lunes, 11 de diciembre de 2017, 20:02
Elmonarquico2015
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Reminiscencias del protectorado español en Marruecos (II)

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Miguel y Victoria

                                                    


                               La Marcha Verde 





La bandera española se arrió por última vez en Sidi Ifni el 30 de junio de 1969, han transcurrido desde aquel entonces 57 años, y la localidad sigue hoy en día siendo desacreditada por las autoridades del gobierno marroquí, controlada por los miembros de la policía y por varias agrupaciones militares.


La ciudad está marcada por su pasado colonial, y por su estrecha vinculación con España. Igual control gubernamental sufre la ciudad de Tarfaya, un reposo para el viajero en medio del desierto o en el increíble oasis de El Aioun, ciudad que ahora se ha convertido en la base logística de los cuerpos diplomáticos de Naciones Unidas.


En El Aioun tienen su base principal los miembros de la ONU encargados de controlar la evolución del conflicto del Sahara Occidental, un conflicto territorial que, desde hace años, mantiene en vilo a la comunidad internacional desde 1975 en que se produjo la famosa Marcha Verde promovida por Hassan II, que movilizo al pueblo para ocupar el Sahara Español, por la que Marruecos se hizo con los únicos territorios que seguían bajo bandera española en dicho país.



SIDI IFNI – TARFAYA – EL AIOUN


Siguiendo el litoral atlántico de Marruecos, una vez que se ha sobrepasado las ciudad portuaria y antiguo bastión portugués de Essaouria y la turística Agadir, uno se adentra en el desierto del Sahara, las poblaciones son cada vez más distantes, y los turistas desaparecen paulatinamente de las calles, cuando más al sur, más controles policiales, al llegar a Tan Tan, la carretera de nuevo se acerca al mar.


Esta costa del Atlántico, aprovechada desde antaño por la cantidad y calidad de sus bancos de pesca, cerca de Tan Tan, todavía a muchos kilómetros de Sidi Ifni, se levanta el esqueleto de lo que en su día fuera una floreciente Almadraba, la Almadraba Bou-Irden, gestionada por una compañía luso-española que faenaba en los caladeros canario-saharianos y cuyo desmantelamiento coincidió con la llegada al sector pesquero de los grandes buques frigoríficos, dicha edificación hoy está reducida a escombros de los que únicamente se salvan el pequeño campanario de la capilla y los fosos de descuartizamiento de los grandes atunes.


Parte, o la totalidad de estos restos a día de hoy ya no existen debido al proyecto de construcción de la nueva autopista que está en construcción.


Esta carretera, que une Agadir con El Aioun, es la única vía de conexión entre las ciudades del sur, y era la que utilizaban los convoyes españoles cuando iban a abastecerse de provisiones a mercados más nórdicos del país, sobretodo de fruta y verduras a la medina de Tan Tan, de Agadir u ocasionalmente hasta Essaouria.


Muchos de los conductores de aquellos camiones militares fueron soldados españoles desplazados a Sidi Ifni durante el servicio militar forzoso, o que eligieron dicho destino para enrolarse en el destacamento de automóviles y así poder obtener los permisos de conducir durante el servicio militar, lo que suponía un fuerte ahorro económico para las familias y una buena oportunidad de conseguir un trabajo al volante después de terminada su época de servicio militar.


A la llegada a Sidi Ifni, termina el Marruecos que se enseña en las guías turísticas, es entonces cuando uno tiene la impresión de llegar a la aduana de un nuevo país, los controles policiales de acceso a la ciudad son férreos, algo que es común a partir de ese punto geográfico y que se intensifica cuando más al sur nos desplazamos.


El territorio de Ifni fue ocupado por la Corona de Castilla en 1476 y bautizado Santa Cruz de la Mar Pequeña. Con los nuevos descubrimientos, sobre todo por la conquista de América, África dejó de ser prioritaria e Ifni fue abandonada en 1524 ante los constantes ataques de los beréberes.


