martes, 17 de septiembre de 2019, 16:18
Elmonarquico2015
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Reinado de Juan Carlos I. Tiempo de valores y prosperidad

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El día 20 de noviembre de 1975 se iniciaba una nueva etapa en la Historia de España. Una etapa en la que se daba carpetazo a una Dictadura que nació como consecuencia de una guerra civil, conflicto bélico que se prolongó durante tres largos años (1936-1939).


Aquel 20 de noviembre de 1975, y después de 36 años en el poder, fallecía en Madrid el general Francisco Franco, jefe del Estado español (1939-1975).


Tras la muerte del dictador, en nuestro país surgieron momentos de incertidumbre, de inseguridades. Pero al mismo tiempo se abría una ventana a la esperanza, a la ilusión por el futuro. Estaba todo por hacer… “A España no la iba a conocer ni la madre que la parió” que diría unos años más tarde Alfonso Guerra, vicepresidente del Gobierno durante los años 1982-1991.


En definitiva, se iniciaba un camino con rumbo hacia la democracia. Y ese camino se iniciaba de la mano de Juan Carlos I, proclamado Rey de España en la Cortes Generales el día 22 de noviembre de 1975.


Han sido muchos los que han querido ver en la figura del Rey Juan Carlos el legítimo “sucesor” del General Franco. Yo discrepo de ese término; y discrepo porque no fue un sucesor de un dictador; fue un restaurador de las libertades, que es muy distinto. Y como tal, tras su proclamación, fue convocando a vencedores y vencidos de aquella guerra civil que nunca debió haberse producido entre dos bandos hermanos, y que en esa época de 1975, todavía se resistían al olvido. Consiguió hacer de todos ellos uno solo, restaurando el sistema democrático que nunca debió ser quebrantado. Se propuso llegar al tan célebre consenso de concordia nacional. Y al timón de este barco que es nuestro país, puso rumbo a la igualdad, al bienestar y a la justicia a través de una transición que resultó modélica.


Esta transición de la dictadura a la democracia la lideró junto a Adolfo Suárez, un político que, aunque formado en la escuela franquista, era de talante reformista, con la firme convicción de que la soberanía residía en el pueblo. Y con esta idea dio paso al Proyecto de Ley para la Reforma Política, por la que se constituiría un sistema bicameral (Congreso de los Diputados y Senado) cuyos miembros serían elegidos mediante sufragio universal. El 14 de noviembre de 1976 se aprobaba esa Ley para la Reforma Política, sometiéndola a referéndum popular el 15 de diciembre del mismo año, que ganó el SÍ con el 94,2% de los votos.


Fueron tiempos muy difíciles. Ambos, Juan Carlos I y Adolfo Suárez, apostaron mucho y muy fuerte por un país sumido en una fuerte crisis política, social y económica. Lo que llevó a firmar los famosos Pactos de la Moncloa el 27 de octubre de 1977. Pactos por los que las distintas fuerzas políticas llegaban a acuerdos en materia económica, jurídica y política. 


A la crisis política, social y económica, hubo que añadir el problema de la crisis territorial. Cataluña y el País Vasco reclamaban con ímpetu sus respectivos Estatutos de Autonomía.


Así las cosas, se hizo prácticamente imprescindible la elaboración de una norma fundamental que englobara todos los derechos y libertades de todos los ciudadanos. Y fue el 31 de octubre de 1978 cuando se aprobaba en Cortes esa norma fundamental, quedando refrendada por el pueblo español el 6 de diciembre de ese mismo año con el 88% de los votos.


Acababa de nacer la Constitución Española de 1978.


Aquella apuesta que Juan Carlos I y Adolfo Suárez hicieron por este país que es España, la ganaron. Y por muchos tiempos que vengan, y por muchos vientos que soplen, no debemos consentir que se nos olvide aquella etapa histórica en la que políticos de todos los lados y todos los colores nos encaminaron hacia la libertad que hoy disfrutamos.


Cuando se creía que ya todo estaba atado y bien atado, un 23 de febrero del año 1981, durante el debate de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo tras la dimisión de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno, sorprende un golpe de estado en el Congreso de los Diputados.


