viernes, 19 de julio de 2019, 08:10
Elmonarquico2015
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El Coliseo Balear, la plaza de toros de Palma

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PericoColombs 3 1

Este pasado 21 de julio de 2016, se cumplieron 87 años del paseíllo inicial que inauguró el Coliseo Balear, magno edificio levantado en tiempo récord, situado en el antiguo predio de Son Brull, una zona del ensanche de la ciudad. Extramuros de una Palma perezosa, lánguida y tranquila que se estremecía entre el chirriar de los antiguos tranvías metropolitanos, los microsurcos (discos gramofónicos) de la artista de moda Concha Piquer.


Plazatoros



Corría el año 1928, alegraban por aquel entonces la vida de la ciudad, los estrenos de las nuevas cintas de celuloide en los cines, Lírico, Balear y Progreso, las goleadas de la Real Sociedad Alfonso XIII, precursor del Real Mallorca, las ricas "neules" de los barquilleros, las castañas asadas, los gritos desaforados de horchata fresca, los requiebros de los soldados a las criadas al pasar la avenida de la Rua y ¿cómo no?, las interminables tertulias taurinas sobre la nueva plaza de toros que se iba a construir, en las cafeterías El Suizo, Sa Llonja, Es Pontás, Cas Maonés, Can Maganet.


Aquellas cafeterías donde se reunían para habar de toros en Palma, fueron la antesala de lo que después serían los clubes Belmonte, Quinito, Pericas, El Rincón Taurino o el Grupo Gastronómico Taurino actual, (que preside con diligencia e inteligencia Juan Gayá), la Asociación para El Fomento de la Fiesta (presidida por Rafael Martínez con Miguel Gomis de tesorero) o la Federación Taurina, (de Juan Antonio Álvarez Molondra y Bárbara Pons), últimos reductos señoriales y vestigiales de una afición con tanta solera como la mallorquina.


El modernísimo y pétreo edificio, se levanto ocupando una superficie de un área de 11.000 metros cuadrados. Las obras de construcción empezaron el 21 de agosto de 1928, invirtiéndose en ella 212 días hábiles de trabajo, a manos de 300 operarios, albañiles, carpinteros, cerrajeros, pintores y canteros.


La nueva plaza de referencia para la afición mallorquina, se construyó por iniciativa de D. José Tous Ferrer y bajo dirección del arquitecto D. Gaspar Bennassar Moner, autor de los planos. Las obras fueron confiadas a los constructores Antonio Balaguer y Sebastián Crespí, (siendo el auxiliar don José Valent Barceló), que levantaron un inmueble en una superficie de once mil metros cuadrados, incluyendo un ruedo de 47 metros de diámetro. El aforo del nuevo recinto palmesano se fijaba en 14.313 localidades numeradas de asiento, siendo cubiertos los palcos, gradas y andanadas.


Después de once meses de intensos trabajos llegó el momento de la inauguración, julio del año 1.929, un año que iba a ser pilar fundamental en la tauromaquia isleña.


Fue un año de contrastes, de luces y de sombras. Se inauguró el 21 de julio, el Coliseo Balear con inusual y desconocido postín y relumbrón; se celebraron los acto de VII Centenario de la Reconquista de Mallorca; el novillo “Saltador” del hierro de Lorenzo Rodríguez Ledesma, se cobraba la primera víctima mortal en los ruedos isleños, al cornear con saña en la plaza de toros de Inca el 28 de julio a Ángel Celdrán "Carratala", y en el nuevo coso palmesano hacía el paseíllo, vestido de torero, un joven mallorquín llamado a ser una auténtica figura del toreo: Jaime Pericás Ripoll.



Para la efemérides inaugural la Empresa había confeccionado un atrayente cartel, que hizo, que la preciosa, a la vez que monumental y cómoda bombonera a estrenar, luciera un llenazo hasta la bandera y hasta los topes las capacidades de los tranvías. El caballero en plaza, el cordobés Antonio Cañero fue el único que cortó orejas, dos, ante toros de Leopoldo Abente, mientras que el espigado aragonés Nicanor Villalta, Antonio Márquez, (rubio como la cerveza, que le cantara su esposa) y Félix Rodríguez se estrellaron ante la mansedumbre y pocas facilidades que dieron a los diestros los dos toros de Gabriel González, que remendaban a otros dos que se habían matado en los corrales y los cuatro restantes de Pablo Romero, en lidia ordinaria, siguiendo así el mal fario que había acompañado a la temible y mítica ganadería sevillana en todas las corridas anteriores (y siguientes) lidiadas en la plaza de toros vieja, ubicada en Berenguer de Palou, la Plaza de los Patines, y que ha perseguido siempre en Mallorca las reses, de una de las ganaderías más hermosas de capa, tipo, trapío de la cabaña brava española.


La Plaza de Toros de Palma, el Coliseo Balear, estaba ya inaugurada, dando paso a una nueva y aclamada etapa taurina en Baleares, de la que ahora se han cumplido 87 años.





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Autor: Perico Colombás

Periodista y crítico taurino













 


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