Siglos después, en 1860, Marruecos reconoció a España aquel viejo establecimiento español en el territorio de Ifni, reconocimiento firmado entre ambos países a través del tratado de Wad- Ras, pero no estaba claro dónde se encontraba exactamente el territorio histórico y no fue hasta 1934, cuando el coronel Capaz desembarcó en este punto de la costa Atlántica y nació Sidi Ifni, bautizada en honor a un morabito local, cuya traducción aproximada puede ser la de "Señor de la Laguna".


Desde 1934 hasta 1968, Sidi Ifni fue militarizándose progresivamente, emplazandose allí una de las bases militar españolas más grande fuera de las fronteras de nuestro país, solo equiparable a Ceuta y Melilla. En este territorio, durante 1957 se vivió la ultima guerra que enfrentó a España y Marruecos, una guerra silenciada en su época y cuyo combate más sangriento se vivió en el asediado Fuerte de Tiluin, (83 muertos y 53 desaparecidos entre soldados y paracaidistas españoles) que todavía se recuerda en aquella zona, al final las tropas españolas vencieron y se recuperó la estabilidad en el territorio.


La situación se mantuvo 11 años más, quizás los más prósperos, en los que Ifni, con sus 50.000 habitantes, figuró como la provincia española número 51. La bandera española fue arriada de la ciudad el 30 de junio de 1969 y, en su lugar, izada la marroquí. Los militares y la mayor parte de la población civil española volvió a casa y los saharaui enrolados en las tropas hispanas fueron despedidos.


Sidi Ifni



Hoy en día, la población no supera los 8000 habitantes, mientras los edificios que albergaron en su día florecientes negocios, el aeropuerto civil y los acuartelamientos, donde muchos soldados españoles pasaron sus días de servicio militar, están abandonados y se encuentran bajo la jurisdicción militar marroquí, que ejerce una vigilancia constante de dichos emplazamientos, llegando a la prohibición expresa de sacar fotos a los mismos, de la misma manera que la presencia de periodistas extranjeros, y del mismo país, no es bien recibida por las autoridades de la zona.


En contrapartida, cabe destacar por lo que pudimos ver mientras burlábamos la vigilancia de la policía, a pesar de pasar como simples turistas, que la población local mantiene muy viva en la memoria de cuando la ciudad era española, muchos de los vecinos mantienen un grato recuerdo de los tiempos en que la ciudad estaba bajo dominio español. Así mismo, son muchos los que siguen manteniendo la doble nacionalidad, y durante el verano regresan para pasar unos días en la tierra que les vio nacer.


Pio

Entre las calles del centro, junto a los últimos vestigios del protectorado, mientras intentábamos fotografiar el antiguo escudo franquista con el yugo y las flechas que todavía preside la entrada del antiguo edificio de la Pagaduría Española, donde los contratados de los españoles recibían sus sueldos y hasta hace muy poco la cotización que seguían recibiendo como pensión del gobierno español, nos entrevistamos con Ibrahim, “bueno, nadie me conoce por Ibrahim, en cambio si decís Pío muchos en España sabrán quien soy”.


Entre sus recuerdos todavía tiene muy presente el tiempo en que los españoles estaban al frente de la ciudad, su entusiasmo se reflejaba en el rostro, recordaba aquellos soldados y los desembarcos que realizaba la flota a pie de playa, mientras los anfibios transportaban a tierra todo tipo de mercancías y los convoyes las transportaban hasta el cuartel regular que se eleva sobre la loma, al otro lado de la ciudad, “recuerdo a muchos soldados destinados aquí, la gran base militar estaba compuesta por soldados de todas las regiones de España”.


Entre los recuerdos de Pío, todavía siguen muy presentes la bulliciosa vida que reinaba en la plaza, hoy en restauración y motivo de enfrentamiento entre la población civil de Sidi Ifni y el gobierno local, ya que los locales se están intentando salvaguardar la fisonomía tradicional española del lugar, llegando a realizar una manifestación en defensa de la Plaza de España solicitando y consiguiendo que no se derribaran y se conservaran las pérgolas, fuente, bancos y la decoración existente en dicho lugar.


Al parecer y según las últimas informaciones finalmente las reivindicaciones fueron atendidas y únicamente se está cambiando el suelo de la misma.


