martes, 11 de diciembre de 2018, 22:05
Elmonarquico2015
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Entrevista a D. Román Piña Homs, Presidente de la Real Academia Mallorquina de Estudios Históricos, Genealógicos y Heráldicos

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MikelGarauRossell

El Excmo. Sr. D. Román Piña Homs, nacido en Palma en 1937, es Doctor en Derecho por la Universidad de Barcelona – 1977. Y Catedrático de Historia del Derecho y de las Instituciones, en la “Universitat de les Illes Balears” hasta junio de 2009 en que se jubiló; pasando a ser Profesor Emérito y miembro del “Consell Social” de la misma U.I.B.


Es Presidente de la Real Academia Mallorquina de Estudios Históricos, Genealógicos y Heráldicos desde 1991. Correspondiente de la Real Academia Española de la Historia, de la Academia de las Buenas Letras de Barcelona, de la Academia de Estudios Genealógicos y Heráldicos de México, de la Academia Arqueológica Italiana y del Instituto Peruano de Investigaciones Históricas. Académico de Honor de la Academia Puertorriqueña de Estudios Históricos, y Magister de la Majoricensis Schola Lullistica. Asimismo, fue Rector de la Universidad Internacional del Mediterráneo con sede en Ibiza.


En 1989 le fue otorgada la Cruz de Alfonso X el Sabio por su trabajo de promoción en la creación de la U.I.B. En 2004 obtuvo el Premio Ramón Llull de la Comunidad Autónoma de la Islas Baleares por su trayectoria en el ámbito jurídico. Y en 2015 se le concedió la Medalla de Oro de la Comunidad Autónoma de las Islas Baleares como miembro del Comité de Sabios que asesoraba la reforma del Estatuto Balear.


Su producción literaria es muy extensa, entre los que se hallan innumerables artículos publicados en revistas especializadas como la “Revista de Dret Històric Català” o el “Bolletí de la Societat Arqueològica Lullina” o Memorias de la Real Academia Mallorquina de Estudios Históricos, Genealógicos y Heráldicos”. Así como 19 colaboraciones en obras colectivas especializadas en Derecho, y publicado una veintena de libros sobre la Historia del Derecho, de los que podemos destacar: La creación del Derecho en el reino de Mallorca; Las Instituciones de Menorca en el siglo XVIII o Fundamentos jurídicos de Europa.


Don Román Piña, en un acto de la H.N.M.E. en Mallorca junto al autor de la entrevista don Mikel Garau (Archivo)


Hace un día soleado propio de la primavera, temperatura suave, tierna brisa que mece las hojas y orea el ropaje. Me apeo del autobús de línea que me ha conducido hasta cerca del domicilio de don Román. Don Román vive justo al principio de la localidad mallorquina de Esporlas (topónimo así inscrito en todos los mapas habidos hasta que, a mediados del siglo XX con la llegada del nacional-catalanismo a la política balear, fue catalanizado inscribiéndolo como: Esporles) que dista 15 minutos de la ciudad de Palma.


Le llamo por teléfono comunicándole que estoy entrando en la calle de su domicilio. Nada más colgar, a unos cien metros de donde me hallo aparece la figura de don Román en el centro de la calle, saludándome, levantando la mano y esbozando una leve sonrisa.


Llegado a su altura nos apretamos la mano y me invita a pasar a su casa, no sin antes hacerme notar el esplendor de una enorme planta de jazmín reventado de blancas flores penta-petaladas. Yo ya había notado su dulce aroma que impregna el lugar. La casa es un edificio típico del campesinado mallorquín rodeado de un cuidado jardín y de una pequeña huerta con árboles frutales.




D.RomanHoms


      Jardin




Una vez dentro y después de un pequeño recorrido por varias estancias plagadas de retratos de su familia, con muebles del siglo XIX y una hermosa Virgen de Guadalupe pintada sobre cobre plateado y marco de buena plata, entramos en su estudio, que, como no puede ser de otra forma en una persona de Letras, abarrotada de libros por doquier. Tomamos asiento en unas coquetas butaquitas rojas y empezamos la entrevista:


- Don Román, el 18 de junio de 2009 fue su último día de clase. ¿Qué sintió ese día en su interior?


Sentí un sabor agridulce. Por una parte recibí en el aula magna las muestras de afectos de mis alumnos, compañeros y profesores. Me escuchaban con atención, pero yo experimentaba la tristeza de que aquella era mi última lección universitaria. Nuestras clases acostumbraban a durar poco. Algo más de cuarenta minutos. No eran una tertulia, pero sí bastante participativas, y un tanto teatrales por parte mía. Lo importante era tenerlos atentos y provocarles de tanto en tanto. Mis alumnos aprendían de mí, pero tampoco había día en que yo no aprendiese algo de ellos.


- ¿Ese día, de qué trato su lección?


Hice una síntesis de los elementos vertebradores de nuestra disciplina, desde el ejercicio en común de “Aprender a pensar”. La clase no era un espacio para la comunicación de conocimientos. Para esto ya tenían los manuales. Era un encuentro para en análisis de los fenómenos que nos planteaba el devenir histórico. Dediqué la clase a recordar frases famosas, como aquella de San Agustín, cuando nos recuerda: ¿Qué son los reinos, sino grandes latrocinios cuando falta la justicia? La de Robespierre ante la Asamblea nacional, temerosa de que se apruebe la abolición de la esclavitud: ¡Antes perezcan las colonias que los principios! O aquella otra del molinero de Postdam, ante los funcionaros reales que le pretenden expoliar el molino en un acto despótico: ¡Aún hay jueces en Berlín! Refiriéndose al amparo del Estado de derecho, gracias a la división de poderes.


