miércoles, 21 de noviembre de 2018, 20:44
Elmonarquico2015
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Curiosidades de linaje. La Batalla de Felix (parte 2ª)

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Sinttulo 17



Año del Señor de 1569. Guerras contra las rebeliones moriscas. Gobierna España el Rey Don Felipe II.


Situación histórica:


Mapa



La Rebelión de las Alpujarras fue un conflicto acontecido en España entre 1568 y 1571 durante el reinado de Don Felipe II. La abundante población morisca del Reino de Granada (musulmanes bautizados tras la conquista de Granada por parte de los Reyes Católicos) se alzó en armas en protesta contra la Pragmática Sanción de 1567, que limitaba sus libertades culturales y religiosas(1).


Felix es un pueblo de Almería situado frente a un cerro que todavía hoy día se llama “cerro de la matanza” por lo que allí sucedió en 1569, cuando los moriscos asediados y al borde de la derrota, prefirieron suicidarse arrojándose al vacío a ser capturados(2).


                                                Vista de la localidad de Felix, en la Alpujarra almeriense




Personaje:



Don Diego Mateos de Guevara, natural de Lorca, regidor y maestre de campo del general y adelantado de Murcia don Luis Fajardo, II Marqués de los Vélez. 


La Batalla de Felix, parte 2ª:


"...No teniendo este general olvidado el defecto cometido por la vanguardia en el desorden del avance, mandó llamar a los capitanes de Lorca a quienes trató de palabra ásperamente, haciéndoles cargo de aquel defecto. Los capitanes, que todos eran caballeros famosos y en hechos de la guerra muy prácticos y veteranos, dieron su justo descargo, y haciendo el Marqués la pesquisa con cuidado, halló ser el más culpado un soldado de lorca del apellido de Palomares al que mandó prender y ahorcar. Visto esto por la gente de Lorca (dice Pérez de Hita), que serían más de tres mil hombres valerosos y bien armados, propuso no consentir en que Palomares fuese ahorcado, aunque muriesen todos por este empeño, para lo cual se juntaron y formaron todos en una parte del campo.


Los capitanes de Lorca, luego que entendieron esta tan arriesgada determinación, y las malas consecuencias que prometía este premeditado motín, determinaron hablar al Marqués y suavizarle, suplicándole mandase suspender la orden que había dado en atención a que Palomares era hombre honrado, buen soldado y emparentado en Lorca con muy buenas y ricas familias, y que de lo contrario, temían poder resultar algún grave escándalo. 


La súplica de los capitanes de Lorca no fue bien admitida por el Marqués que quedó aún más irritado diciendo: que no dejaría de ahorcar a Palomares y que si fuese menester, a todo el tercio de los de Lorca. El rumor de estas palabras llegó a la gente de Lorca y dijeron en alta voz: A Palomares no han de ahorcar o todo el campo se ha de perder.


Aunque había mandado el Marqués que a nadie se diese puerta, luego que llegó don Juan Pacheco y Diego Mateos de Guevara, a pesar de los porteros y guardas del Marqués, entraron ambos en su cuarto y después que don Juan Pacheco hubo suplicado al adelantado que su determinación en aquel asunto no pasase adelante, por estar todo el tercio de Lorca determinado a defender a Palomares, y de ello podría ocasionar grandísimo daño en el ejército. Viendo Diego Mateos de Guevara que con la súplica de don Juan Pacheco, no se dió por obligado, determinado ya a perder la vida en defensa de su paisano y de su tropa, habló al Marqués de esta forma:







- No dejo de conocer, excelentísimo señor, que la justicia es buena en todas partes, y más necesaria en la guerra, porque si en tales casos no se ejecutase, muy fácilmente un crecido ejército se vendría a perder; y así digo, que la culpa hallada en Palomares es digna de castigo; más considere vuestra excelencia, que la razón, que estaba de parte de Palomares, y de los demás deudos, les hizo mover los ánimos a cruda venganza del pariente en Felix hecho pedazos; y como gente bisoña no advertidos en el rigor del castigo que de su atrevimiento les podría venir, descompusieron la escuadra de sus capitanes. Y atento esto, y que este pueblo estaba poblado, y fortalecido de crueles enemigos de nuestra santa Fé católica, me parece, salvo el mejor parecer, que no se debía ejecutar la justicia en Palomares con el rigor, que vuestra excelencia manda. Y advierta vuestra excelencia que para los no advertidos yerros, y sin malicia hechos, hay llana misericordia en los generales, y maestres de campo; y que Palomares no erró de malicia, ni los de su bando, como hombres mal disciplinados en el arte militar; porque cuando fuera un soldado de muchos años de milicia, sabiendo las leyes de la soldadesca, y diera en un yerro semejante, fuera digno de semejante castigo; y aún para un tal soldado que ha de entender la misericordia de un generoso capitán; porque este ha de hacer cuenta de no perder de su campo ningún soldado, porque si los enemigos le matan uno, y el capitán ahorca a otro, ya le faltan dos soldados, que en otra ocasión podrían servir sus Banderas extremadamente bien. Y bien sabe vuestra excelencia, que el Emperador Carlos Quinto, nuestro Señor de gloriosa memoria, cuyas Banderas vuestra excelencia siguió muchos años, siempre usaba de este término con los suyos, y así fue de la gente española tan amado, como vuestra excelencia lo sabe y todos sabemos. 