Y como no podía ser de otra manera, allí apareció a través de las pantallas de televisión en todos los hogares españoles el patrón del barco, vestido con el uniforme de capitán general del Ejército, defendiendo ante la población el sistema democrático que tanto había costado reconstruir, y que bajo ningún concepto iba a tolerar aquel despropósito. Y así fue. El golpe de estado del 23F fue un rotundo fracaso.


Han sido muchas las voces de historiadores, pero sobre todo de periodistas, que han intentado demostrar la poca veracidad de esta parte de la Historia, llegando incluso a afirmar que el propio Rey era conocedor de este suceso.


Yo prefiero, porque nuestro país y nuestras gentes se lo merecen, dar una visión de la Historia con los mejores ojos, con los ojos de la credibilidad y con los ojos del agradecimiento.


Pero continuando con la transición española que supuso el paso de una Dictadura a una Democracia, fue en 1982, con el triunfo en las elecciones generales del Partido Socialista Obrero Español de Felipe González, cuando se consideró que el proceso transicional había finalizado.


Durante los casi 14 años de Gobierno de Felipe González (1982-1996), se produjo la gran modernización de la sociedad española. Fueron muchos los derechos sociales y laborales conseguidos durante el mandato socialista, así como grandes avances en educación y sanidad; en definitiva, se estableció en España el Estado del Bienestar. Y lo que quizá es más importante, se consolidó definitivamente el sistema democrático en nuestro país.


En cuanto a la política exterior, quizá los dos hechos más importantes y relevantes con Felipe González a la cabeza fueron, por una parte, el ingreso de España en la Comunidad Económica Europea el 1 de enero de 1986 previo Tratado de Adhesión firmado el 12 de junio de 1985 en el Palacio Real de Madrid.


Y por otro, la convocatoria de referéndum para la permanencia de España en la Organización de Tratados del Atlántico Norte (OTAN). España había ingresado en esta Organización durante el mandato de Leopoldo Calvo Sotelo, y el Partido Socialista en desacuerdo en aquel momento, prometió que si se hacían con el poder convocaría al pueblo español para una consulta. La consulta se celebró el 12 de marzo de 1986, ganando el SÍ. Años después, Felipe González confesaría el gran error que cometió convocando el referéndum y dejando semejante responsabilidad en manos de los ciudadanos, cuando ésta era exclusivamente suya.


La política económica cogió un gran auge expansivo hacia 1985 que se extendería hasta 1993. Pero este auge económico tuvo un aspecto negativo, y fue que, durante esta época, se produjo el nacimiento de lo que se llamó la “cultura del pelotazo”; esto era, el enriquecimiento ilegal de personas del mundo empresarial, financiero y político. Estos enriquecimientos tramposos y corruptos, junto con la nueva crisis económica de 1993, y el terrorismo de ETA que no cesaba, supusieron el declive del Partido Socialista en el poder.


Tras casi 14 años de Gobierno de Felipe González, el 3 de marzo de 1996 el Partido Popular de Jose María Aznar se alzaba con el triunfo en las elecciones generales.


El período de José María Aznar (1996-2004) se basó principalmente en la política económica, concretamente en la privatización de empresas públicas y en el control del gasto público, intentando por todos los medios la consecución del déficit cero.


AznarEl objetivo básico de esta política económica era el cumplimiento de todos los requisitos impuestos por la Unión Europea para el ingreso de España en la Unión Monetaria con el consecuente acceso a la moneda única europea, el Euro, que se logró definitivamente el 1 de enero de 2002.


Fue una época la de José María Aznar de gran crecimiento económico sin ninguna duda, pero una época en la que se iba desatando y destapando una burbuja inmobiliaria que el tiempo se encargó de recordar y ratificar que tal crecimiento fue más ficticio que real.


Existe un libro, el cual yo recomiendo su lectura, en el que el autor explica con soberana claridad la creación y posterior ruptura de la burbuja inmobiliaria, corroborando que efectivamente el crecimiento económico dejó mucho que desear. 


Asimismo, detalla magníficamente las consecuencias de la entrada de España en la zona euro, que posiblemente no fueron tan idílicas como nos contaron. Se trata del libro “La Falsa Bonanza” del economista y exministro de Industria, Turismo y Comercio Miguel Sebastián (2008-2011), hoy profesor de Economía en la Universidad Complutense de Madrid; y que, repito, invito a su lectura porque facilita la aclaración de muchos de los acontecimientos económicos de la época. 


