martes, 19 de junio de 2018, 16:01
Elmonarquico2015
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Irena Sendler, el ángel que salvó a 2500 niños en el gueto de Varsovia

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                                             Imagen en 2005 de Irena Sendler "El Ángel de Varsovia"

 



Este es un homenaje a todos los hombres y mujeres valientes.


Marife de Miguel 1

Y este es el homenaje a una valiente y fuerte mujer que arriesgó su vida para salvar la de cientos de niños durante la ocupación nazi. Un doce de mayo de 2008, dejaba este mundo Irena Sendler. Su figura, su vida, su hacer, su valentía me hace considerar la idea que de héroe o heroína en este caso, manejamos en nuestros días. Hemos avanzado tanto en ciencia, en medicina, en tecnología y si embargo siento que hemos retrocedido en el conocimiento de lo esencial, pues lo esencial vive en el alma, en el corazón de las personas y se manifiesta en acciones de valentía que anteponiendo su propia seguridad e incluso la propia vida, no dudan en arriesgarla en pos de un bien común mayor. Estas personas no buscan, en el momento en que deciden sacrificarse por un propósito superior, ninguna recompensa ni reconocimiento, más bien tratan de pasar desapercibidas, actuando en silencio y discreción porque saben que a lo único que deben rendir cuentas es a su conciencia, esa que no les deja mirar para otro lado ni permanecer impasibles ante la barbarie o la locura.


Irena nació en Polonia, se la conoce como "el Ángel del gueto de Varsovia". Y esta es su historia.


Deportation to Treblinka from ghetto in Siedlce 1942

Educada en los valores más puros y en la ayuda al prójimo, cuando los alemanes confinaron a los judíos en el gueto de Varsovia, Irena, al igual que sus compatriotas sabían que el destino de sus ocupantes era la muerte. Su corazón inmenso no le permitió mirar hacia otro lado mientras familias enteras eran deportadas en trenes de viaje sin retorno. Irena era católica pero eso no le impidió unirse al Zegota, el consejo para la ayuda de los judíos. De esta forma y en su condición de enfermera tenía libre acceso al gueto para atender principalmente a aquellos aquejados de enfermedades contagiosas como el tifus. Esta coyuntura le permitía una mayor libertad en las entradas y salidas y en los movimientos en el interior del recinto. Así, ante el horror de las deportaciones ella y sus colaboradores decidieron evacuar a los niños de diversas formas, generalmente en las ambulancias que usaban para sus fines sanitarios, en camiones de escombro, en sacos, cualquier medio era válido si lograba su cometido, rescatar a los inocentes de una muerte segura. Adormecían a los pequeños y atravesaban las líneas de salida sin levantar sospechas. Incluso portaba unos perros adiestrados para ladrar en caso de que algún niño despertase en el traslado y su lloro alertara a la guardia nazi. 


Irena41


El drama y el dolor de las familias que se separaban de sus pequeños debió ser desgarrador, la mayoría nunca volvió a ver a sus padres biológicos pero si hubieran permanecido a su lado, ellos también hubieran muerto en los campos de exterminio. La heroica labor de Irena y sus colaboradores salvó de la muerte a más de 2500 niños. Ella registraba en cada salida los datos familiares de los pequeños de forma que un día pudieran encontrar sus verdaderas raíces en el país que les había visto nacer. En botes de cristal enterrados en el jardín, escondía estos valiosos documentos junto a las nuevas identidades de los niños. En octubre de 1943 la Gestapo la descubre y detiene y la envía a la prisión de Pawiak, allí es brutalmente torturada con el fin de lograr su confesión encaminada a averiguar tanto el destino de los niños rescatados como las identidades de sus colaboradores, le rompen las piernas y los pies, pero Irena no confiesa. Ante la negativa a desvelar los datos, es condenada a muerte y tras meses en prisión, durante el traslado a su lugar de ejecución un soldado alemán la deja escapar. La resistencia había sobornado a quien debiera para lograr su liberación, aunque oficialmente para la administración nazi figuraría como ejecutada. Su vida transcurre entonces en la clandestinidad sin dejar de apoyar a la causa hasta el final dela guerra. No se trata de la causa judía sino de la causa humanitaria. Como ella misma decía en una entrevista concedida poco antes de morir en el año 2008.


“La razón por la cual rescaté a los niños tiene su origen en mi hogar, en mi infancia. Fui educada en la creencia de que una persona necesitada debe ser ayudada de corazón, sin mirar su religión o su nacionalidad.”


Durante muchas décadas su historia y hazaña pasó desapercibida, principalmente porque la propia Irena no quiso hacerla pública. No la movió ninguna ideología política o religiosa sino su inmenso corazón y su sentimiento de no hacer lo suficiente ante los horrores dela ocupación alemana, pero sobre todo la movía su convicción, su sentir opuesto a mirar hacia otro lado. Era su deber, no lo entendía de otra forma.


Irena fue nominada para el Premio Nobel de la Paz, una iniciativa del presidente polaco LechKaczynski con el apoyo de la Organización de Supervivientes del Holocausto. El premio, finalmente, fue concedido a Al Gore, ex vicepresidente de Estados Unidos.




Por ella y para ella, este pequeño pero muy sentido homenaje. Por ella el recuerdo siempre en el corazón de sus niños y en el de toda persona que lleve en si valores sublimes, el coraje, la entrega, el sentido de la justicia, la valentía, la compasión y sobre todos ellos el amor, pues sólo por amor se superan las dificultades por insuperables que estas parezcan. Sólo en corazones de seres bravos y de ciertos ángeles se pueden encontrar estos valores. Como en el de esta mujer, el Ángel de Varsovia.





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Autora: Maria Fe Miguel García

Licenciada en Derecho.

Dama Gran Cruz de la HNME.




















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