En los generales y capitanes más ha de haber misericordia que justicia. Venga a vuestra excelencia a la memoria el caso del grande Alejandro, cuando habiendo caído un soldado en un notable yerro, tal, como haberse sentado en su Real Silla, y allí quedarse dormido, culpa, y pecado digno de muerte; llegando Alejandro la halló ocupada del soldado; los capitanes, y soldados que con él venían fueron a echar mano del dormido soldado para prenderle o matarle; Alejandro les fue a la mano, diciendo; dejarle dormir, que otra vez velará para guardar mi persona, y el buen soldado no merece mal galardón, y éste por mucho velar en mi servicio, vino a dormirse, y por cierto, que no pudo hallar mejor cama que mi silla, y otra vez será posible que vele sobre los filos de su misma espada sirviendo a mi corona. Por cierto, dicho de generoso Rey, y buen general, que no mirando el yerro digno de muerte, no le castigó; antes mandó que le dejasen dormir. Pues, excelente Señor, no menos generosidad y valor de ánimo se halla en vuestra excelencia, que en Alejandro, según tenemos visto, y experimentado. El yerro de Palomares grande fue, más considere vuestra excelencia la inocencia de su pecado, y que andando la guerra adelante, podrá Palomares, y sus deudos servir a vuestra excelencia en alguna ocasión, que a vuestra excelencia diese gusto. Y si Palomares no lo merece, sus padres y abuelos lo tienen bien merecido sirviendo a vuestra excelencia, y a sus pasados. Y si sus padres y abuelos no lo han merecido, baste haberlo suplicado el señor don Juan Pacheco; y si don Juan Pacheco no lo merece, merezca Lorca de donde es hijo Palomares, por cuyos servicios la casa de vuestra excelencia está puesta en el cuerno de la Luna, con la ilustración que ahora tiene.


Y si adelantados tuvo en Murcia, y su Reyno del linaje de vuestra excelencia, Lorca fue siempre parte para que los hubiese; y si los varones ilustres de la casa de vuestra excelencia vencieron veinte y dos batallas de moros, y ganaran setenta y dos villas y castillos fuertes, y las pusieron bajo las reales coronas de Castilla y León; los de Lorca fueron parte para que lo pudiesen hacer; y si ilustración y resplandor la casa de vuestra excelencia ha tenido, y tiene, Lorca ha sido la causa. Por tanto suplico a vuestra excelencia, que Palomares de Lorca, hijo e Hidalgo, no pase esta muerte contra él pronunciada. Advierto a vuestra excelencia, que hay tres mil hombres de Lorca puestos en armas, los cuales morirán por librar a Palomares. Vea vuestra excelencia lo que determina en este caso. Y así por haberme atrevido a tan largo parlamento, vuestra excelencia mande se me de el castigo que fuere servido, o el que mis servicios y los de mis padres a la casa de vuestra excelencia, merecen que se me dé. -






Con esto dió fin a su razonamiento el valeroso Diego Mateos de Guevara, habiéndose hallado presentes don Juan Pacheco, Alonso Gualtero, Nofre Ruiz, Andrés de Mora y don Rodrigo de Venavides, que admiraron la discreción, y valerosa eficacia, con que Diego Mateos de Guevara había hablado al Marqués; quien en vista de esta grave representación, mudó de dictamen; y más cuando habiendo finalizado el valeroso Guevara su razonamiento, todos los caballeros presentes corroborando su petición hablaron de nuevo al marqués, que perdonó al punto a Palomares. Divulgose luego esta noticia por todo el campo que estaba en una grave expectación, la que de todos fue muy bien recibida, y más de los de Lorca, determinados ya, a no consentir la muerte de su compatriota(3)". 


Años antes de la Batalla de Felix, cuenta Morote:  "...Para la conquista de Tremecen (Argelia) en el año de 1542 socorrió Lorca con un tercio de gente valerosa compuesto de seiscientos hombres bajo el mando de don Sancho Martín Leonés, cuyo teniente fue el celebrado don Diego Mateos de Guevara, en cuya empresa obraron con mucho valor los de Lorca, en especial en una entrada de seis leguas que hicieron una compañía de cincuenta soldados de Lorca mandada por don Juan Mateos Rendón de Luna, trayendo gran cabalgada(3) ".




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Autor: Juan Adolfo Cerón

Caballero Comendador de la H.N.M.E. en Murcia



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Referencias:


(1).- https://es.wikipedia.org/wiki/Rebeli%C3%B3n_de_las_Alpujarras


(2).- https://es.wikipedia.org/wiki/Felix_(Almer%C3%ADa)


(3).- Transcrito de “Antigüedad y blasones de la ciudad de Lorca”, escrito por Fray Pedro Morote y Perez Chuecos en 1741.






















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