viernes, 24 de noviembre de 2017, 11:51
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Curiosidades de linaje. La Batalla de Felix (parte 1ª)

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Año del Señor de 1569. Guerras contra las rebeliones moriscas. Gobierna España el Rey Don Felipe II.




Situación histórica:


Mapa



La Rebelión de las Alpujarras fue un conflicto acontecido en España entre 1568 y 1571 durante el reinado de Don Felipe II. La abundante población morisca del Reino de Granada (musulmanes bautizados tras la conquista de Granada por parte de los Reyes Católicos) se alzó en armas en protesta contra la Pragmática Sanción de 1567, que limitaba sus libertades culturales y religiosas (1).


Personaje:


Don Diego Mateos de Guevara, natural de Lorca, regidor y maestre de campo del general y adelantado de Murcia don Luis Fajardo, II Marqués de los Vélez. 


La Batalla de Felix, parte 1ª:


" Encaminose el Marqués con su ejército compuesto de ocho mil hombres hacia el campo de la villa de Felix (cerca de Almería), siendo el día 19 de enero de 1569. Ordenó el general se tomase un alto cerro antes que se lo apoderasen los enemigos para su defensa. En la vanguardia iban mil tiradores de Lorca, la mayor parte alcarbuzeros. Llegaron a la vista de un crecido batallón de moros que esperaban para dar batalla.


En las primeras filas iba un soldado natural de Lorca al que llamaban Palomares, hermano de un cura a quien con mucha crueldad martirizaron las moras de aquel lugar; le acompañaban más de veinte primos hermanos y parientes. Acordándose de la muerte, que en odio de la Fé católica dieron a su hermano, renovando el dolor dijo a sus deudos: ahora es tiempo de que estos perros paguen la muerte de mi querido hermano, pues con tanta crueldad lo hicieron pedazos. Diciendo esto encaró el alcarbúz al escuadrón moro, y lo disparó al punto. Los demás parientes hicieron lo mismo, y saliendo sin orden de sus líneas, acometieron con deseo de venganza diciendo a voces: Santiago y a ellos. Viendo esto toda la gente de la vanguardia, presumiendo ser orden del general, sin esperar a más, acometieron con grande esfuerzo, gritando: Santiago. Los moros no pudieron dar más de una carga, por la gran presteza con que cargó sobre ellos todo el escuadrón de Lorca, poniéndose luego en precipitada fuga.


Los moros tomaron un cerrillo inmediato al lugar, con el intento de hacerse fuertes en una pequeña torre, que allí había. El Marqués, que vió a la vanguardia dar el santiago, y acometer al enemigo sin su orden, lleno de mortal ira bramaba, dice Pérez de Hita, como un León, y dando grandes voces picó a su valiente caballo y poniendo en confusión y temor a cuantos le miraban, pasó a la vanguardia con ánimo de lancear a los capitanes de ella. No pudo el marqués lograr su intento, y fue providencia de Dios, Señor de los ejércitos, pues estaban ya las compañías de Lorca tan empeñadas en la batalla, y era tal el ruido de la gritería de los moros, de las trompetas, cajas, y disparos de la alcarbuzería, que parecía se hundían los cielos y se derrumbaban las vecinas sierras; y si el Marqués en aquella coyuntura hubiera ejecutado cualquiera acción contra los dichos capitanes de la vanguardia, se hacía muy probable el que todo el ejército se llegara a perder. Viendo pues el sabio general, que no podía remediar tan bisoño yerro, acordó de seguir con el resto de las tropas al bando moro. Éste se dividió en tres partes, la una tomó la retirada hacia la parte del mar, a la que siguió el marqués con tanta ligereza y valentía, que en tiempo brevísimo les acometió tan irritado, que desahogando su enojo, empezó a lancearlos con tal destreza y arrogancia, que no cedía, dice el citado autor, ni al Cid, ni a Bernardo del Carpio, ni a la valentía del conde Fernán González. Lo mismo fue conocer los moros la giganta estatura de Fajardo, que desfallecer sus ánimos. Cargó sobre ellos todo el resto de la caballería, quedando muertos todos los moros que allí había por el escuadrón volante de los cristianos.


El segundo escuadrón de tropas moriscas tomó unas ramblas hondas y quebradas, y de estas se libraron los más. La otra parte, que fue la más poderosa tomó el cerrillo cercano al lugar, y en él, dice Luis de Mármol, se reunieron, y fortificaron en un reducto que formaban unas peñas. Aquí hicieron rostro peleando los moros con valeroso esfuerzo, habiendo entre ellos muchas moras, que se defendía, y ofendían con varoniles ánimos. Tiraban estas muchas piedras y losas desde la eminencia, para embarazar la subida de nuestros soldados; siendo tanto su valor y saña, que llegaban a herir por las barrigas a los caballos con unas almaradas; y otras faltándo piedras tomaban la tierra con las manos tirándola a los ojos de los cristianos, para que a ojos cerrados desatinasen y pereciesen. Mas poco les valía su resistencia (dice Pérez de Hita), porque el endiablado escuadrón de Lorca, con una infernal furia, parecía que volaba por aquella cuesta arriba, matando e hiriendo todo lo que delante hallaba, con tanta crueldad que parecían rayos ardientes contra los moros y moras. Fue tal la ruina que los de Lorca causaron en aquellas tropas enemigas, que hubo muchas moras que al ver tanto estrago, abrazadas unas con otras, llorando amargamente, se dejaban caer desde lo alto de unos peñascos, llegando a lo profundo hechas mil piezas.


Ya no me admira, que los moros y los herejes mahometanos, como enemigos nuestros, viendo a don Luis Fajardo castigando con las armas y vengando los agravios hechos a la religión católica y a sus sagrados ministros, le llamasen: el diablo de cabeza de hierro."


Según “El II Marqués de los Vélez y la guerra contra los moriscos”, escrito por V. Sánchez Ramos, el marqués envía el 27 de enero de 1569 al concejo de Huéscar un informe desde Felix con su particular forma de escribir:


“Bien creo que toda esa ciudad holgaríades tanto como en ella dezís del favor que Dios a sido servido hazernos, dándonos victoria contra los enemigos e porque ya abreys sabido por vía de Vélez la segunda que tuvimos aquí en Felix, que fue muy mayor que la primera, en que murieron más de dos mil e quinientos de los enemigos. Avemos repartido ochocientas almas e pocos menos de captivos, más la mucha cantidad de ganados, vestias y vagajes ...” (2)


Continuará...






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Por Juan Adolfo Cerón





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Referencias:


1https://es.wikipedia.org/wiki/Rebeli%C3%B3n_de_las_Alpujarras

2. Transcrito de “Antigüedad y blasones de la ciudad de Lorca”, escrito por Fray Pedro Morote y Perez Chuecos en 1741.


Bibliografía: "Discursos históricos de la ciudad de Murcia" , de Francisco Cascales publicado en 1775.






















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