Pero no fue la política económica; fue la política exterior la que se llevó por delante el liderazgo de José María Aznar, y con él a su Gobierno.


Se posicionó a favor y se embarcó en una guerra contra Irak, posición que sostuvo frente a la opinión popular, y los ciudadanos se lo hicieron pagar en las urnas justo tres días después de que se produjera en Madrid el mayor atentado terrorista que jamás ha ocurrido en España. Fue el 11 de marzo de 2004 cuando el terrorismo islámico atentó contra los trenes de cercanías en Madrid en la hora punta, a la hora en que trabajadores y estudiantes se desplazaban a sus centros de trabajo y estudios, causando doscientos muertos.


Los ciudadanos, en multitudinarias manifestaciones, se preguntaron ¿por qué? Pero nadie les pudo, ni les supo, ni les quiso responder.


La reacción del pueblo español a tal silencio se produjoel 14 de marzo de 2004, día en que convertían a José Luis Rodríguez Zapatero en el quinto presidente del Gobierno que tuvo lugar durante el reinado de Juan Carlos I, desde que comenzara la ya consolidada transición democrática por aquel año 1976.


Después de los años y de los Gobiernos surgidos por voluntad popular desde el inicio del sistema democrático, Juan Carlos I de España seguía siendo el mejor embajador internacional de este país. Nación por nación, continente por continente, fue abriendo puertas a España hacia el exterior. Y el Estado español se convirtió en un país respetado y querido. Iba haciendo camino al andar que diría Antonio Machado, conviviendo con Gobiernos de un lado y de otro, pero todos democráticos; ahí está la auténtica esencia del esfuerzo realizado por todos los políticos de aquellos años post dictatoriales. 


Juan Carlos I ejecutó a la perfección el papel que le otorgó la Constitución Española en materia de moderación y representación.


Volviendo al presidente José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011), fueron dos legislaturas las que presidió, pero dos legislaturas muy distintas, muy desiguales. Nunca se vio tan claramente el significado del auge y el declive.


Antes que nada, porque lo prometido era deuda, ordenó la retirada de las tropas españolas instaladas en Irak, tropas enviadas a aquella guerra que le costó el mandato al Partido Popular de José María Aznar. Fue una promesa que hizo durante la campaña electoral a los ciudadanos, y, aun estando en desacuerdo Europa y Estados Unidos con la orden dada a su ministro de Defensa, él la cumplió a rajatabla.


Siguiendo con las dos legislaturas que le tocaría gobernar, la primera se destacó por el avance que se produjo en las políticas sociales: se aprobaron leyes como la que reconoce el matrimonio homosexual; la de igualdad entre mujeres y hombres; la de memoria histórica; presentó ante la ONU la Alianza de Civilizaciones en contraposición a la guerra contra el terrorismo… Puso a España en la vanguardia de lo social, y lo englobó como enseñanzas básicas en una nueva asignatura escolar no exenta de polémica: Educación para la Ciudadanía.


La segunda legislatura ya fue otra cosa. Estalló la burbuja inmobiliaria, se disparó el déficit público, creció la deuda… en definitiva, se le atravesó una enorme crisis económica que se le llevó por delante. Crisis económica ante la que Zapatero no supo reaccionar a tiempo; o no pudo, y me explico: Llega un momento en el que el único objetivo de la oposición es “echar” a Zapatero como sea, y en ese “como sea” cabe el desprestigio, el descrédito y sobre todo la falta de ayuda. 


Efectivamente José Luis Rodríguez Zapatero tuvo que haber gestionado mejor la crisis económica que se vino encima, pero también es verdad que estuvo solo, no sé si bien o mal aconsejado, o si él se dejaba aconsejar, que también cabe esa posibilidad, pero, en cualquier caso, solo.


En medio de ese escenario, el 9 de mayo de 2010 el Consejo Europeo tomó la decisión de “apretar las tuercas” a España, decisión por la que dos días después, el 12 de mayo de 2010, José Luis Rodríguez Zapatero presentó en el Congreso de los Diputados unas medidas muy duras de ajustes.