Pío nos enseño el casco antiguo, la iglesia actualmente despojada de sus elementos religiosos y reconvertida en juzgado, la casa del gobernador, hoy en día vivienda del delegado del gobierno marroquí, o las casas coloniales. Algunas calles todavía mantienen sus nombres españoles, aunque donde realmente se pueden ver los últimos vestigios de la época de la dictadura es en el edificio de la Pagaduría, hoy también motivo de restauración para ser reconvertida en centro cultural.




SidiIfniTras hablar con Pío nos acercamos hasta lo que había sido la base regular española, en lo alto de la loma, aunque pronto fuimos avisados de que debíamos abandonar dicha zona, pudimos comprobar que allí se ha adaptado parte de ese gran cuartel a dependencias del ejército marroquí, aunque en la zona abandonada del mismo todavía se mantiene en pie un antiguo frontón y restos de lo que los españoles dejaron en el momento de su partida, como antiguas cadenas de algún vehículo militar.


El cementerio que se sitúa en la falda de dicha elevación junto al mar ya no alberga ningún fallecido español, ya que todos fueron trasladados al panteón 18 del cementerio de San Lázaro, en Las Palmas de Gran Canaria.


Uno de los enclaves que dio mas vida a esa ciudad fue la construcción de un aeropuerto civil aprovechando la pista inicial del aeródromo militar, allí vuelos de Iberia llegaban regularmente, después de la perdida de la plaza por los españoles, dicho aeropuerto dejó de operar, a día de hoy la pista de aterrizaje únicamente es visible en parte, cuando conseguimos acceder a dicha zona pudimos ver todavía las marcas de la pista en los restos de asfalto, mientras que la antigua terminal está cerrada y vallada.







FotoantiguaaeropuertoSidiIfni
               Antiguo aeropuerto Sidi Ifni






      EstadoactualpistasaeropuertoSidiIfni
                  Estado actual de las pistas







CuartelregularesAl otro lado del antiguo aeropuerto se levantan las ruinas del cuartel de los regulares y de la legión, que fue ocupado por los españoles hasta 1969, y que fue testigo de muchas de las páginas negras de la década de los 50 en dicho territorio y de las historias de los soldados españoles, muchos de ellos jóvenes que nunca habían salido de su pueblo natal, que allí vivieron experiencias muy duras, algunas de ellas contadas por Pere Perelló Nomdedeu en su libro “ Volar a África”, publicado en 2008 en el que detalla la odisea de varios paracaidistas mallorquines en la guerra del Ifni-Sahara.


   

En dicho cuartel, todavía pueden observarse los barracones y dependencias del mismo, el patio de armas, la plaza militar, la explanada y las zonas comunes

CuartelRegularesSidiIfnipara los soldados. Al poco tiempo de estar allí, intentando fotografiar lo que todavía queda del paso de los españoles en ese  enclave, cuatro policías de paisano nos interceptaron invitándonos con firmeza a abandonar dicha zona y a no tomar ninguna fotografía de allí, aunque ya las habíamos realizado.

 

La historia de represión policial en dicha ciudad está en la memoria de sus habitantes, ya que recientemente en 2002 más de 10.000 miliares marroquíes tomaron al asalto la ciudad debido a las manifestaciones en contra de la política del gobierno de Marruecos causando una gran cantidad de muertos entre la población civil y dicha represión se repitió a menor escala pero también con una veintena de fallecidos en 2008, por lo que en la actualidad la vida social en la ciudad es mínima.


Adentrándonos ya en el desierto sahariano, después de recorrer cientos de kilómetros, llegamos a Tarfaya, (antiguamente Villa Bens en tiempo del protectorado español) es una ciudad unida a España desde los inicios de la aviación, ya que la compañía Aeropostal francesa, que anteriormente había comprado la compañía aeronáutica mallorquina CAMSA, usaba dicho aeródromo, al estar protegido de los ataques bereberes por la presencia militar española.


                                                                    Antiguo aeródromo de Tarfaya


Debido la situación estratégica, y a ser el único emplazamiento seguro en esa zona del desierto, los aviadores franceses, en connivencia con los españoles usaban el antiguo aeródromo de Tarfaya antes de dar el salto hasta la travesía atlántica, y en dicho emplazamiento hoy en día se levanta el Museo Saint-Exupéry, en honor al escritor francés conocido mundialmente por su obra “El Principito”.


