lunes, 11 de diciembre de 2017, 20:03
Elmonarquico2015
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Poetas españoles que no debemos olvidar

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Oscar Solano‘La señal que nos valga’ (1), obra poética de Enrique Molina Campos

por Oscar Solano




Dios, muchas veces, es como un domingo:

un reposo a llenar, una explanada

de ventura debajo de los cielos,

por donde corre trastornado el niño

aquel de siempre y se denuda el tiempo.


Dios, muchas veces, como un agua, pasa

limpiando y dando frío. El hueso queda

indefenso, temblando de misterio,

hecho destino sin notarlo, mientras

toca el silencio el nervio de los miedos.


Dios, siempre, como mano, como piedra

capitular y vena de sustento,

debajo, encima de la vida, al lado

de la vida, no deja una palabra

sin apoyar, un golpe, un mar, un sueño.


Hace poco más de dos décadas, nos dejaba, tras una larga enfermedad, uno de los poetas más interesantes y más olvidados de la que se ha conocido como “Generación de los 50”. Ya sabemos que el hecho de formar parte o no de una “generación poética” depende más de los críticos y de los antólogos que de los propios escritores. Enrique Molina Campos fue uno de los muchos que aquéllos olvidaron incluir en sus no siempre acertadas clasificaciones. Nuestra propuesta de leer su obra, además de un tímido y respetuoso homenaje, quiere ser una invitación a que el lector experimente, como ha dicho el novelista Jaume Cabré, ese estado anímico susceptible de ser definido como el “estado de la experiencia estética, de la verdad artística”.


Enrique Molina Campos nació en Madrid en 1930, pero fue en Málaga donde transcurrió su juventud y realizó sus estudios universitarios. Tras licenciarse en Filología Románica, ejerció de docente en un Instituto de Enseñanza Media. También en la ciudad andaluza, empezó a publicar artículos de crítica literaria mientras consolidaba su “oficio de poeta”. A finales de los años 60, se trasladó a Barcelona donde cursó estudios de Derecho y trabajó en diversas editoriales. En aquella época, formó parte activa en la fundación de prestigiosas revistas como Camp de l’Arpa y Hora de Poesía. De vuelta a Málaga, ganó la cátedra de Biblioteconomía y Documentación, especialidad que ejerció durante los últimos años de su vida profesional. En 1995, la Universidad de Granada editó póstumamente su tratado Teoría de la biblioteconomía.


Como ensayista y crítico, Molina Campos nos dejó una importante obra publicada en las revistas ya mencionadas y en otras como Nueva Estafeta, Cuadernos Hispanoamericanos, Ínsula, etc. Como traductor, son remarcables su versiones al castellano de autores de la talla de Roger Garaudy, Eugenio Montale o Jacques Prévert, entre otros. Por lo que respecta a su obra poética, en 1956 vio la luz En verdad os digo, su primer poemario; en 1959, obtuvo un accésit del premio Adonais con La puerta; Historia natural, ganó el premio Ausias March de 1965; Siete cartas de juventud y una elegía, el premio Rocamador, de 1965; en 1967, publicó Poemas del hilo; en 1974, En medio de todo; y en 1983, Visiones y Lástimas. Su obra poética completa se recogió en una edición de 1990, bajo el título La señal que nos valga, con un prólogo introductorio de Ángel Crespo, amigo y compañero de “generación”. Dos años después de la muerte de Molina Campos, la colección de poesía Maillot Amarillo de la Diputación Provincial de Granada publicó su obra inédita con el título Suite del enamorado y otros poemas.


Sin ánimo de hacer aquí un estudio de su obra poética (no es este, como he dicho antes, el objetivo de este artículo) sí conviene decir que al leerla vamos a ser conscientes de que entraremos en los dominios de la ética. En efecto, Enrique Molina Campos se esfuerza en conocer y comprender con la palabra todos aquellos aspectos de la vida humana que dependen del comportamiento y de la actitud moral que se deriva. Lo dice Ángel Crespo en el prólogo antes mencionado, como también que la de Molina Campos es una “lírica elegíaca anclada en el sentimiento de Dios, algunos de cuyos principales temas son la autobiografía –tanto en el sentido del recuerdo del tiempo perdido como de crónica del acontecer actual- y un sentimiento de solidaridad con la frustración y el sufrimiento humanos en general y con la amistad en particular”.


Sin duda alguna, la lectura de La señal que nos valga nos hace sentir ese estado anímico del que hablaba Cabré. Y es que a través de un discurso nítido, a veces coloquial y muy cercano a todo aquello que nos es cotidiano, el poeta se afana en la búsqueda de la verdad, en la indagación sobre la naturaleza humana y, en conjunto, en una visión del mundo basada en el sentido de la vida.


Hemos iniciado nuestro homenaje a Molina Campos recordando un poema suyo del libro La puerta, y lo acabaremos con este otro, titulado Presente, de su libro En medio de todo:


Ahora me echo a la calle, huelo la paz, converso,

me detengo en el corro del incidente, atisbo

los patios de los pobres y atiendo a sus cuestiones,

tropiezo con un ciego, me asomo a los espejos

de las tiendas y veo bregar, detrás, la vida

general, paso el puente y el paredón del río

donde unos niños triscan y un cartel envejece,

tomo café rodeado de mujeres y hombres,

escucho, miro

las caras una a una, qué podría

suceder, qué podría estar ya sucediendo,

qué va a ser de mi gente, qué memoria la nuestra.




(1) .- (Molina Campos, Enrique:La señal que nos valga. Obra poética completa (1952-1990). Ediciones Antonio Ubago, S.L. Granada, 1990


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Autor: Oscar Solano













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