martes, 19 de junio de 2018, 15:59
Elmonarquico2015
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Guardia Civil 173 años al servicio de España

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Miguel Adrover

El pasado día 13 de mayo, se celebró el 173 aniversario de la creación del cuerpo de la Guardia Civil, creo que es de recibo que desde El Monárquico y podría decir, desde toda la sociedad española, se le reta un merecido homenaje a este colectivo que desde su fundación ha demostrado con creces, con sudor, y con su sangre, que el servicio a la sociedad es su principal objetivo.


Quiero decir en este artículo, que a pesar de que algunos de sus miembros han mancillado el honor del cuerpo a lo largo de su historia, (¿díganme un solo colectivo en que no haya ocurrido?), son muchos más, miles y miles, día a día, que, trabajando duro en la calle, en los despachos, en la carretera, de paisano, de uniforme, a la vista de todos, o fuera de la vista de todos, lo ensalzan y elevan hasta lo más alto del respeto de la comunidad.


Pero para conocer un poco más de la creación de la Benemérita, lo mejor es adentrarnos un poco en la historia de su creación, a mediados del siglo XIX, cuando nuestro país necesitaba un cuerpo armado de carácter moderno, acorde al resto de Europa, innovador y que estuviera al servicio del orden público.


Así, el 28 de marzo de 1844, se produce un momento histórico en la creación oficial de la Guardia Civil, cuando, por Real Decreto, se crea un “cuerpo especial de fuerza armada de Infantería y Caballería”, bajo la dependencia del ministerio de la Gobernación y con “la denominación de Guardias Civiles”. A los efectos de organizar esta nueva fuerza se comisiona al mariscal de campo D. Francisco Javier Girón y Ezpeleta, II Duque de Ahumada.


El reto que se le plantea al duque de Ahumada es poner en marcha una institución que, caracterizada por su eficiencia y, en términos del Real Decreto, se destine “… a proteger eficazmente las personas y las propiedades”. Para ello, propone que la Guardia Civil sea una organización basada en la calidad por lo que recomienda cubrir la plantilla paulatina y selectivamente para garantizar la excelencia del personal. Suya es la siguiente cita: “servirán más y ofrecerán más garantías de orden cinco mil hombres buenos que quince mil, no malos, sino medianos que fueran.”


En consonancia con ello, el 20 de abril de 1844, el duque de Ahumada elabora un informe determinante, de cuya aceptación hacía depender su vinculación al proyecto, y en el que además de lo anterior, sugiere cambios organizativos y aboga por una mayor remuneración delos nuevos guardias puesto que ésta debería estar en consonancia con las responsabilidades que se les iban a asignar. Aun con todo, manifestando una capacidad organizativa excepcional, la propuesta significaba una reducción importante del gasto inicialmente presupuestado. El informe provocó la derogación inmediata del decreto anterior, que ni siquiera entró en vigor, para dar lugar al definitivo Real Decreto de 13 de mayo, presentado por el presidente de Gobierno y ministro de la Guerra, D. Ramón María Narváez, auténtico decreto fundacional de la Guardia Civil.


En el verano de 1844 se inició el reclutamiento de los primeros aspirantes, muy superiores en número a las plazas ofertadas, en lo que fue una muy rigurosa selección que había de complementarse con una instrucción minuciosa y exigente de los nuevos guardias en las instalaciones del Ejército de Madrid, en Leganés y Vicálvaro.


El mismo verano y ante los futuros oficiales, el duque de Ahumada pronunció un discurso enérgico en el que presentó una larga lista de obligaciones, sacrificios y deberes dejando en segundo plano las retribuciones y las recompensas, negando al Cuerpo militancia política de cualquier tipo. Lo esencial era que la Guardia Civil sirviera a España y los españoles independientemente de la forma política que el país quisiera adoptar.


El 1 de septiembre de 1844, día de la designación del duque de Ahumada como inspector general de la Guardia Civil, tuvo lugar la presentación oficial del Cuerpo con una parada militar ante las autoridades dónde mil ochocientos setenta guardias desfilaron organizados en sus compañías y escuadrones haciendo gala de marcialidad y mostrando una nueva uniformidad en la que era nota distintiva un original sombrero de tres picos de origen francés: el tricornio, que con el tiempo se convertiría en uno de los símbolos representativos de la Guardia Civil y de nuestro país.


