durante su construcción, por lo que su discípulo Juan de Herrera fue el encargado de rematar la obra. Durante todo el siglo XVII se paró la obra, hasta que en tiempos de Fernando VI se acomete una importante ampliación, que continuará Carlos III dotándolo de unas alas que encierran el patio de armas, tal y como se puede contemplar hoy en día. Un palacio menor, la llamada Casa del Labrador, se sitúa fuera del recinto, formando parte del Jardín del Príncipe



Los inmensos jardines, proyectados para ensalzar la residencia real de la árida y seca meseta del centro de España, y regados con las aguas de los ríos Tajo y Jarama, son los más importantes del periodo de los Habsburgo en España. Alcanzaron singular renombre gracias al Concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo, considerada la composición musical española más escuchada en el mundo. En 2001 este entorno fue declarado «Paisaje Cultural Patrimonio de la Humanidad» por la Unesco.


Aranjuez fue, desde la conquista cristiana, propiedad de la Orden de Santiago, cuyos grandes maestres tenían aquí un palacio en el emplazamiento del actual. Cuando los Reyes Católicos adscribieron al soberano el papel de gran maestre de Santiago, Aranjuez quedó incorporado a la Corona. Esta fértil vega en la confluencia del Tajo y del Jarama, se convirtió en la residencia campestre por excelencia de los Reyes españoles: en la cultura española del Siglo de Oro decir Aranjuez significaba la perfección de la naturaleza, ordenada por el hombre, como El Escorial lo era del arte.


Tal excelencia fue apoyada por el artificio renacentista, pues Carlos V ya quiso hacer de este heredamiento una gran villa de inspiración italiana, designio continuado por Felipe II, que encargó a Juan Bautista de Toledo el trazado de las calles arboladas que ordenan el territorio dedicado a jardines y cultivos. Las presas llevadas a cabo en el siglo XVI regulaban el curso del Tajo y permitían regar los terrenos mediante canales.



Los Borbones no dejaron de desarrollar el esplendor del Sitio, donde pasaban toda la primavera desde semana santa hasta julio. Felipe V dispuso nuevos jardines, y Fernando VI el trazado de más calles arboladas y nueva población que alcanzó su completo desarrollo bajo Carlos III y Carlos IV. Como Fernando VII e Isabel II continuaron visitando Aranjuez durante la “jornada” primaveral, el esplendor regio del Sitio se mantuvo hasta 1870.


El Palacio Real, construido por Felipe II sobre el emplazamiento del antiguo palacio de los maestres de Santiago, debe su arquitectura a Juan Bautista de Toledo –que lo inició en 1564- y a Juan de Herrera, quien sólo llegó a terminar una mitad. Aunque lleno de rasgos originales en su planteamiento, el edificio resulta característico del clasicismo de los Austrias con alternancia de piedra blanca y ladrillo. El plan original fue continuado por Felipe V en 1715, pero no terminado hasta 1752 por Fernando VI. En la forma regular que Juan Bautista de Toledo había concebido, y que había tardado dos siglos en terminarse, el palacio sólo se mantuvo veinte años, pues en 1775 Carlos III mandó añadir dos alas.


Del Palacio destacan la Sala China Gabinete de Porcelana, así como la Sala de los Espejos.


Real Casa del Labrador


Carlos IV, siendo Príncipe de Asturias, utilizó como casa de recreo los pabellones del embarcadero de Fernando VI y creó en torno el Jardín del Príncipe. Cuando ascendió al trono decidió realizar al extremo opuesto de estos jardines una nueva casa de campo, llamada del Labrador por su exterior inicialmente modesto pero que desde el principio estaba destinado a contrastar con la magnificencia de su interior. Fue construida por el arquitecto mayor Juan de Villanueva y su discípulo Isidro González Velázquez, a quien se deben algunos de sus interiores . Estos, elaborados en diversas fases hasta 1808, constituyen la obra cumbre de la suntuosa decoración interior encargada por este monarca en sus palacios y casas de campo. Destaca en este conjunto la integración entre las diferentes artes y el lujo de los textiles, en particular las sederías de Lyon, así como la plena conservación de todos sus elementos en la planta principal, donde Fernando VII introdujo ciertas piezas y algunas vistas de Brambilla.




Jardines del Rey, de la Isla, del Parterre y del Príncipe


Felipe II, gran amante de los jardines, puso especial empeño en Aranjuez: de su época se conservan el Jardín de la Isla, trazado por el arquitecto Juan Bautista de Toledo, y el del Rey inmediato al palacio y cuya decoración actual se debe a Felipe IV. También en la Isla, la mayor parte de las fuentes se deben a Felipe IV si bien los Borbones continuaron enriqueciéndolo con detalles como los bancos de Carlos III.


Felipe V añadió a los jardines existentes dos nuevos trazados a la francesa: el Parterre ante el palacio y el extremo al final del Jardín de la Isla, llamado la Isleta, donde instaló la Fuente de los Tritones que Isabel II hizo llevar al Campo del Moro.




El Jardín del Príncipe debe su nombre y su creación al hijo y heredero de Carlos III quien en la década de 1770 empezó a utilizar el antiguo embarcadero de Fernando VI como pabellón de recreo y a desarrollar entorno un jardín paisajista a la moda anglo francesa con influencia directa de los jardines de María Antonieta en el Petit Trianon. Colaboraron aquí Juan de Villanueva y Pablo Boutelou.






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Autor: Miguel Adrover Caldentey

Director de El Monárquico



Fuente: Patrimonio Nacional






















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