jueves, 18 de julio de 2019, 19:27
Elmonarquico2015
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Nacionalismo catalán, una gran farsa (II): Del nombre de Cataluña

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MikelGarauRossell

Como dijimos en el capítulo anterior, los nacionalistas, en su mayoría burgueses, a principios del siglo XX se pusieron manos a la obra en desarrollar las directrices de Prat de la Riba, pero se hallaron que no había documentación que avalara la existencia de un antiguo estado catalán para reclamar su revitalización. Pero ni cortos ni perezosos, al tener a su servicio a la mayoría de editoriales de España, se pusieron a inventarse una antigua historia de la “nación” catalana, y así se pusieron editar historias románticas a las que el poder político dio alas, en las que se daba a Cataluña una antigüedad de más de mil años con frases como: “…hacia el año 1000 había en el territorio de la Cataluña Vieja…”. Cuando lo cierto es que ni en el año 1000 ni mucho menos en los anteriores, aparece la palabra Cataluña en ningún documento. Sí aparece en documentos franceses y españoles que en el 800 de nuestra era Carlo Magno creó la Marca Hispánica o frontera valiéndose de la barrera natural que forman los Pirineos, desde el golfo de Vizcaya hasta el cabo de Rosses. A lo largo de este vasto territorio fue creando condados poniendo al frente de ellos a sus gentes con el título de Conde (palabra germánica que significa Gobernador), naciendo así los condados de Rossellón, Cerdaña, Ampurias, Urgel, Ribagorza, Aragón, Gascuña, Bearn, Pallars, etc., etc. No pareciendo por ningún lado el nombre de Cataluña.


Historiadores como los Doctores Balari y Jovany (Orígenes de Cataluña), dicen que el nombre de Cataluña procede de una metátesis de la denominación de Gotholandia (tierra de godos) ateniéndose a que el último reducto godo que quedó después de la invasión de Hispania por los visigodos, fue la zona que hoy conocemos como Cataluña, Cerdaña y Rossellón. Se basan ellos además en que los “Ussatges de Barcelona” que con el tiempo se redenominaron de Cataluña, en su prólogo pone que estos “Ussatges” son la compilación de sus antiguas leyes godas.


Pero el gran filólogo catalán don Juan Coromines y Vigneaux, Catedrático de la Universidad de Barcelona (1930), de la Universidad de Cuyo – Argentina (1939) y de la de Chicago (1948), miembro del “Institut d’Estudis Catalans”, autor del “Diccionari etimològic y complementari de la llengua catalana” (1980) y de “El que s’ha de saber de la llengua catalana” (1954), nos hace saber que: “…en realidad hemos de reconocer que el origen de “catalán” es aún un enigma. Si queremos hallar una etimología, ya que no medianamente segura, al menos razonable, tendremos que partir de una observación: un nombre tan tardío como este, es muy difícil que pueda ser tradicional; es más probable que proceda de una iniciativa local o incluso individual: y en creaciones de esta clase, son fáciles lo errores y las alteraciones. Nuestro nombre puede pues haber nacido de una deformación y haberse generalizado fácilmente, porque era útil y respondía a una necesidad vivamente sentida; la realidad de Cataluña era un hecho presente para todos, pero no tenía nombre, pues Marca Hispánica no era un nombre en propiedad… / … el hecho de aparecer primeramente de la pluma de dos italianos, parece sugerir un origen clásico. He aquí como italianos cultos recordaron que aquella parte de España era habitada por los Lacethania (una de las tribus íberas más numerosas que ocupaba la región formada por las actuales comarcas de Cervera, Igualada, Manresa y Vallés), comenzaron a utilizar de nuevo este nombre clásico, tal y como otros nombres clásicos resucitados con éxito más o menos constante y permanente, como: Aquitania, Bélgica, Lucania, Baskonia, etc. Nuestro nombre circularía primero en algunos escritos como Lacethania, pero después lo encontramos escrito con las metátesis de Cathelania… / … y justamente la primera mención que se hace del nombre de Cathalonia, es en el “Liber maiolichinus; rerum in majorica pisanorum, ac de eorum triumpho pisis habito, annis salutis MCXIV et MCXV” (Libro Mallorquín; sobre las cosas hechas por los pisanos en Mallorca, y el triunfo de estos celebrado en su patria en los años de gracia 1114 y 1115). En donde su cronista Lorenzo Veronés, Diácono de don Pedro II Arzobispo de Pisa, nombra a un tal “assalitus, vicarius Cathaloniae”. Esta etimología del nombre de Cataluña (sigue Corominas) la sugirió por primera vez y en términos lacónicos, el fonetista alemán Schopf en el año 1919 en su obra “Die konsonantischen Fernvirkingen”, aceptándola sin discusión Grammot y Ronjat… / … para terminar (continúa) me adheriré a la explicación dada ya por otros, del cambio de terminación de la metátesis de Cathelania en Cathalonia, como debido a la influencia de otros nombres de países acabados en –onia.


Concretando, siguiendo al eminente filólogo catalán, la denominación de Cataluña no es tradicional ni antiguo, sino, producto de una metátesis de la palabra Cathelania aparecida por primera vez en 1115.


En la crónica Pisana del saqueo de Mallorca e Ibiza por pisanos, se nombra al Conde de Barcelona Ramón Berengur III como Señor de la Gothia y Señor de los Pirineos.





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Autor: Mikel Garau y Rosselló

Delegado de Prensa en Baleares de la HNME

Historiador y Lingüísta

















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