El 9 de octubre de 1844 se aprobaba el Reglamento para el Servicio de la Guardia Civil, estableciendo las obligaciones y facultades de la Guardia Civil, su dependencia orgánica, vinculada en lo referido a su servicio peculiar al ministerio de la Gobernación, y el objeto primordial de la Institución: “la conservación del orden público, la protección de las personas y las propiedades (…) y el auxilio que reclame la ejecución de las leyes”.


Desde ese momento, empezó a forjarse la leyenda de la Guardia Civil, una leyenda de la que deberíamos sentirnos satisfechos todos los hombres de bien de este país, la lucha contra el bandolerismo fue una de sus primeras misiones, pronto tuvieron su primera intervención internacional patrullando y garantizando la seguridad ciudadana en Oporto durante la guerra civil portuguesa en 1847.


A los pocos años de su creación, la Guardia Civil debe encargarse de la protección de las instituciones y del mantenimiento del orden público. Tras el alzamiento de O’Donnell en 1854 (la Vicalvarada) y el cambio de gobierno que da lugar al Bienio progresista 1854 – 56, se planteó la posibilidad de disolución de la Guardia Civil por haber permanecido leal al gobierno legalmente establecido – algo que constituirá una constante a lo largo de la historia de la Institución; desaparecer por haber sido leales.


Pero la Guardia Civil resistió, evolucionó, se convirtió en el garante de la seguridad en tantos campos españoles, en las costas, su presencia nocturna por los caminos pocos transitados era deseada, y esta manera de ser se ha engrandecido hasta nuestros días, en el mar y en la carretera, si tienes un problema o accidente, deseas fervientemente que alguien te ayude, te saque del apuro o te auxilie, y en la mayoría de los casos, son los efectivos de la Guardia Civil los primeros en llegar.


Y así podríamos llenar páginas y páginas con su historia, no únicamente de la institución en sí misma, sino también personalizándola en miles de agentes que cada día demuestran su valor afrontando situaciones extremadamente complicadas, en misiones de rescate, de protección, de salvamento, cerca de nuestros hogares y lejos del suyo, algunos desplazados a otras provincias de España, otros destinados en misiones internacionales, todos ellos engrandeciendo día a día el honor del cuerpo, recordando que su lema es “El Honor es mi principal divisa”.





No quiero dejar pasar esta oportunidad para dar las gracias a todos aquellos integrantes de la Guardia Civil que desde su fundación han dado su vida por nuestro país, la mayor parte de veces tras cobardes acciones terroristas, con las que les han masacrado, o intentado masacrar desde su fundación. Nunca han podido doblegar su valentía ni su integridad.


Si tenemos un poco de memoria, nos fijaremos que todos y cada uno de los grupos terroristas que han amenazado nuestra patria, ya sean anarquistas, separatistas o terroristas de diferentes ideologías, todos los grupúsculos de desalmados que han querido terminar con nuestra nación, han tomado como cabeza de turco de sus atrocidades a la Guardia Civil. Este dato, a mí personalmente, me indica que tienen que estar haciéndolo muy bien, para que todos los que considero malos vayan contra ellos.

                                                  

Hoy, yo y la redacción de El Monárquico, les rendimos homenaje, y deseamos que usted, que ha leído este artículo hasta aquí, también se sume a él.


(En recuerdo de los Guardias Civiles caídos por España) 


GuardiasCivilesCaidos

Lo demandó el honor y obedecieron,
lo requirió el deber y lo acataron;
con su sangre la empresa rubricaron
con su esfuerzo la Patria engrandecieron.


Fueron grandes y fuertes, porque fueron
fieles al juramento que empeñaron.
Por eso como valientes lucharon,
y como héroes murieron.


Por la Patria morir fue su destino,
querer a España su pasión eterna,
servir en los Ejércitos su vocación y sino.


No quisieron servir a otra Bandera,
no quisieron andar otro camino,
no supieron morir de otra manera...








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Autor: Miguel Adrover Caldentey

Director de El Monárquico



* Fotos y vídeo: Canal Guardia Civil

























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