Según el promotor y director del museo, Sadat Chaibata, el texto de “El Principito” fue escrito entre los barracones de ese campo de aviación, ya que Antoine de Saint-Exupéry fue uno de los tres pilotos más famosos de las líneas aéreas Latécoère, conviviendo con los militares españoles durante año y medio.


Es famosa en este aeródromo, la presencia en el mismo de Constancia de la Mora i Maura (1906-1950) nieta del mallorquín Antonio Maura i Montaner, el que fuera Presidente del Gobierno durante el reinado de Alfonso XIII. Constancia de la Mora i Maura era la mujer del general de la aviación republicana Ignacio Hidalgo de Cisneros, que estaba destacado en Tarfaya. Constancia de la Mora, en primeras nupcias estuvo casada con Manuel Bolin, cuyo hermano Luís Bolin, que fletó el avión Dragon Rapide, para trasportar a Franco desde las Islas canarias hasta el aeropuerto Sania Ramel de Tetuan para iniciar la contienda civil en 1936.


Hoy en día casi todos los elementos españoles en Tarfaya han desaparecido, reminiscencias en algunas fachadas, la Casa del Mar frente a la costa y parte de lo que han logrado conservar los miembros de la Asociación Amigos de Tarfaya, que gestiona la actividad cultural de la ciudad y también el Museo Sain Exuperi, logrando que se conserven parte de las edificaciones antiguas de la ciudad.


                                                            Antigua Casa del Mar en Tarfaya



A escasos 100 kilómetros de Tarfaya, y tras unos controles de seguridad todavía más exigentes, se halla el último bastión militar español, El Aioun, un oasis en medio del desierto, la ciudad cambia completamente a todo lo visto anteriormente en el Sahara, la limpieza de las plazas, una entrada llena de vida, de verde y los meandros del río hacen que El Aioun sea un sueño.


Rápidamente el visitante nota el porqué, ya que en cada esquina está apostado un vehículo militar, la mayor parte de edificios a la entrada de la ciudad son cuarteles, los hoteles están custodiados, la presencia policial y militar marroquí solo se ve enturbiada por los blancos vehículos de las Naciones Unidas, los convoyes de las UN van y vienen todo el día, los diplomáticos tienen su sede en diversos hoteles, uno de los más importantes el Parador, un establecimiento construido por los españoles y que hoy en día es sede permanente de muchos diplomáticos europeos.


MaraJosMatosyJorgeWagnerconlosautoresdelreportajeLa palabra prensa esta prohibida en ese lugar si uno no quiere tener problemas, a cualquier foto que pueda parecer sospechosa pronto se te solicita que la borres de la tarjeta, como nos advirtieron los historiadores españoles, María José Matos y Jorge Wagner, que se encuentran haciendo un trabajo de campo sobre las pinturas rupestres en el desierto sahariano, “en esta zona del país, siempre hay alguien que te vigila”.


La ciudad de El Aioun difiere mucho de la que se levantaba durante el protectorado español, esta cuidada al detalle, la política propagandística hace que sea un enclave muy importante para el gobierno marroquí, aunque en los restaurantes del puerto las típicas frituras andaluzas de pescado y las parrilladas sean un plato típico, así como también la paella y otros platos españoles.


Diferentes testimonios nos hacen comprender que en aquellos tiempos entre los soldados de reemplazo españoles y los nativos había muy poco trato, prácticamente todo se reducía a transacciones comerciales, ya que los precios eran mucho más bajos que en España, por ejemplo una pastilla de jabón Lux, que usaban prácticamente todos en aquella época, o las hojas para las maquinillas de afeitar, era tres veces más barata si lo compraban allí.


Hoy, la ciudad está viviendo gracias a los integrantes de los distintos cuerpos diplomáticos, encerrada en un mutismo informativo que se extiende por todo el Sahara. En los hoteles, fotos en recuerdo de la marcha verde, en los corazones, recuerdos de un pasado español, y en las calles, un estado policial que coarta la libertad de pasear tranquilamente.





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Autores: Miguel Adrover y Victòria Cànaves

El Monárquico
















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