martes, 19 de junio de 2018, 16:02
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El Palacio Real de La Granja de San Ildefonso. Patrimonio Nacional

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                                                    Palacio Real de San Ildefonso. Patrimonio Nacional




MiguelAdrover

Siguiendo nuestro paseo por los Reales Sitios de España, hoy nos desplazaremos hasta la vertiente septentrional de la sierra de Guadarrama, esta zona fue durante la Edad Media, lugar de caza reservado para los reyes de Castilla, muy frecuentado por éstos dada la riqueza cinegética de la zona y su proximidad a la ciudad de Segovia.


Según cuentan las crónicas de la época, el primer refugio real de monteros (conocido como Casa del Bosque), fue mandado construir por el rey Enrique III en el pueblo de Valsaín, el rey Enrique IV fue un poco más allá mandando construir un albergue y una pequeña ermita dedicada al arzobispo San Ildefonso.


Ya en 1477 los Reyes Católicos donan la ermita y el albergue con extensiones de tierra a la congregación de los monjes jerónimos del Monasterio del Parral en Segovia. Estos monjes hicieron pequeñas reformas y se trasladaban en los meses de verano cuando el aire fresco de la Sierra era más agradable y la temperatura más soportable que en Segovia. Esta granja, lugar de meditación y recreo de los monjes del Parral, fue el origen del pueblo y de ella tomó el nombre. 


El rey Felipe II realizó la última reforma y convirtió el edificio en un suntuoso palacio que sirvió de residencia a sus sucesores hasta Carlos II, en tiempo del cual un gran incendio, en el año 1682, destruyó la parte de poniente.


Felipe V fue el impulsor del Palacio real que hoy conocemos, ya que creó este Real Sitio como una obra personal y completamente nueva con el fin de retirarse, y en efecto, abdicó en 1724, pero en agosto de aquel mismo año se tuvo que ceñir de nuevo la corona debido a la muerte de su hijo Luis I. A partir de entonces este retiro constituyó su palacio favorito y residencia estival, uso que continuó hasta el reinado de Alfonso XIII.


Como se ha dicho anteriormente, los reyes castellanos medievales ya utilizaban los pinares de Segovia como cazadero y tuvieron varias casas palacios en estos parajes, entre ellos el de Valsaín, reedificado por Carlos V y Felipe II pero que se destruyó en el incendió en 1683.


El Palacio de Valsaín en época de Felipe IV. Lienzo de Martínez del Mazo, sobre 1650 que se conserva en San Lorenzo.



Felipe V, buscando el sitio idóneo para su retiro después de su abdicación, escogió para su nuevo real sitio, cercano a Valsaín pero de nueva planta, la granja que los miembros de la orden de jerónimos del Parral (Segovia) tenían aquí y que el monarca les compró en 1720.


Encargó las obras del palacio a Teodoro Ardemans y las del jardín a René Carlier. El estilo español tradicional del primer arquitecto contrastaba con el radicalmente francés del segundo, discípulo del arquitecto de Luis XIV. Las obras avanzaron con gran rapidez, de modo que estaban concluidas en lo esencial a principios de 1724 y los reyes pudieron instalarse aquí en 1723.


Tras su vuelta al trono, Felipe V encargó ampliar tanto los jardines como el palacio, éste a cargo del arquitecto romano Andrea Procaccini.


Cuando en 1736 el arquitecto Filippo Juvarra vino a España, los reyes le encargaron una nueva fachada en el eje central del jardín, terminada ya por su discípulo Giambattista Sacchetti. El conjunto arquitectónico del palacio resulta muy italiano y de una gran densidad debido a todas estas fases construidas en tan poco tiempo.


El elemento central del edificio es la capilla real o Colegiata, construida por Ardemans y redecorada por Francisco Sabatini bajo Carlos III. Inmediato al altar mayor está el panteón real donde reposan Felipe V y su segunda esposa, Isabel de Farnesio. Aunque el palacio sufrió de nuevo un devastador incendio en 1918 conserva aún casi todas las decoraciones al fresco de la época de Felipe V, destacando el dormitorio de los soberanos, según diseños de Juvarra y con pinturas de Panini.


                                                                                    Interior del Palacio


El conjunto lo conforman el palacio propiamente dicho y una serie de edificios anejos, que dan a aquel una forma de U, con los Jardines del Medio Punto, donde se alzan diferentes árboles de especies de enormes coníferas exóticas como secuoyas o abetos de más de 300 años que le eran regalados al Rey. El palacio, en la parte frontal del complejo, consta de dos patios, el de los Coches, a la izquierda, y el de la Herradura, a la derecha. Anexada al palacio, se halla la antigua capilla del monarca, la Real Colegiata de la Santísima Trinidad, que a su vez contiene un espacio conocido como Capilla de las Reliquias y Cenotafio Real.


Tan relevantes como el palacio eran para Felipe V los jardines, donde puso grandísimo empeño en el conjunto de las fuentes, de gran interés a nivel europeo, tanto por la amplitud y estado de conservación del sistema hidráulico original, aún hoy en funcionamiento, como por la ornamentación escultórica realizada por artistas franceses que habían trabajado en los palacios de Luis XIV, sobre todo en Marly. Desaparecido el Marly de Luis XIV, es La Granja el principal ejemplo de este tipo de jardín formal a la francesa con riquísima decoración escultórica.


JardinesSanidelfonso


La mayor parte de los edificios para el séquito y la urbanización del pueblo se deben a Carlos III y en su mayor parte fueron vendidos en el Sexenio Revolucionario o transferidos luego a otras entidades; cabe destacar la Fábrica de Cristales y la Casa de Infantes, pero continúan formando parte del conjunto palatino las casas de Oficios, Canónigos y Caballerizas.


El trazado de los jardines se debe al arquitecto francés René Carlier quien los dejó enteramente diseñados y en gran parte realizados antes de su temprana muerte en 1722. La ejecución de sus planes fue continuada bajo la dirección de los escultores René Fremin y Jean Thierry y del jardinero Esteban Boutelou, todos franceses, que consiguieron dar notable coherencia a este trazado formal característico del estilo final de Luis XIV y de la Regencia.


El jardín inicial consistía en la zona frente al palacio, hasta la calle de la Medianería, mientras que la zona de las Ocho Calles, era un pequeño parque de caza. Tras su vuelta al trono, Felipe  V amplió el jardín incorporando a él las Ocho Calles y añadiendo luego más fuentes en esa área y sus inmediaciones, siendo la de Diana la última que encargó.



Las fuentes, realizadas en plomo para ser pintadas imitando bronce y mármol, y las estatuas de mármol forman el conjunto escultórico de mayor riqueza y el mejor conservado de su época. Fremin, Thierry y Bousseau dirigieron a un equipo de escultores que llevaron a cabo entre 1720 y 1745 este escenario animado por los espectaculares juegos de agua de las fuentes.




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Autor: Miguel Adrover Caldentey

Director  de El Monárquico





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Fuente:  Patrimonio Nacional.

























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