martes, 25 de septiembre de 2018, 01:31
Elmonarquico2015
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¿Tiempos nuevos?

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Estamos asistiendo, casi sin darnos cuenta, a un cambio social y sociológico que se encamina hacia tiempos nuevos. Por mucho que nos empeñemos en aferrarnos a lo que consideramos tradicional, los tiempos están dejando de ser los mismos. Para bien o para mal, la sociedad está empezando a ser otra. Ni mejor ni peor, otra.


Económicamente hablando, nos hemos acostumbrado a opinar muy alegremente, casi faltando al respeto a los profesionales de la economía diría yo, de déficit, de ajustes, de recortes, de la cifra de parados que sube o baja, de copago sanitario, de subida de tasas universitarias, de bajada de becas, de despidos en empresas públicas y privadas… Pero lo que quizá no nos hemos parado a pensar detenidamente, es que detrás de esos números, datos y estadísticas se encuentran personas. Personas sin trabajo que no pueden pagar los estudios universitarios de sus hijos porque han recortado las becas. A esto hay que añadir que estos hijos de estas personas sin trabajo no se pueden permitir el lujo de suspender una asignatura, porque entonces sí se tendrían que olvidar definitivamente de la Universidad.


Esas opiniones personales convertidas en titulares informativos y periodísticos tienen un solo significado: Desigualdad. 


Esta explicación, que a priori parece demagogia y populismo, es una realidad a la que se está llevando a este país. Después de trabajar tantos años por la consecución de la igualdad de oportunidades, nos encontramos que retrocedemos a pasos agigantados en educación, en sanidad, y como decía la niña de aquel anuncio publicitario “en todo, todo y todo”.


Ese cambio hacia tiempos nuevos de los que hablaba al inicio, también se experimentó a finales de los años setenta principios de los ochenta. La sociedad dio un vuelco. Todo dejó de ser “como antes”. Se avanzó, se progresó, se miró al futuro con ilusión y con esperanza.


Políticamente el país contaba con una democracia recién nacida que la propia sociedad se encargó de que creciera sana y fuerte.


Hoy, con una democracia joven pero madura al mismo tiempo, y comenzando a salir de una fuerte crisis económica que planeó durante años sobre nuestro país, nos encontramos con que los problemas actuales no es que sean otros y las soluciones deban ser otras, es que a los mismos problemas hay que “actualizarles” las soluciones.


 Nos llevamos las manos a la cabeza por los malos tiempos que atravesamos, pero no es nada nuevo. No hay que olvidar que la Historia tiende a repetirse. Si echamos mano del tiempo atrás, del tiempo viejo, veremos que todos los problemas actuales como el paro o la emigración de nuestros jóvenes, nos resulta más que familiar. Todavía recuerdo unas declaraciones del gran artista ya fallecido Juanito Valderrrama, en las que evocaba lo pronto que se nos había olvidado cuando nuestros compatriotas salían hacia Alemania o Francia con sus maletas de cartón, en busca de un futuro mejor para ellos y sus familias.


Efectivamente se nos olvidó muy pronto. Llegamos a creer, hicimos creer a los más jóvenes, que “aquello” no tenía nada que ver con nosotros, con estos tiempos. Craso error. 


Sociológicamente hablando, todo esto está dentro de lo normal. Tiempos nuevos dentro de los viejos tiempos. Pero ¿qué es lo que ya no es tan normal?. Lo que ya no es tan normal es que vamos hacia atrás. No vamos prosperando como antaño. Vamos retrocediendo de alguna manera.


Hoy día tiene que pasar mucho tiempo para que se vuelva a conseguir lo que una vez se consiguió. Ahí es donde radica la diferencia y ahí es donde está el descontento.



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Autora: María del Sagrario Gómez Sánchez

Jefe de Sección de Recursos Humanos en la Administración del Estado



















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