- A lo largo de su dilatada carrera de profesor, a buen seguro que ha vivido innumerables situaciones anecdóticas con sus alumnos ¿cuál de ellas recuerda con especial cariño?


Muy especial fue el momento, en la calle, en que me para un exalumno. Le pregunté qué nota le había puesto. Me contestó que un suspenso. ¿Y aún me saludas? Le repliqué. Sí. Cuando vi que suspendía la asignatura que más me gustaba, comprendí que el Derecho no era lo mío. Abandoné la carrera. Yo inquieto, le repliqué de inmediato: ¿Y ahora qué haces? Pues mire, toco la flauta. Marché a estudiar al Conservatorio del Liceo, en Barcelona, y soy feliz haciendo lo que me gusta. ¿Comprende por qué he querido saludarle? Lo comprendí a la perfección. Es triste que las grandes decisiones tengamos que tomarlas desde la inmadurez.


- ¿Y con sus colegas de la U.I.B. hay alguna digna de destacar?


Con los colegas por lo general la comunicación suele ser escasa.


- Sus múltiples honores en varias Academias, más sus investigaciones plasmadas en tantas obras y artículos. Y siempre teniendo en cuenta que el día sólo tiene 24 horas de las que al menos 7 de ellas las usamos para dormir, y entre 8 y 9 las dedicamos a nuestros quehaceres laborales ¿Qué tal se tomaba su familia que estuviera tan ocupado? porque la investigación seria requiere tantas horas como las dedicadas al trabajo corriente.


Es evidente que toda profesión quita horas de vida familiar, más aún si la profesión te gusta. Hay que luchar contra la llamada profesionalitis, una enfermedad como otra cualquiera y que puede hacer mucho daño. Alguna vez caí en esta tela de araña, pero he sido perdonado, o al menos eso parece.


 - Su labor de convencer a los políticos del momento para que accedieran a la creación de una Universidad balear ¿cómo fue, fue fácil, tuvo que llamar a muchas puertas?


Era a principios de los años setenta. Yo accedí a Secretario General del Patronato promotor de la Universidad, conseguimos dinero de múltiples entidades y actuamos de forma adecuada ante Madrid y las universidades catalanas. En seis años de acción constante, en 1978, conseguimos la Universidad para las Islas, primero Ciencias, después Filosofía, Derecho, siempre con tiento, actuando sobre seguro.


- De todos es sabido que hay personas que al jubilarse entran en una monumental depresión al echar de menos el ajetreo del trabajo diario. Su pase a la situación de jubilado ¿le ha sido duro, ha echado de menos el ir todos los días a su aula?


Desde que me jubilé me he dedicado especialmente a mis nietos y especialmente a escribir e investigar. Nueve nietos dan para mucho, y el tiempo transcurre muy deprisa. Respecto al escribir, he continuado con mis tareas periodísticas y sacando varios libros que sólo tenía en la cabeza, como la “Historia de la Universidad en Mallorca”; “Un triángulo masónico” referido a tres interesantes personajes de la Mallorca del siglo XVII; mis memorias tituladas “De los pasados días”, y también a dirigir la Real Academia mallorquina de Estudios Históricos. Algo muy grato y enriquecedor.


- Su espíritu inquieto, investigador, estudioso, le ha llevado a publicar en noviembre de 2016 una obra titulada “Ser de los nuestros”. ¿A qué se refiere con ese título?


Los “nuestros” son los mallorquines, menorquines e ibicencos; gentes muy peculiares, bien por el hecho insular, bien por la serie de invasiones que a lo largo de siglos y diferentes culturas nos han conformado. El libro propone un ensayo sobre nuestra psicología colectiva balear a partir de su historia. Hoy en día el tema interesa mucho, de ahí sus cinco ediciones en solo seis meses. Nos conformamos en base a lo que podemos llamar una cultura de encuentros. Somos mediterráneos, hijos de cretenses, romanos, vándalos, bereberes, catalanes, italianos, occitanos y un largo etcétera. Las especiales circunstancias de hoy nos dejan bajo la presión catalanista -la política impone sus reglas- pero somos mucho más. Por esto planteo la alternativa: quienes sigan pretendiendo sentirse sólo catalanes, que continúen. Libres son. Allá ellos. Pero cuantos queremos ser hijos de un pasado mucho más variado, con herencias culturales múltiples, también tenemos derecho a conocerlas y proclamarlas. Y hay que hacerlo en libertad y sin complejos. Esto pretende el libro: reflexionar en libertad sobre lo que somos.


- Ya para terminar, don Román, después de todo su bagaje ¿qué cree que le queda por hacer?


Tengo un libro in mente. Estando en California, en la Universidad de Berkeley, traté de la interesante historia de los catalanes y mallorquines como fundadores de aquel Estado a finales del XVIII. De ahí mi libro al respecto, publicado ya hace veinte años. Poco después, en México, me hice con el diario de la expedición a Texas de 1691, escrito por el mallorquín fray Damián Massanet, que con otros misioneros mallorquines acudió al envite, describiendo todos los avatares de la expedición. Algo ya he escrito sobre ello, pero querría dejar un libro. Ya veremos. En todo caso hay que tener la mente activa. Es la mejor terapia en cualquier momento, pero sobre todo para afrontar la ancianidad.


Muchas gracias don Román por su amabilidad y tiempo. Ha sido un placer.






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Autor: Mikel Garau y Rosselló

Delegado de Prensa. de la H.N.M.E. en Baleares.





















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