domingo, 26 de enero de 2020, 14:53
Elmonarquico2015
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Reyes Magos, Hombres Sabios....Feliz Noche de Reyes.

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                  Adoración de los Reyes Mago. Fray Juan Bautista Maíno. Museo Nacional del Prado




Marife de Miguel

Hace mucho tiempo nació un niño en un lugar que, a través de nuestra convulsa historia, ha sido como el ojo del huracán, el cubil del conflicto que ha marcado los destinos no sólo de los países colindantes, sino continentes de los que por aquel entonces ni se presumía su existencia. Su llegada a este planeta, su presencia entre los hombres pretendía precisamente, devolver la paz al alma humana, transformar aquello que la evolución había hecho con los seres humanos para recordarles que su esencia debía guiarles por el camino contrario, el camino del amor, aquel en el que el odio, la rabia, la guerra o el rencor no tienen cabida. Su ejemplo, la humildad de su grandeza, la sencillez de su vida, la claridad de su mensaje y la sabiduría de su palabra han traspasado la frontera de los tiempos, los espacios y más allá de ello aún... Han sobrepasado incluso a los falsos profetas que intencionadamente manipularon y tergiversaron su legado y se asentaron en el trono de oro que Él habría, sin duda, rechazado.


Pero volvamos al bello momento de su llegada al mundo. Según tradición y costumbre el mundo entero celebra el 25 de diciembre tal momento, pero según fuentes históricas no es la verdadera fecha de nacimiento del Salvador, como otras veces ha ocurrido, el cristianismo primitivo aprovechó celebraciones paganas como era el solsticio de invierno para adaptarlas a la nueva religión. No obstante, y sin restar la significación debida a las fechas que rigen nuestras vidas, lo verdaderamente importante es la trascendencia de su ser, de tal magnitud que el momento de su alumbramiento es conocido por unos hombres que se apresuran a acudir a su presencia. En nuestra tradición los conocemos como Reyes Magos, tal como el evangelio de Mateo refiere, aunque su verdadera naturaleza es más que probable que careciera de dichas connotaciones, ni serían reyes, ni serían magos, tal vez ni tan siquiera fuesen tres y sí un número mayor. Lo efectivamente cierto es que se trataría de Hombres Sabios, conocedores de las ciencias de aquel entonces y de los misterios del Conocimiento más auténtico, sabedores del afortunado instante que supondría una inflexión en la espiritualidad del hombre. 


Dice el mencionado evangelio de San Mateo, que los Hombres Sabios llegaron en busca del rey de los judíos siguiendo una estrella, eran ellos profundos conocedores de astronomía y hoy, con nuestros medios y avances tratamos de encontrar explicación a aquel fenómeno que guió a través de los cielos a aquellos ojos, pero sobre todo almas anhelantes, hacia el niño de Luz. Científicos de renombre han tratado, a falta de sobradas referencias escritas, localizar en la historia del firmamento la fuente de aquella estrella, diferentes hipótesis se han vertido, un cometa, una supernova, un meteorito... No existe aún una respuesta para el origen y naturaleza de la luminiscencia que acompañó a los entregados Sabios. El nombre de ese resplandor que como faro les orientaba, les condujo sin pérdida a los pies del enviado de Dios, para postrados ante Él, ofrecerle oro, incienso y mirra. Oro, en un tiempo en el que el precioso metal era digno regalo exclusivo de Reyes, y a Él, Rey de Reyes. Incienso, presente sólo digno de Dioses, de esta forma dejaban claro su consideración de Jesús como un dios. Y mirra, material usado para embalsamar a los muertos, de esta forma reconocían a Jesús como hombre, venido entre nosotros para morir como nosotros y por nosotros.


Quedan pocas horas para que siglos después los Reyes Magos, los Hombres Sabios vengan a visitarnos en la noche mágica del 5 al 6 de enero y nos dejen aquello que pedimos con inocente ilusión, sobre todo los que aún conservamos la chispa del corazón de un niño. Pero, sería bueno recordar y sentir el verdadero mensaje de su llegada, ahora y antaño, la naturaleza de su travesía y la culminación de su encuentro con el niño Dios. Al igual que ellos siguieron una Luz, nosotros somos portadores de la misma Luz tan intensa o más dentro de nuestra alma. Permitir que brille, que se expanda, que nos ilumine despejando la oscuridad que nos rodea es nuestro don y como es tiempo de ilusión y magia, y como los Hombres Sabios antaño complacieron al Señor, seguro que otorgan este anhelado deseo a quien haga su preciada petición desde lo más profundo de su corazón.


Feliz Noche de Reyes.






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Autora: Marifé Miguel García

Licenciada en Derecho

Dama Gran Cruz de la H.N.M.E.




















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