viernes, 20 de septiembre de 2019, 15:04
Elmonarquico2015
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Jesús, azote de Roma, hijo de Dios

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Marife de Miguel 1La figura de Jesús responde hoy como hace dos mil años al intento del hombre de comprender más allá de su realidad física, esa otra realidad íntima, recogida en el fondo del alma llamada realidad espiritual. Para aquellos que buscan o sienten la fe de Dios, la figura del hombre que porta el mensaje divino es el agua que calma una sed distinta a la necesidad fisiológica del cuerpo, esa otra sed es más acuciante, constante e insaciable, no es el agua la que puede saciarla sino la respuesta sin palabras al fondo del corazón que le otorga la certeza anhelada y buscada.


Una gran mayoría de nuestros antepasados y de los que hoy habitamos este hogar llamado Mundo, caminamos nuestra vida a la par que nos sentimos asediados por avalanchas de preguntas imposibles de detener en la profundidad de nuestros pensamientos. No es nada nuevo, el hombre en sus albores ya buscaba respuestas a realidades incomprensibles y así nos lo dejó plasmado en su arte y construcciones. Cuando la escritura fue lo suficiente elaborada para transmitir y dejar constancia de los conocimientos adquiridos, mentes eruditas y capaces nos dejaron sus reflexiones y postulados siempre en respuesta a los grandes misterios de la vida y existencia.


Y fue en una época relativamente reciente que según la tradición cristiana, un hombre de nombre Jesús encarnó para iniciar una verdadera revolución espiritual que ha condicionado la Historia y el destino de muchos hombres y mujeres a partir de su llegada. Pero… ¿sólo vino a la Tierra portador de ese mensaje espiritual o en cambio fue un líder político y social que hizo temblar los cimientos de la Roma Imperial ante una rebelión inminente de la mano de los adeptos a un hombre que decía llamarse el Hijo de Dios y que sentían, asimismo, en sus carnes la opresión del yugo del imperio romano y que por esa razón veían en la figura de Jesús, además de la espiritual al libertador ungido?.


Su existencia se puede constatar por quienes en la antigüedad recogieron su testimonio. Las fuentes históricas descansan no sólo en los Archivos Vaticanos. En el Monasterio de Montserrat se custodian documentos datados en fechas posteriores relativamente recientes a la muerte de Jesús, papiros pulcramente escritos mencionan al mismo; pero hay otras referencias históricas a la figura de Jesús no cristianas por tanto más imparciales como la mención del historiador Flavio Josefo, nacido en el año 37 d., aludiendo a Cristo como el “convertidor de infieles”, o las referencias al mismo de Tácito o Plinio. Contamos con una fuente relativamente reciente en su descubrimiento, que no en su origen, los controvertidos Evangelios apócrifos, denominados así porque la Iglesia católica no los reconoció como parte de las Sagradas Escrituras. Encontrados en Qumrán, cerca del Mar Muerto son aproximadamente unos 900 rollos escritos en hebreo, arameo y griego, en ellos se profetiza la llegada del Mesías antes del nacimiento de Jesús y así mismo profundizan y son más explícitos acerca de su vida, sus enseñanzas y colman lagunas que los evangelios canónicos dejan sin cubrir, no sólo del Jesús ungido de la gracia de Dios en su papel de Mesías sino en su papel de hombre, relacionando y desvelando parte de su vida terrenal, instando a quien lee a sentir que en su mensaje la divinidad no es ni pertenece a una élite privilegiada sino que toda persona es capaz de ser y sentir la llama eterna que arde dentro de cada uno, presenta a un ser divino en su mensaje y sin embargo humano en su proceder entre discípulos fueran hombres o mujeres, pues a todos iba dirigido el mismo mensaje, el mensaje del Amor. No sólo de constataciones posteriores a la muerte de Jesús constan estos manuscritos sino de profecías previas. ¿Será ese el motivo de la serenidad y melancolía en el rostro de María al sostener en sus brazos a su hijo descendido de la Cruz? ¿Será la calma del dolor portado desde el nacimiento de su primogénito cuando tras una revelación se la hizo conocedora del prodigioso y trágico futuro del mismo? La obra del genial Miguel Ángel Buonarroti, parece desvelarlo como nadie ha sido capaz.


El prendimiento y posterior ajusticiamiento del hijo de Dios por parte de las autoridades romanas es motivo de estudio en la actualidad. El derecho romano en el que muchas ramas de nuestro derecho actual hunden sus raíces, se articulaba en leyes bastante rigurosas en su cumplimiento y las crucifixiones se llevaban a cabo por razones fundamentadas. No era una causa la blasfemia ni el proclamarse hijo de Dios, pero sí lo era actuar como incitador a revueltas y desórdenes, proclamarse Rey de los Judíos, poniendo en entredicho la autoridad de Roma. El Sanedrín, asamblea o corte suprema de la ley judía, por su parte, también veía en Jesús una amenaza para sus intereses religiosos y privilegios adquiridos. Previo al juicio ante Poncio Pilatos, Caifás ya había dictaminado el suyo secundado por los miembros del consejo.


Llamada espiritual a una sed del alma necesitada de respuesta y transmitida por un ser portador de Luz en medio de una situación política complicada y tensa bajo el dominio del Imperio de ultramar. Respuestas y visión de una fe universal basada en el amor y la paz que posteriormente ha resultado bien difícil de cohesionar, nos han dejado un Jesús de apasionante magnetismo y portador de respuestas a las eternas y trascendentales preguntas, no obstante, vivió en una época convulsa y eso a poco que razonemos, nos hace ver que no debemos desligar su figura de ese contexto histórico, de su papel como líder y lo que ello conllevaba, habida cuenta del creciente número de seguidores en pos de su palabra. Ante ello Roma no se podía permitir permanecer impasible, y no lo hizo. Esa palabra, una vez desaparecido el mensajero, quedó a merced de sus seguidores. Y aquí la historia también ha de decir mucho aún y desmentir bastante más. La Verdad, como él proclamaba, sólo Una, es asignada por nosotros a dioses particulares, corrientes religiosas, filosóficas o intereses propios que en ocasiones poco o nada tienen que ver con la espiritualidad más pura.


Es esta época de Semana Santa un buen momento de reflexión no sólo sobre el hecho de la Crucifixión y muerte de un líder político y espiritual,dispuesto a transformar el sistema tradicional, sino también y por encima de las pasiones y bajezas humanas es buen momento para sumergirse en su mensaje elevado. Es buen momento para ver en las procesiones y representaciones de su pasión al hombre y ser divino a la par, el que precedió a tales momentos, a recordar e interiorizar sobre su palabra esparcida por todos los rincones del mundo conocido entonces, a indagar sobre su legado en las fuentes mencionadas desde el recogimiento más profundo e intentar desvelar el misterio de la resurrección que tal vez no haya que tomar al pie de la letra, no sea la carne la que ha de renacer sino el espíritu, reforzado, más sabio, regresado a la vida tras haber superado una muerte oscura, la del reino material dando paso a otra visión de la eterna pregunta que cada uno formulamos a nuestra manera en lo más profundo de nuestra alma.



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Autora: Marifé Miguel García

Licenciada en Derecho

Dama Gran Cruz de la H.N.M.E.





















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