martes, 19 de junio de 2018, 16:02
Elmonarquico2015
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Blas de Lezo: el almirante tuerto, manco y cojo que salvó a un Imperio

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                                                               Batalla de Trafalgar, obra de Juan Vallejo. 




FranciscoJ.Tostado

En ocasiones la historia es injusta con los personajes que la protagonizan y un ejemplo de ello lo encontramos con el Almirante Blas de Lezo y Olavarrieta, uno de los mejores estrategas de la Armada Española que tras humillar a la flota inglesa en la batalla de Cartagena de Indias prolongó durante más de medio siglo la potencia naval y territorial de España en el Atlántico siendo olvidado por todos después de su muerte. 


Conocido como Patapalo –y después Mediohombre- por las numerosas heridas sufridas en combate, nació en Guipúzcoa, España, en 1689. Participó en la batalla naval más importante del conflicto de la Guerra de Sucesión frente a Velez-Málaga (1704) siendo herido en la pierna izquierda por un cañonazo que requirió que se le amputara (sin anestesia) por debajo de la rodilla. Poco tiempo después, en la fortaleza de Santa Catalina de Tolón, en combate contra las tropas del príncipe Eugenio de Saboya, otro cañonazo hace que se le aloje en el ojo izquierdo una esquirla que explota provocándole la pérdida del ojo. En el asedio de Barcelona del 11 de septiembre de 1714 recibe un balazo de mosquete en su antebrazo derecho, quedándole inútil dicha extremidad para siempre. Contaba sólo con 25 años cuando le encontramos sin el ojo y la pierna izquierda y con el brazo derecho inutilizado, es decir, tuerto, manco y cojo. A pesar de todo participó en 22 batallas, siempre con gran éxito, lo que le valió el título de Almirante. 


                                 Retrato de Blas de Lezo conservado en el Museo Naval de Madrid



Su última gran victoria


Por todos los servicios prestados, el rey lo ascendió en 1734 a teniente general de la Armada, regresando a América como comandante general de Cartagena de Indias. Los ingleses buscaban una excusa para entrar en conflicto con España y así apoderarse del territorio del Imperio español en América, y la encontraron en un hecho que no dejaba de ser prácticamente intrascendente: el capitán de navío Juan León Fandiño apresó el barco corsario de Robert Jenkins frente a la costa de Florida cortándole la oreja mientras le decía que fuera ante su rey inglés para comunicarle que haría lo mismo con él. Jenkins se presentó delante de la Cámara de los Lores y denunció el caso con la oreja en la mano.


En el año 1741, el rey Jorge II tenía la justificación que le faltaba (o al menos eso pensaba él) para iniciar la batalla de buques de guerra más grande hasta la fecha y el mayor desembarco conocido, sólo superado por el de Normandía. El puerto de Cartagena de Indias iba a ser la puerta de entrada para que la corona inglesa dominara toda América y el rey, convencido de la victoria, acuñó monedas y medallas poniéndolas en circulación. En ellas se decía en el anverso: 


"Los héroes británicos tomaron Cartagena el 1 de abril de 1741 y El orgullo español humillado por Vernon.."


                                                                                       Medalla de la época


Nada hacía presagiar lo contrario. Los ingleses prepararon 186 barcos con 2.000 cañones, y 23.600 marinos, soldados y esclavos negros de Jamaica, junto con 4.000 reclutas de Virginia que se encontraban bajo las órdenes de Lawrence Washington -medio hermano del futuro George Washington-. Poco podía hacer Blas de Lezo pues sólo disponía de 3.000 hombres y seis navíos de guerra. Sin embargo la sorpresa fue mayúscula y ocurrió todo lo contrario. Blas de Lezo volvió a brillar con su ingenio militar e hizo alejarse de la bahía al almirante inglés Vernon con toda su armada destrozada. Fue entonces cuando pronunció la famosa frase: 


"Para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, porque esta sólo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres, lo cual les hubiera sido mejor que emprender una conquista que no pueden conseguir."


La derrota inglesa fue tan grandiosa que aseguró el dominio de España de los mares hasta la batalla de Trafalgar (1805) aunque la historia inglesa nunca reconoció esta humillación y el rey Jorge prohibió hablar de ella. Pero lo verdaderamente injusto de la historia es que tras la muerte de Blas de Lezo en Cartagena ese mismo año (por peste o quizás tifus) pasara al olvido y no se le reconociera sus 40 años de brillantes servicios a la Corona española. No será hasta principios del siglo XX que se le empieza a recordar como lo que fue, un héroe. 




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Autor: Francisco Javier Tostado

Médico especialista en Obstetricia y Ginecología

Escritor, amante de la historia y bloguero

http://franciscojaviertostado.com
























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