Incluso fue necesaria una controvertida reforma constitucional, la del artículo 135 de la norma fundamental, redactada con el fin de frenar el gasto público, ateniéndose todas las administraciones públicas al principio de estabilidad presupuestaria.


Nadie se lo perdonó. Todo el mundo vio una traición por su parte al ciudadano que confió en él. Nadie vio ni entendió que había impedido un rescate europeo que hubiera sido nefasto para nuestro país. No olvidemos el caso de Grecia. Pero nadie lo vio así. Y a partir de la aprobación de esas medidas austeras, comenzó el declive del presidente Zapatero.


Los últimos meses de su mandato me recordaron aquellos otros últimos meses de Adolfo Suárez. Tan educado, tan elegante, tan correcto…, tan destruido.


Pero la Historia es sabia y se encargó de poner en su lugar a Adolfo Suárez. También lo hará con José Luis Rodríguez Zapatero. Y lo hará porque existe un gran dato que ningún historiador podrá nunca pasar por alto: la banda terrorista ETA, tras más de 40 años de secuestros y asesinatos, acordaba el alto el fuego permanente durante la presidencia de Rodríguez Zapatero, dando por finalizada aquella pesadilla que sufrió nuestro país y que dejó tantas víctimas en el camino, víctimas que seguirán por siempre caminando junto a todos nosotros en el recuerdo.


El 20 de noviembre de 2011 el Partido Socialista Obrero Español perdía las elecciones generales por una mayoría aplastante del Partido Popular tras llevar a cabo una durísima oposición.


Llegaba al Gobierno Mariano Rajoy (2011-), quien más tarde se daría cuenta que las cosas no eran tan fáciles. Era muy poco el tiempo que llevaba Rajoy en el poder cuando España entera se dio cuenta que la crisis económica no se iba a ir tan fácil y tan deprisa como les habían prometido. Este fue el gran error cometido por el presidente Rajoy durante la campaña electoral, prometer lo que sabía a ciencia cierta que no se podía cumplir.


Pero no seré yo quien haga ningún reproche a la gestión política de Mariano Rajoy. Le ha tocado una etapa difícil, una época de recomposición económica del país, eso sí, a base de recortes presupuestarios que han ido minando aquel Estado del Bienestar que un día se consiguió.


Igualmente se tendrá que enfrentar, a un posible intento de secesión de Cataluña, que todos esperamos que se quede en eso, en un intento.


Con lo que sí cuenta Mariano Rajoy, es con un hecho único por el que aparecerá en los libros de Historia. Fue el presidente del Gobierno que refrendó la abdicación y finalización del reinado de Juan Carlos I; y refrendó el inicio del reinado de Felipe VI.


Sí; con las dificultades económicas, sociales y políticas llegó el ocaso del reinado de Juan Carlos I de España. Los últimos tiempos fueron muchas las voces que se alzaron en contra de él por los errores cometidos; errores suyos y de su familia. Envuelto en este marco, tomó una decisión que previamente había comentado y consultado con su presidente y sus expresidentes de Gobierno.


El 2 de junio de 2014 Juan Carlos I de España anunciaba su abdicación en favor de su hijo Felipe, que reinaría con el nombre de Felipe VI. Y el 18 de junio de ese mismo año firmaba la Ley definitiva que ponía fin a los 39 años que estuvo en el trono de este país. Los 39 años de la mejor y más próspera etapa vivida en España. Los 39 años de libertades y de bienestar. Los 39 años en los que España tocó el cielo con las manos.


Un día no demasiado lejano, los libros de Historia reflejarán que con el Rey Juan Carlos I llegó a España nuevamente la democracia. Y seguramente dirán que, aunque se restauró en 1975, comenzó un día de un año mucho más atrás, en 1948, cuando en una estación de tren de la ciudad de Estoril en Portugal, subía a bordo un niño de diez años. Ese niño de diez años, sin él saberlo entonces, la traía debajo del brazo.



Corría el día 19 de junio de 2014 cuando se iniciaba otra nueva etapa en la Historia de España. Esta vez, de la mano de Felipe VI…





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Autora:  María del Sagrario Gómez Sánchez

Jefe de Sección de Recursos Humanos de la Administración General del Estado.

























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